Hoy nos damos el gusto de conversar con Juan Manuel López, Diputado Nacional de la Coalición Cívica y del Interbloque de Cambiemos. Asesoró diez años a Lilita Carrió en el Congreso de la Nación, período en el que compartió amarguras y alegrías con una de las máximas protagonistas del escenario público nacional. Aseguró que la Ministra Bullrich “confunde su rol institucional de Ministra de Seguridad con su papel de dirigente política”, y le pareció excesiva la presencia de fuerzas policiales en la sesión del jueves pasado en el Congreso. “Hay jueces que son oficialistas y acomodaticios al poder de turno”, confirma. Además, ratifica que Nosiglia y Angelici son dirigentes que atrasan y garantiza que el Presidente Macri está más cerca de Lilita que del Presidente de Boca.

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―La sesión del jueves pasado fue un caos, ¿qué pasó?

―Fue una mezcla de cosas: hubo gente que fue a pudrirla deliberadamente, te dabas cuenta. A algunos les convenía que no hubiera sesión para desautorizar al gobierno y tratar de debilitarlo. Por ejemplo, es lo que intentó hacer Leopoldo Moreau, que es recontra inteligente y vivo, por algo tiene más de cincuenta años en la política. Algunos juegan a la revolución, pero es más una pose para dañar al Gobierno en todo lo que puedan.

―¿Lograron dañarlo?

―Para mí no, me parece que Lilita fue clave; ya que parar la sesión en ese contexto era lo mejor.

―¿Lilita le avisó al Presidente Macri que iba a pedir levantar la sesión?

― No, no había tiempo ahí para avisarle. No tenía sentido, se estaba pudriendo en serio y ahí hay que actuar rápido, estaba feo afuera también. La decisión de levantar la sesión fue tomada por Mario Negri, Monzó y Lilita.

―Lilita dijo que Patricia Bullrich se excedió. Hubo balazos de goma a periodistas y a fotógrafos. ¿Qué pensás?

―Yo estaba muy atento a lo que pasaba adentro, era mi primera sesión. Era obvio que iba a ser difícil de entrada, no podía ni mirar el celular. Pero después, por lo que me fueron contando y por lo que vi cuando me trasladé durante la sesión, era que entre el edificio del Congreso y su anexo había mucha, demasiada fuerza de seguridad. Eso también genera un clima, y después, si hubo excesos lo tienen que investigar.

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―Finalmente, la reforma previsional va a ser tratada el lunes. ¿Los gobernadores van a estar presentes en el Congreso?

―Parece que sí, no sé de qué forma. Quizá antes, en una conferencia o durante la sesión. Pero los gobernadores van a ir, los de Cambiemos y de otros partidos.

―¿La presencia de los gobernadores va a disminuir la tensión dentro del recinto?

―Sí, su presencia va a demostrar lo que siempre fue esto: un acuerdo entre el Presidente y 23 gobernadores de 24 para pensar un nuevo esquema tributario, de movilidad, de poder, de modelo económico. Esa famosa gradualidad de la que tanto se habla entre los periodistas se paga, se paga con deuda. Al mismo tiempo, se critica la toma de deuda  ―y está bien que se critique―, pero es cierto que si no lográbamos esa gradualidad y si no tomábamos deuda estos dos años iba a haber un costo social alto. Hay que empezar a hacer sustentables un montón de cosas, entre ellas la ANSES.

―¿Por qué no se anunció con anterioridad el bono extra para los jubilados? Lilita lo anunció en su discurso y muchos opositores se sorprendieron.

―No sé por qué no se anunció antes. Lilita lo dijo para calmar las aguas, era una sesión muy lamentable, muy violenta. Trabajo hace diez años en el Congreso como asesor y nunca vi algo así. No sé hasta dónde Lilita lo había hablado con el Gobierno; sin embargo, se trataba una ley que no podía volver al Senado porque ya no había tiempo material y, probablemente, allí tampoco había voluntad política para reabrir un debate que ya había pasado por la Cámara Alta; varios gobernadores habían ido y el bono no podía ser una condición para la sanción de la ley. Ella estaba acordada con gobernadores, senadores, muchas otras personas que no  tenían por qué reabrir una discusión que ya estaba cerrada. Lo que faltó fue quórum y  faltaron voluntades, pero ahora se subsanó.

―¿De qué se trata el bono?

―El bono es un beneficio extra para jubilados que cobran hasta diez mil pesos. Está muy bien que lo tengan porque es cierto que había una injusticia entre el empalme de una fórmula y la otra, pero la fórmula es buena, estable, contracíclica, y va a hacer que los jubilados nunca más pierdan contra la inflación. En el último tiempo, perdieron tres años contra la inflación y perdieron feo. Eso no va a pasar más, en el futuro la fórmula es buena.

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―¿Por qué hay tanto maniqueísmo? Hay aspectos positivos que tiene esta ley como el 82 % móvil para los que aportaron y algunos sectores opositores no lo reconocen. Por otro lado, la estatización de las AFJP durante el kirchnerismo fue una buena medida, ¿o no?

―Sí, fue una buena medida. De hecho, es una medida que nosotros sostenemos, no sé si hay tanto maniqueísmo. Puede haber mezquindad, pero nosotros defendemos la estatización de las AFJP y la ley de reparación histórica que se votó el año pasado estableció que debía haber una comisión que reforme el sistema previsional en el futuro, en el plazo de tres años para reformar de forma integral y hacer un sistema público de reparto, solidario, sustentable. La idea del kirchnerismo no estuvo mal. Igualmente el kirchnerismo te tendía una trampa: Tuvo muchas buenas banderas, si bien fueron muy mal aplicadas.

―¿Patricia Bullrich no es una ministra un poco impulsiva? ¿Tiene real conciencia del papel institucional que representa?

―Yo respeto a Patricia Bullrich, la conozco de cuando fue parte de la Coalición Cívica hace diez años. Es una persona que trabaja mucho, que es honesta, que no transa con el delito, y eso es muy valorable. Sí me parece que, a veces, confunde su imagen institucional de Ministra de Seguridad con su papel de dirigente política, de militante política. Tiene que ponerse más en la investidura de Ministra, pero es una persona grande que sabe lo que hace y que evaluará por qué, a veces, comunica más como dirigente política que como Ministra.

―¿Qué le podés decir a los que aseguran que el Gobierno va en contra de los jubilados?

―El sistema de la forma en que está no es sustentable en el corto plazo. La ANSES representa más del 50 % del presupuesto nacional, tiene un déficit muy grande; hace años que no se mantiene con lo que aportamos los trabajadores. No podemos olvidar que hay un 40 % del mercado laboral que es informal, y este Gobierno fue tomando algunas medidas a favor de los jubilados: la reparación histórica, la asignación universal a la vejez ―algo que existe solo en los países más desarrollados que es una cobertura para toda persona que llega a los 65 años con aportes o sin ellos―, el 82 % móvil para los jubilados de la mínima y después una fórmula de actualización que garantiza, en un país que ha tenido crisis económicas en más de una oportunidad, que los jubilados no van a perder con una economía en recesión. Debemos cambiar esa fórmula que indexa con recursos de la ANSES, y cuando esos recursos, a causa de una recesión, bajan, los jubilados pierden. Con la ley que proponemos, si bajan los recursos, los jubilados no van a perder, así que me parece que la reforma de Cambiemos es buena.

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―¿El jubilado nunca va a salir perdiendo?

―Nunca perderá poder adquisitivo, la actualización nunca puede dar negativa, en cualquier país del mundo hay una mínima inflación. En la Argentina, en los últimos años fue muy alta, así que, por lo pronto, y como se actualiza con la inflación de uno o dos trimestres para atrás, siempre se actualizará por arriba de la inflación. Por lo menos, se mantiene el poder adquisitivo de la jubilación y crece.

―¿Qué pensás de los economistas del establishment, más ortodoxos, que le piden al Gobierno  un ajuste mucho mayor, que lo critican por ser gradualista y por llevar a cabo reformas “suaves”?

―Cuando ellos nos critican me hace confirmar que estamos haciendo lo correcto porque son personas que tienen una ideología muy cerrada, muy dogmática, que no pueden ver que detrás de esos números hay seres humanos y que, además, no entienden de cuestiones políticas en el mejor sentido. Para gobernar hay que contener a todo el mundo. Entiendo que los recursos son limitados, que no es bueno tener el déficit que tenemos tantos años seguidos, pero con la receta de ellos no llegamos a ningún lado. Me confirma que estamos en el lado correcto. Nos critican por derecha y por izquierda. A los que nos critican por izquierda les contestaría que queremos un país que no esté todo el tiempo en el corto plazo y que se pueda desarrollar en serio, y a los que nos critican por derecha les digo: en este país, queremos abarcar a todos, no queremos que nadie se quede fuera, incluso en el camino hacia el desarrollo.

―¿Los números cierran con la gente dentro? Como afirmó Máximo Kirchner en un acto en el 2014…

―Los números deben cerrar con la gente dentro, sí, por supuesto.

―Hablando de Máximo, cuando se votó la ley de defensa de la competencia, el hijo de la expresidenta elogió el proyecto de Lilita, ¿qué pasó?

―Tenemos que salir de algunas divisiones, tendría que ser más natural. En la sesión del jueves pasado, Lilita habló en un momento con Juan Cabandié de muy buena manera y eso tiene que ser, de a poco, cada vez más natural. Habló también con Larroque. Y debe ser natural que las personas empiecen a acercarse. Una de las peores cosas del kirchnerismo fue esa: el no poder hablarse, que muchos dejen de saludarte, no solo entre los dirigentes, pasó en la familia, con los amigos.

―¿Te alejaste de amigos a causa de la grieta?

―No, yo no, pero conozco un montón de casos.

―¿Por qué se generó esa imposibilidad de encuentro entre personas que piensan diferente?

―Porque el kirchnerismo para mantenerse en el poder usó el recurso de la división, y ese recurso le funcionó mucho tiempo. Todavía le sigue funcionando porque con esa división falsa tienen un porcentaje de poder importante. Es una estrategia electoral y, en algunos casos, una convicción bastante triste de que hay buenos y malos.

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―¿Hay buenos y malos?

―Sí, pero hay buenos y malos en todas partes, ese es el tema. Hay buenos y malos en todos lados: dentro de las clases sociales, de las posiciones ideológicas, de las profesiones. Esa visión del kirchnerismo es maniquea y perversa.

―¿Hay buenos y malos en Cambiemos?

―Y sí, por supuesto. Tratamos de que ganen los buenos; pero sí, más vale.

―¿Cuándo iniciaste tu carrera política?

―La política me gusta desde chico. Me acuerdo perfectamente de un día en el que estaba con mi mamá, buscando a mi hermana por el jardín y yo iba a primero, segundo grado, y le pregunté quién era el bueno y quién era el malo ―si Alfonsín o Menem― y ese es el primer recuerdo político que tengo. Me acuerdo perfectamente de la elección de 1995, de estar viendo los resultados con mis viejos en mi casa.

―¿Tus papás son radicales?

―No, mis dos papás son peronistas.

―¿Qué recuerdo tenés de la Alianza?

―Recuerdo perfectamente el año 1997 de la Alianza. Me empezó a gustar cada vez más la política y miraba con mucha atención ese proceso. Mis viejos eran antimenemistas y votaron a la Alianza y a mí me entusiasmaba. En esa etapa, también empecé a identificar a Lilita, en los años 1997, 1998. Cuando me vine a vivir a Buenos Aires para estudiar en el 2002  ―antes vivía en Saladillo, Provincia de Buenos Aires―, me empezó a gustar cada vez más la política. Era el pleno proceso de la crisis del 2001, y Lilita me gustaba mucho, me parecía LA dirigente, que decía otra cosa, que interpretaba lo que pasaba. Me gustaban sus análisis, sus posiciones, y en el 2004, recién me animé a acercarme a ella porque fui a ver una charla en la Facultad de Derecho que dio con Jorge Lanata. Inauguraban el Instituto Hannah Arendt, ahí dejé mi mail, me empezaron a mandar mails y recién en el 2006, me acerqué más al Instituto Arendt y después al partido.

 

―Hace pocos días, en el plenario de jóvenes de la Coalición Cívica, Lilita te llamó para que te sentaras a su lado y te llenó de elogios. Al igual que Macri ensalza a Marcos Peña, Quintana y Lopetegui, Lilita lo hace con vos.

―No sé, sí, me elogió, pero trabajo hace mucho con ella. Me tiene confianza, en parte por mi trabajo porque me tocó hacer muchas cosas, denuncias e investigaciones. Lo que más adrenalina me da es cuando se pelea con los tipos más poderosos; me divierte mucho. Y ahora me dio la confianza de ser Diputado Nacional y ayudar a coordinar el trabajo parlamentario de nuestro bloque.

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―¿Tuviste discusiones con Lilita? ¿Expresaste diferencias con ella?

―Diferencias políticas no, porque en general no las he tenido. Sí hubo otro tipo de diferencias, yo tengo otro modo. Diferencias de trabajo, muchas veces, de cómo hacer algo; sí, son discusiones lindas porque te obliga a argumentar, te escucha, pero te obliga a argumentar. Si no argumentás, perdés la discusión. Además, le gusta “pelear” en el trato cotidiano y eso me divierte también, me engancho bastante en esas peleas más tontas.

―¿Cómo va a ser recordada Lilita en la historia argentina?

―Como una persona lúcida, que interpretó el momento histórico que le tocó vivir mejor que nadie. Que supo lo que tenía que hacer, lo hizo y no especuló nunca. Lilita no especula nunca. Eso lo demuestran sus resultados electorales. El otro día leí una infografía en La Nación que me encantó, que mostraba la primera elección de Lilita como convencional constituyente, sus dos elecciones como Diputada Nacional por el Chaco y las cuatro elecciones que tuvo como Diputada Nacional por la ciudad, y las presidenciales, en las que podés encontrar todo tipo de resultados: desde el 56 % al 1,8 %. Podría haber sido Juez de la Corte, Vicepresidente, Ministra, incluso Presidente si hubiese acordado con sectores que te proponen llegar a cualquier costo y nunca pactó y estuvo dispuesta a cualquier resultado electoral y a no tener algunas seguridades que decidieron tener otros políticos. Por ejemplo, cargos vitalicios de jueces.

―¿Kirchner le ofreció ser Ministra de Justicia?

―Sí, creo que fue Alberto Fernández quien le ofreció. Durante el Gobierno de Fernando de la Rúa, el Gobierno de Rodríguez Saá y el Gobierno de Duhalde le ofrecieron cargos. Podría haber sido juez de la Corte o Senadora Nacional en el tramo final de la Alianza.

―¿Duhalde también le ofreció un cargo?

―Sí, durante su Gobierno. Eran momentos en donde ella tuvo mucha legitimidad pública y de mucha inestabilidad política, entonces había que correrla del escenario electoral o político del momento.

―El radicalismo de la capital está encabezado por Angelici y Nosiglia. ¿Qué pensás de esta alianza?

―No me gusta, no me quiero meter en la interna de un partido, pero son dirigentes que atrasan, que tendrían que dar el lugar a otras personas. Nuestro problema con Angelici o Nosiglia no es de ahora, desde que Lilita es radical que no tiene buena relación con el Coty Nosiglia; y en el caso de Angelici, desde que supimos que es empresario del juego. Ese me parece un negocio lamentable y mezclar eso con operaciones judiciales, fútbol y política no está bien, eso es más que conflicto de intereses, nosotros tenemos otra posición. No por él como persona, sino por el desempeño y los lugares que quiere ocupar. Me parece que hay que separarlos y nada más, no me gusta que tenga gran influencia en Cambiemos, pero nosotros damos la lucha interna para que ganen otros sectores.

―¿El Presidente está más cerca de Lilita o de Angelici?

―No tengo dudas de que el Presidente está más cerca de Lilita que de Angelici. Cuando uno ve a quien promueve, a quien termina eligiendo, a personas como María Eugenia Vidal, Marcos Peña, gente joven que va llegando a la política y eso da cuenta de que el Presidente está mucho más cerca de ese tipo de dirigentes, sanos, que quieren otra cosa. Incluso en la alianza con la Coalición Cívica, siempre a la larga o a la corta las diferencias se zanjan y el Presidente elige el mejor camino.

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―Hace pocos días, el radicalismo porteño celebró elecciones internas y el sector más cercano a Cambiemos perdió. ¿Hay falta de construcción política del sector encabezado por Facundo Suárez Lastra?

―Las internas partidarias de ese estilo, de padrón cerrado de partido político también me parecen que no representan lo que quieren las personas que están en los partidos. La gente ya ni siquiera se afilia a los partidos, entonces no creo mucho en ese tipo de internas. No tienen relación con la legitimidad de los dirigentes. Mucho no me preocupa, aparte la ley está superando esas internas. Las PASO están abriendo los partidos y la tendencia electoral es a que la gente participe de otra manera, incluso sin estar afiliada y esas internas de padrón cerrado me parece que no hay que darles mucha bola.

―Contaste que tus papás votaron a la Alianza. ¿Hay peronistas que votan a Cambiemos?

―Sí sí, personas de cultura peronista votan a Cambiemos. Además, Cambiemos tiene la decisión de representar a toda la sociedad, en eso el peronismo se equivocó, hizo un análisis muy errado de creer que Cambiemos quería representar a las clases medias urbanas y nada más, o a las clases medias no peronistas. Cambiemos fue creciendo en el conurbano, en las provincias de tradición de voto peronista porque quiere interpretar a ese electorado y lo está haciendo.

―¿Cambiemos no es antiperonista?

―No, no lo es. El peronismo tiene prácticas que Cambiemos no quiere tener, el peronismo es cortoplacista, corporativo, y por otro lado, tiene virtudes. Tiene inserción social y Cambiemos quiere tener inserción social y la tiene cada vez más.

―Lilita dijo que las prisiones preventivas impuestas a Timerman, D´Elía y Zanini son el resultado de la interna del PJ. ¿Vos qué pensás?

―Coincido con Lilita, creo que son especulaciones, pero no confío en este tipo de jueces federales. En general, no les creo; me parece que son un problema para la Argentina, y fueron prisiones preventivas apuradas, politizadas y parecen una interna del PJ. Jueces que tuvieron militancia política, que fueron funcionarios, que quieren gobernar a través de sus sentencias.

―¿Todas las prisiones preventivas de los últimos meses son por causa del PJ?

―No, no.

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―¿La de Boudou?

―La de Boudou fue un intento de Lijo para lavar su imagen. Unos días antes trascendió en la auditoría que se hizo en Comodoro Py que el juzgado de Lijo era el que más causas cajoneaba. Muchas prescripciones, las típicas maniobras para salvar a los funcionarios o acusados. Él hace eso a los dos días de las audiencias para limpiar su imagen. Lo mismo que hizo Bonadío. Son jueces que son oficialistas y acomodaticios al poder de turno y que cuando ven que ese poder cae empiezan a avanzar en expedientes que estaban paralizados.

―¿Por qué no realizan un juicio sensato con sentencias firmes en los casos que amerite?

―Porque quieren mantener las causas para retener poder, evidentemente. El juego de Comodoro Py es tener expedientes mucho tiempo que te dan un poder de influencias en el proceso político y, por eso, los demoran y se los van quedando. En algunos casos, negocian dinero con los acusados, en otros casos, influyen en el proceso político.

―Sin embargo, Cristina en la conferencia de prensa culpó a Macri del pedido de desafuero de Bonadío.

―Creo que a Cristina le conviene decir eso. Necesita un enemigo y decidió que Cambiemos y Macri lo sean para justificar su mal gobierno y las políticas que fracasaron. Nosotros estamos convencidos de que esto obedece más a una interna del PJ y a jueces que quieren influir en el proceso político, y desde ya que Cambiemos no tiene nada que ver con este tipo de medidas judiciales.

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―¿Un café con Néstor o con Cristina?

―No sé. Tiene que ser con Cristina, porque Néstor se murió.

―¿Y si Néstor estuviera vivo?

―Me tomaría un café con Cristina, aunque no creo que nunca se dé.

¿Qué le preguntarías?

―Si valió la pena pasar por el poder de esa manera. Si no se arrepiente de haber perdido la oportunidad de cambiar un montón de cosas. Critica a la justicia y no hizo nada, lo único que buscó fue querer dominarla. Critica un supuesto modelo social y nos dejó un 30 % de pobres. ¿Vale la pena pensar el poder así? ¿Por qué lo hizo?

―¿Tuviste diálogo con diputados del kirchnerismo como asesor de Lilita?

―He hablado con Juan Cabandié, pero no tengo diálogo fluido con muchos. No por nada, tengo amigos que están en el kirchnerismo, compañeros de diferentes espacios.

―¿Tenés alguna persona con la que tengas mucha confianza para hablar y piense muy distinto a vos? Alguien con el que no te sientas juzgado por pensar diferente.

―Sí, claro. Con los que más converso piensan bastante parecido, son amigos de la vida. Y después participo de un programa de liderazgo para jóvenes políticos donde hay liderazgos de todos los partidos y ahí hablo mucho con compañeros peronistas; con Juan Cruz Valdés me llevo muy bien y hablo con otras personas que no son muy conocidas, también kirchneristas. Charlamos sin prejuicios, con sinceridad, me ayuda, me suma hablar con gente que piensa distinto.

―¿Qué persona destacás de la Argentina? Alguien que te dé orgullo.

―Todos los que trabajan y superan los obstáculos que tiene este país para desarrollarte. Se me viene a la mente Favaloro. La Argentina da oportunidades a las personas que quieren estudiar y trabajar; sin embargo, al mismo tiempo te pone un montón de palos y hay muchas personas que los van superando.

―¿Cómo ves el tratamiento de los medios al gobierno de Macri? ¿Te gusta, te interesa, te parece correcto, te parece malo?

―No tengo la visión de los que dicen que Clarín no los critica o la idea de que los medios no lo critican. Hay mucho periodismo independiente que critica a Cambiemos y al Presidente, que le exige, que investiga. Leo a Carlos Pagni, recién leía a Francisco Olivera, a Hugo Alconada Mon. Son personas que cumplen un papel de periodistas serios que marcan cosas y que, si en algún punto, tienen que ponderar alguna política del Gobierno lo hacen. A mí me parece que es bastante justo el tratamiento periodístico. Hay otros que no, que, a veces, critican con consignas, pero no me parece demasiado grave y en todo caso, uno debe subir la vara, dar mucha información y obligarlo al periodista a investigar más, a trabajar más, a informarse más.

―¿Cómo analizás la salida de Víctor Hugo y de Navarro de C5N? ¿Le hace bien al Gobierno?

―Ni bien ni mal, el Gobierno no hace nada ni para que estén ni para que no estén Víctor Hugo o Navarro. No puedo relacionar la salida de ellos de C5N con el Gobierno. Si me pongo a especular puedo decir que prefiero que estén en televisión porque son tan malos para criticar al gobierno que te terminan ayudando. Tiene que haber la mayor cantidad de voces, pero no puedo opinar sobre esa salida, no tengo una opinión acabada sobre eso.

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―En el mundo, hay un avance de los nacionalismos, del proteccionismo. Quizá Trump es el ejemplo que más sobresale. ¿Cómo ves a la Argentina en este mundo tan complejo?

―Argentina tiene por suerte otra posición, otro tipo de posicionamiento en ese proceso. Acá los nacionalismos existieron muchas veces y los procesos corporativos o autoritarios también. Salimos hace rato, nosotros vivimos un proceso parecido con el kirchnerismo que nos espantó a casi todos. Ya sabemos que no queremos esos nacionalismos vacíos que terminan siendo consignas políticas para que el gobernante de turno se quede en el poder.

―Un concepto interesante el de nacionalismo vacío…

―Es que algunos apelan a sentimientos que todos tenemos y que me gustan. Puedo afirmar que tengo una tendencia nacionalista entre comillas, pero me gusta la integración, la democracia. Es un proceso inexorable al que vamos, tenemos que ver cómo nos adaptamos, pero volver a nacionalismos cerrados y vacíos no nos va a llevar a ningún lado.

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―¿Cristina es democrática?

―No. Cristina fue a elecciones siempre, participa del proceso democrático, pero su conducta es autoritaria, siempre intentó llevar al límite el proceso democrático, siempre llevó al orden constitucional al límite más delicado, pero bueno. Se le ganó por elecciones libres, nunca terminó de funcionarle ese proceso. Creo que hubo una salida interesante de la oposición.

―¿Cambiemos va a reducir la pobreza?

Sí, es uno de los principales objetivos. Ojalá lo logremos en el corto plazo. Para reducir la pobreza tenemos que hacerlo a través del desarrollo económico, y ese proceso lleva tiempo y lleva la decisión de implementar políticas que nunca se implementaron. A eso vamos: a tener un sistema tributario inteligente, a no tener intermediaciones entre Estado y proceso productivo, que no haya distorsiones en el sistema económico y que el crecimiento sea sostenido y sustentable. Hemos tenido muchas épocas de crecimiento rápido y de caídas abruptas. La idea acá es crecer veinte, treinta, cincuenta años, pero de manera sostenida.

―¿No te parece que el Gobierno debería dar más debates e insertarse en más batallas discursivas para ganarlas?

―Puede ser, pero el gobierno tiene demasiadas cosas que hacer, tiene muchos frentes que atacar y no se puede todo. A veces, no hay tiempo para dar estos debates. Es muy difícil hacer todo al mismo tiempo y, en la evaluación general, creo que se dan los debates más importantes.

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―¿La Coalición Cívica puede gobernar en algún momento?

―Sí, ¿por qué no? Hoy está empezando a tener una responsabilidad de gobierno a través de participar de un oficialismo y de participar en algunas decisiones. Somos oficialistas a pesar de que seamos los oficialistas más “parlamentarios”, pero también desde el Parlamento se gobierna.

―¿Hay vocación de poder?

―Si, siempre hubo. Lilita usó todo el poder que tuvo y lo sigue usando. Lo que pasa es que no hay vocación de poder para llegar a gobernar porque sí. Cada vez que Carrió fue candidata a Presidente lo fue porque tenía una porción de poder que lo debía ejercer, una porción de legitimidad que la debía ocupar. Cada vez que tuvo la posibilidad de hacer alianzas que pudieran llegar al poder las hizo porque hay vocación de poder y de cambio.

―¿Cuál es tu mayor lección después de tantos años al lado de Lilita?

―Que hay que tener paciencia, que no hay que especular y que eso te da una satisfacción mucho más grande que apurarte o involucrarte en la interna chiquita a la que, muchas veces, te invita la política.

―Muchas gracias, Juan.

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Nota: Ramiro Gamboa / Sendero Elegante
Revisión: Liliana Velasco / Sendero Elegante
Fotografía: Micaela Arslanian / Sendero Elegante