Reynaldo Sietecase, periodista, escritor, poeta, —entre otras cosas— recibió a Sendero Elegante en su departamento ubicado en la zona del Abasto, barrio porteño por antonomasia. Delante de una biblioteca suntuosa, tomamos unos mates y charlamos sobre su última novela No pidas nada, sobre la conexión que tiene el protagonista, Lucas Gentili, con el propio escritor y con la vertiginosa realidad política de nuestro país. ¿Qué piensa sobre el oficio del periodismo? ¿Qué se siente navegar, a la vez, en los lagos de la literatura? ¿Quién es Mauricio Macri? «Es más fácil que el Gobierno de Cambiemos logre pobreza cero antes que conseguir unir a los argentinos», asegura Rey, con ese gen anarquista insoslayable.

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—Lucas Gentili, el protagonista del libro, habla sobre una etapa de romance profesional al inicio de su carrera como periodista. ¿Vos continuás en esa etapa?

—No, yo estoy con mucho desencanto de esta profesión, es más, creo que le transmití ese desencanto al personaje de la novela. Primero, porque él también es un tipo desencantado; después, se vuelve a enganchar en una investigación. Muchos me preguntan si el protagonista de la novela soy yo, y les digo que no, porque no actuaría como actúa él en la mayoría de los momentos de la historia. Pero sí carga con mi mirada del mundo, del periodismo y tiene cierto desencanto, el mismo que siento en relación con una manera de laburar que estaba muy cerca de los hechos. Si bien siempre tuvo una lógica interpretativa, de pronto, quedó desvaluada. Vengo diciendo hace bastante tiempo que la verdad dejó de ser importante en la Argentina. Ya es más importante afectar al otro o menoscabar a alguien con lo que publicás que el hecho de que tu información esté chequeada, bien trabajada; y bueno, creo que ese proceso de desencanto que tengo se lo pasé al tano. No soy yo, pero mira muy parecido.

—En una parte de la novela, el tano afirma que el periodista es inútil para casi todo lo que hace excepto para contar historias. ¿Es así?

—Creo que sí, es un juego divertido. Creo que el periodismo es una profesión para inútiles, pero yo siempre hablo así, yo no sirvo para otra cosa. No sé, se me quemó una lámpara hace un mes y me cuesta desenganchar su globo; realmente tengo una inutilidad para casi todo. A pesar de que trabajé en muchos lados antes de ser periodista, trabajé en una imprenta, en un banco, en una metalúrgica antes de llegar al periodismo. Pero creo que sí, que hay mucho de incapacidad. Ineficacia que se cubre con la capacidad de poder contar. En mi caso, vengo de los dos mundos, de la literatura y del periodismo, y si hay algo que los une es el contar. Contás hechos reales y tiene que ser lo más cercano posible a lo que pasó y, en cambio, en la literatura, podés narrar lo que quieras, como sea, porque lo único importante es que la historia sea buena, no aburra, entretenga. Son dos parámetros distintos, pero el oficio es el mismo: relatar algo.

—Y ¿cómo se es buen periodista? ¿Contando buenas historias?

—Sí, una de las cuestiones es contar buenas historias. Pienso que la curiosidad es básica, importantísima. Una persona que no sea curiosa no puede ser periodista. Después ser un buen periodista es acercarse a los hechos de la manera más honesta posible. Cuando se discute sobre la subjetividad o la objetividad, lo único objetivo es el hecho, lo que realmente pasó. Hay miradas sobre ese hecho. Sin embargo, el mejor trabajo lo hará el que se acerque más a lo que pasó, el que recoja más testimonios, el que investigue más el caso; eso hace un buen periodista. Y después que lo pueda contar y que lo haga con libertad. La manera más fácil de explicar qué es el periodismo de investigación es cuando alguien logra decir algo que otros quieren ocultar. Periodismo es describir lo que pasa, periodismo de investigación es exponer lo que pasa cuando alguien no quiere hablar de eso que pasa.

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—¿Quién te parece valioso a la hora de entender nuestra realidad? ¿Algún periodista al que recurras para nutrirte y comprender mejor lo que ocurre?

—En la Argentina, pasó algo muy curioso con el periodismo y es que la pelea entre el gobierno anterior y el grupo Clarín impuso una lógica de guerra. Los corresponsales de guerra siempre dicen que la primera víctima es la verdad porque ninguno de los bandos acepta la baja, lo que les pasa. Todos mienten. Mirá lo que nos pasó a nosotros con Las Malvinas: lo primero que se hizo fue mentir. Me parece que esa lógica de guerra que se instaló en este país hizo que la verdad fuera menos importante o no fuera tan importante. Eso creo que afectó mucho los productos periodísticos. Entonces a partir de ahí son más valiosos los que lograron contar sin entrar en esa norma, sin importar de qué lado estaban de la pelea, si es que había dos lados. Tomás Eloy Martínez, en el decálogo ético que escribió hace veinte años, decía que lo único que tiene un periodista es el nombre, y que cada vez que trabaja mal afecta ese nombre que es lo único que tiene. El año pasado, me animé a escribir un decálogo, y fue justo porque se cumplió un aniversario del que había escrito Tomás Eloy Martínez; siempre había sido mi referencia  en el periodismo y en la literatura. Si todos entendiéramos eso quizá se haría un periodismo de mayor calidad. Cada vez que escribimos algo que no es correcto o aceptamos cosas que no lo son afectamos primero nuestro nombre, y como es lo único que poseemos, es algo un tanto suicida. Referencias, qué sé yo, muchas, en colegas: María O’Donnell, Ernesto Tenembaum, Marcelo Zlotogwiazda; mucha gente que con sus diferencias han logrado atravesar estos años con posturas críticas como debe ser el periodismo. El periodismo siempre debe ser libre ante el poder.

—¿Hay libros que te supieron esperar?

—Sí, es algo que digo en la novela, por ejemplo Moby DIck, siempre te esperan. Yo tengo una gran biblioteca acá, una gran biblioteca en Rosario, y debo haber leído un tercio. Siempre tengo la fantasía de que esos libros me esperen, que en algún momento voy a llegar, ahora el tiempo es finito. Ahora estoy en condiciones de decir cuántos libros me quedan, entonces elijo bien el libro que tengo que leer porque no sé cuántos libros me quedarán: 100, 200, 500. Lo empiezo a ver así, entonces tengo que elegir bien lo que voy a leer. Y me parece que sí, que hay algunos libros que te esperan. Yo me topé con Moby Dick mientras estaba escribiendo No Pidas Nada, entonces me gustó ponerle esa referencia. El tano tiene muchas de esas cosas mías, viste que hace muchas referencias literarias. Yo las hago en mi vida, en general. Hay referencias a escritores, homenajes, a algunos personajes les pongo nombres de escritores, apellidos.  Es el bagaje que llevo conmigo y me parece que hace ruido en la novela. Javier Cercas dice una cosa maravillosa sobre la novela, dice que es un género sucio  ―a mí me encanta esa visión―; desde el Quijote para acá, dice Cercas, la novela es un género sucio, admite que le pongas adentro realidad, ficción, invento, lo que quieras, lo único que no admite es aburrir, lo único que no se puede permitir uno en la novela es que el lector se aburra. Todo eso que lleva adentro debe funcionar para entretener.

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—En su novela, el tano Gentili habla de su jefe como una persona muy talentosa, pero de muy mal carácter. ¿Los periodistas talentosos suelen tener mal carácter? Porque hay un mito sobre esta afirmación.

—No, no necesariamente, conozco gente que es muy amable y tiene talento, eso sería un prejuicio. Sí creo que hay un tic: la novela, a veces, usa modelos paradigmáticos, los personajes, en ocasiones, tienen actitudes paradigmáticas, y los jefes de redacción, por los menos los que yo tuve, tenían esa imprenta despótica. Por lo general, los más talentosos tienen esta cosa loca, mesiánica, y ese jefe de redacción que es Fernández Rizzo está conformado por muchos jefes de redacción.

—Yo pensaba en Lanata cuando imaginaba a Fernández Rizzo

—Sí, hay muchos que me dicen que es Lanata.  Fue mi jefe de redacción y tiene algo de Lanata ahí, pero también de otros jefes de redacción, de Guillermo Alfieri, de Fernández Taboada. El primer tipo que vi funcionar así era un tipo de Clarín, mi primera experiencia en una redacción en serio cuando tuve la beca de Clarín; había un tipo que era muy despótico que, a su vez me, enseñó mucho: Fernández Taboada, jefe de sección. Bueno, ese personaje está conformado por todos esos pedacitos. Una especie de Frankenstein al que le vas poniendo cosas de cada uno. Claro que tiene un poco de Lanata, claro que sí.

—¿Cómo hace un periodista para encontrar los interrogantes correctos?

—Es que todo se basa en eso. Siempre le recomiendo a los que recién arrancan la carrera que lean el prólogo de Operación Masacre. Obviamente hay que leer ese libro porque es extraordinario, pero el prólogo de Walsh es la explicación más clara de lo que hay que hacer con esta profesión. Él se entera, casi de manera azarosa, que hay un fusilado que vive, que hay un sobreviviente del fusilamiento de León Suárez de 1976. Y ¿qué hace? Empieza a preguntar: quién es, dónde está y lo busca. En el caso del Tano se pregunta por qué se matan los que se mataron, se hace la pregunta por responder en su investigación periodística que es ficción literaria, aunque parte de un hecho real: ocurrieron tres o cuatro suicidios de militares acusados de lesa humanidad, y cuando leí eso me dije que era una nota periodística espectacular. Después me di cuenta de que un par de ellos se habían matado con ayuda, pero no había más nada que eso; entonces dije: qué lindo esto para una historia, qué lindo para darle una solución literaria.

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—La idea de preguntar que expresás me hace pensar en uno de los programas televisivos de PPT, del año 2012, en el que Jorge Lanata junto a otros periodistas exigían poder preguntar. ¿Ahora se sigue exigiendo que se pueda preguntar? ¿Cómo evaluás la relación entre los medios y el poder político actual?

—Yo recuerdo que tuve una polémica pública por ese tema en los premios Martín Fierro, a mí me parece bien preguntarle al Gobierno. Lo que creo es que también hay que preguntarle al poder económico. Es más, el catecismo de Página 12, en la década de los noventa, era atención porque hay que controlar al poder político, pero no dejemos de controlar al poder económico, porque en la Argentina y en los países subdesarrollados, el poder económico tiene tanto peso como el político. Por eso, está bien preguntarle al poder político, aunque también, y mucho, al económico que determina muchas de las políticas que viven nuestros países. Y eso me lo enseñó Lanata en Página 12, de allí que me atreví a discutirlo, a debatirlo en ese momento. Considero que el periodismo debe controlar al poder en general: al político y al económico. Creo que existe una mirada bastante contemplativa con este Gobierno. Igual hay mucha gente que sigue mirando, investigando, aparecen muchas cosas todo el tiempo. Me parece que no puede taparse el sol con la mano. Lo intentó el Gobierno anterior tratando de que los empresarios afines compraran medios y eso no alcanza. Y creo que este gobierno lo tiene de otra manera, con el aval de grandes medios que han ayudado a que llegue al poder. Pero no se puede tapar el sol con la mano, ni en un caso ni en el otro. Creo que tarde o temprano la verdad se filtra.

—¿Te sentís más cerca de Lanata o de 678?

—De ninguno de los dos, yo hago periodismo a mi manera, creo que lo he demostrado. Algunos cargan a la gente que está trabajando en Radio con Vos que dicen que es Corea del Centro. A mí, al principio no me gustaba, ahora me doy cuenta de que la mayoría de los colegas quieren estar en Corea del centro porque se percibe que Corea del Centro es sinónimo de periodismo. Hubo un 678 que para mí fue un intento torpe ―no me parece mal que haya estado―. Me parece peor que la TV Pública haya estado cooptada solamente por el pensamiento del kirchnerismo, hasta en el fútbol, creo que eso es malo. Vos podés tener un programa que te defienda, lo podría tener este Gobierno, que de hecho no le hace falta, porque tiene muchos 678 en el ámbito privado, ¿para qué lo quiere? El otro día me decía alguien en un tweet muy divertido: el único medio no oficialista es Canal 7, es la televisión pública. Está muy bien el noticiero de la TV Pública, muy bien.

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—¿No está algo fría la pantalla?

—Es difícil calificar, no analizo mucho el laburo de los otros porque lo tendría que seguir atentamente, escucho de a pedazos, escucho más mi radio. Entonces no estoy siguiendo lo que hacen los demás. Ni una cosa ni la otra, uno tiene que hacer periodismo, tratar de ser riguroso, no creo en el periodismo militante, ni de un lado ni del otro. Creo en el militante, Walsh era militante y hacía periodismo. Eso es una cosa. Ahora, si la militancia te lleva a que vos no cuentes cosas porque afectan al Gobierno que es de tu simpatía: no estás haciendo periodismo, es así de simple. Un corrupto es un corrupto, no importa de qué partido sea.

—¿Se puede ser militante y periodista?

—Es que el compromiso ético que tiene un periodista está con la verdad, no con su ideología, ahora vos podés tener ideología. Yo la tengo, soy una persona de izquierda desde que empecé a leer. Ahora, conceptualmente tengo ideas de izquierda, ahora mis ideas no afectan mi laburo periodístico. No es lo mismo respetar los derechos humanos que no respetarlos, no es lo mismo una política pública inclusiva que una que no lo es, no me da lo mismo que el Gobierno controle la matriz energética del Estado que no la controle. Ahora eso me permite halagar la política de memoria, verdad y justicia y cuestionar duramente los negocios que se hicieron con los derechos humanos, con los Shoecklender. Me permite celebrar que se haya estatizado YPF, pero condenar que se le hayan dado, en los primeros años del kirchnerismo, a un grupo privado el manejo de YPF y que hayamos perdido el abastecimiento energético. Mi compromiso es con la verdad. ¿Qué vuelta podés darle a eso? Ninguna, tiene que ver con el compromiso, con la profesión. Por eso digo, si la ideología o tu simpatía con el kirchnerismo, con Macri hace que vos omitas cosas no estás haciendo periodismo. Si vos durante tres años hacías un programa de televisión y solo contás los problemas de un gobierno y solo incomodás a un sector, no estás haciendo periodismo. Recuerdo la época de gloria de DÍA D y nosotros decíamos “somos incómodos para todos, para el Gobierno, para la oposición, incómodos para los auspiciantes, incómodos para los empresarios que nos contratan”. Creo que eso es muy bueno para darte cuenta quién está haciendo buen periodismo, cuando vos notás que le genera incomodidad a todos los factores de poder. Eso es periodismo.

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—¿Radio con vos logra hacer periodismo?

—No lo sé, Radio con vos es algo muy incipiente, que ha logrado una programación más o menos compacta, no porque coincidamos. ¿Eh? De hecho, tenemos miradas bastante diferentes con Ernesto (Tenembaum) y con María (O’Donnell), pero sí tenemos una misma manera para encarar el laburo que es tratando de investigar no importa a quién, de dar la posibilidad de que todos hablen, de que todos puedan expresarse. Si alguien quiere dar el derecho a réplica, tratar de tener siempre todas las voces, en eso hay un laburo más o menos coherente en toda la radio, es una apuesta, es una vuelta al origen de nuestro laburo que creo que es el camino correcto, más allá de que te caiga bien o mal una gestión. Lo que está bien está bien: que se transforme la villa 31 como lo está tratando de hacer Larreta me parece fantástico, me parecería fantástico si lo hiciera Ibarra o si lo hiciera montoto; reformar la policía de la provincia de Buenos Aires me parece fantástico que lo haga María Eugenia Vidal. Hay cosas que tienen que ver con la gestión y cuando están bien están bien, ahora si hay cosas de la gestión que tienen que ver con la corrupción o son regresivas para la gente, y bueno, esas son las que me parecen que están mal desde mi perspectiva. Ahora volvemos a esto, después es imposible que miremos de la misma manera Página 12 que La Nación, lo que sí le tenemos que pedir a ambos es que no tergiversen los hechos, que los lean de acuerdo con su perspectiva.

Lo que se ha roto en la Argentina es eso. Por ejemplo, vamos nosotros dos a ver un partido de fútbol, y el partido termina 1-0 para tu equipo, pero yo cuento que ganó el mío. Yo lo puedo analizar a lo mejor más benignamente porque es mi equipo, pero el resultado es 1-0 y no puede cambiarse. En la Argentina eso se quebró. Si hay una movilización en Plaza de Mayo, dos diarios que tengan ideología contrapuesta no la pueden omitir, bueno, en la Argentina, empezó a omitirse. A vos te puede gustar o no la movilización porque está en contra o a favor de tal o cual Gobierno, pero no la podés omitir, no la podés cambiar porque no podés modificar el hecho. En la Argentina, la pelea que se generó afectó la calidad de los productos y el derecho a la información que tiene la gente.

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—Hablando de hechos, hay algo que está ocurriendo en algunos espectáculos grandes y en canchas de fútbol, en donde muchas personas comienzan a agraviar e insultar al Presidente. ¿Por qué pensás que ocurre?

—Creo que son múltiples factores, está la identificación de Macri con Boca, por eso nace en el fútbol, no solo la combinación de Macri con Boca, sino que casi todas las autoridades del fútbol argentino son todos de Boca y entonces aparece en el fútbol, cada vez que aparece un fallo en tu equipo que cae en contra de tu equipo la gente putea y encontró en Macri la manera más fácil de identificar a Boca, creo que una parte es esa. Después no soy sociólogo, pero también debe haber una parte ahí de malestar económico, quizá, puede haber una combinación de kirchnerismo que se siente muy agredido por el Gobierno. Muy agredido. Creo que es una política muy errónea, yo pensé que con Macri empezaba a bajar el nivel de disputa. Pero lo convencieron a Macri de que esto funcionaba y servía. Como le funcionó a Cristina en su momento, también le sirve a Macri, entonces incentivó eso a pesar de que una de las promesas del Presidente era unir a los argentinos. Me parece que ese es el fracaso más rotundo de los tres objetivos que se trazó: la lucha contra el narcotráfico, pobreza cero y unir a los argentinos, es más fácil que se llegue a pobreza cero que conseguir unir a los argentinos. Y es triste porque sería el más fácil, pero hay un nivel de hostigamiento muy brutal contra el 25 %, el 30 %, el 35 % de gente que creyó en el Gobierno anterior y que no es José López o De Vido, y todo el día le decís chorro, corrupto, es fuerte. Algo de reacción viene por ahí. Y después una reacción frente al poder, creo que la gente también putea a Macri porque lo asocia al poder, Macri es el poder, por primera vez en la Argentina cierra el poder económico con el político, como que es un Gobierno de esa naturaleza con amplio respaldo popular, que lo sigue teniendo, para mí tiene un fuerte respaldo popular el Presidente Macri, y bueno, se dan todos esos factores. Creo que hay muy poco de esfuerzo en la Argentina para tratar de emitir señales un poquito menos agresivas.

—En la última apertura de sesiones ordinarias, Macri no habló de la herencia, no nombró al kirchnerismo. ¿Te pareció que bajó los decibeles?

—Sí, me pareció que bajó un tono de cómo venía. Igual todo contribuye a eso, que Cristina Kirchner no le haya entregado el bastón es un nivel de agresividad enorme, que no haya estado en la Asamblea Legislativa habla del nivel del canibalismo político que hay en el país, que es muy alto. Es lo mismo que la idea de igualar a Macri con la dictadura. La política se ha futbolizado en la Argentina. Esta visión de que el otro no existe es terrible, porque si el otro no está, no hay partido de fútbol, no hay democracia. La democracia es un sistema imperfecto, muy imperfecto, pero es el único que está a mano. Si existiera otro, estaría militando para otro. No existe, y por eso, debemos tratar de hacer más democrático y más popular este mecanismo que es el único.

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—Gentili entiende que la conciliación social es errónea, que, por ejemplo, hay telenovelas que reflejan una idea de conciliación social que es ficcional. ¿La conciliación social es posible? En un momento Gentili dice que la revolución habilita el fusilamiento, ¿la revolución habilita la violencia?

—Eso lo piensa Gentili que es medio anarquista, no lo pienso yo.

Gentili tiene un gen anarquista, ¿vos lo tenés?

―Sí claro, quien no, tengo una mirada un poco anárquica de la realidad, por eso, creo que he transitado estos años con un poco de independencia porque soy muy descreído de los políticos y, sobre todo, me hacen  dudar mucho los tipos que están seguros, porque yo dudo tanto. Y creo que para hacer política hay que estar muy seguro, muy convencido, incluso, a límites absurdos que lo que decís es la verdad y que la cosa va por ahí. Es mi personaje, no soy yo. Primero, porque no hay posibilidad ahora de cambio, en el mundo no la hay. Es un mundo sin utopías. ¿Cuáles son las utopías de cambio? Lo están estudiando los filósofos, hay muchos que dicen que hay un mundo de distopías que es la no utopía, ¿cuál es el cambio posible?

—¿No hay horizonte hacia el cual encaminarnos?

—No, ¿cuál es? ¿Hay un horizonte de justicia social? No, no hay movimientos en el mundo que estén luchando por una sociedad más justa.

—¿No necesitamos de una utopía para poder movernos?

—Sí, claro, por eso digo que es un momento dramático. Galeano decía que la utopía es lo que te ayuda a caminar, y ¿hacia dónde va la utopía? ¿Es utópico que nuestro celular maneje nuestra casa? Es muy loco lo que está pasando en relación con eso.

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—¿Y sos optimista con el futuro o no tanto?

—Mirá, una de las frases que más me gustan es una tergiversación que hice de una frase de Camus que es la siguiente: el mayor acto de libertad es decir no, y se la hago decir al tano en la novela. Decir que no a lo injusto, a lo inaceptable. Y la otra frase que me gusta mucho es una de Antonio Gramsci, el comunista italiano que hablaba del pesimismo de la inteligencia y del optimismo de la voluntad: si sos inteligente, no podés ser optimista. La verdad es que este es un mundo cada vez más horrible. Ahora, eso te puede llevar a la parálisis o a la acción y ahí viene el optimismo de la voluntad. Ante eso que es horrible hay que actuar, ahí viene el optimismo de la voluntad.

—¿Hay un orden superior que otorga sentido a las cosas de este mundo?

—No lo sé, no tengo idea. En la novela, se toca mucho el tema de la fe. Pero porque aproveché, ya que en las novelas podés meter una ensalada de cualquier cosa, siempre y cuando funcione. Hay mucha gente que analiza mi novela, pero que no le presta atención a la temática de la fe. Para mí es importante el tema de la fe porque no la tengo; lamentablemente, no la tengo, pero sí tengo el deseo de que sí, ojalá que haya un dios, ojalá que cuando deje de leer libros me encuentre con mis seres queridos, pero ¿quién lo sabe? Nadie me lo puede garantizar, es un deseo. Y el deseo es el hermano pobre de la fe, no es un pobre hermano, pero es pobre. No lo digo con orgullo, me da pena no tenerla, me aflige no tener fe, pero no la tengo.

—¿Por qué obra el bien un hombre que no tiene fe?

—Porque me parece que es correcto, que es ético. José Ingenieros hablaría de las fuerzas morales, creo que me impulsa eso. Y por si las dudas, no vaya a ser que Dios exista y que me vaya al infierno. Hay una frase popular hermosa que dice: rezo porque no vaya a ser que Dios exista y me lleve al infierno con todas mis ovejitas, dice el coya. Entonces si Dios existe, a lo mejor, no me manda al escalón 5014, sino al 1500 porque a pesar de no haber tenido fe anduve por el camino correcto.

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Nota: Ramiro Gamboa / Sendero Elegante
Revisión: Liliana Velasco / Sendero Elegante
Fotografía: Milagros Grieco / Sendero Elegante