Rubén “Pollo” Sobrero, dirigente gremial del Ferrocarril Sarmiento, nos invitó a su oficina en Haedo en donde tomamos unos mates, recorrimos el edificio sindical y visitamos los talleres ferroviarios. Habló sin estribos sobre sus días en la cárcel: «Estuve preso gracias a mi amigo Aníbal Fernández», sobre la tragedia de Once: «tenemos trenes manchados de sangre» y sobre el futuro de la izquierda argentina ―entre otros temas―.

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―¿Qué pensás de Perón? ¿El balance te da positivo?

 

―El peronismo surgió en un momento donde era posible tener una política de conciliación de clases. Cuando tenés el Banco Central lleno de plata podés repartir y hacer el fifty fifty (50 % del ingreso nacional para los trabajadores y 50 % para los empresarios). Hoy con la crisis del sistema capitalista, eso sería imposible. Los dos candidatos principales del 2015 no podían levantar la bandera de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. ¿Quién puede levantar la junta nacional de granos que lanzó Perón en 1945? ¿Quién puede plantear la liberación de los imperialismos? Los únicos que la podemos levantar somos nosotros, el resto son todos truchos, los únicos peronistas somos nosotros.

 

―¿Vos te considerás peronista?

 

―No, no, milité en el PJ cuando era joven. La crisis es tan profunda que las bases del partido justicialista no pueden sostenerse con ese tipo de partido en la actualidad. El Estado no maneja el capital, sino que este maneja el Estado, y la economía mundial se basa en la economía financiera, no en la real. En consecuencia, tenemos un país que tiene ciclos: primero gobierna la derecha y después el populismo, se van alternando, y así constantemente. Viene la derecha y te endeuda hasta las bolas, viene el populismo y les paga a los acreedores: un negocio redondo. Cuando se vaya Macri, el que venga va a tener que gobernar con una deuda externa que hoy ronda los 500 mil millones de dólares y tenés otros 500 mil millones de dólares de argentinos que tienen la plata afuera como nuestro ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne o nuestro ministro de energía, Juan José Aranguren.

 

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―Los ferroviarios ganan bastante bien. ¿Cómo hiciste para que tuvieran sueldos más dignos?

 

―Todo tiene que ver con el poder que tenga el sindicato. Yo paro el ferrocarril quince minutos y es un escándalo porque nosotros transportamos a 350 mil personas todos los días. Con quince minutos que parás el tren, lográs que se entere todo el mundo y eso te da un poder de intimidación muy importante. Desde el 2003, empezamos a discutir paritarias y los primeros años fueron muy buenos porque lo hacíamos por medio de asambleas. El contexto ayudaba porque había una política del gobierno que creaba un mercado interno; nos ayudó bastante, ya que salíamos a pelearla y no era tan complicado como es ahora. Lo que busca el gobierno de Macri es secar la plaza de plata, los otros tenían la política de emitir, emitir y emitir. Estos no: sacá, sacá, sacá. De este modo, tuvieron un problema con nosotros porque conseguimos un convenio muy bueno: en un año duplicamos el sueldo y conseguimos conquistas laborales muy importantes. Estuvimos 17 años sin despidos, los primeros cuatro despidos los tuvimos con el actual gobierno.

 

―¿Qué objetivo tiene la política ferroviaria de Macri?

 

El objetivo que tiene la empresa es bajar de tres ferroviarios a uno por tren. Es lo que planteó Macri el primero de mayo del 2016 en el sindicato de gastronómicos. De cada tres ferroviarios, sobran dos. En el Roca, hubo 200 despidos durante el 2018; en el Mitre, hubo otro tanto y en el Ferrobaires, van hacia la terciarización de limpieza y mantenimiento. El único ferrocarril que viene zafando es el ferrocarril Sarmiento por el grado de combatividad que tiene.

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―¿El modelo ferroviario del menemismo siguió vigente durante el kirchnerismo? ¿Y hoy?

 

―Siguió igual y sigue vigente hoy, es el modelo de las concesiones. Randazzo plantea la ley de estatización que fue votada en primer lugar por el macrismo; estuve cuando se discutió en la comisión y Sturzenegger ―actual Presidente del Banco Central― , que era diputado en ese momento, habló en nombre del PRO y dijo: «esta ley la tendríamos que llamar la ley de la privatización porque es nuestro programa». ¿Qué le permiten? El Estado se hace cargo de las reparaciones de vías, de compras de trenes, pero la concesión es de forma directa, por ejemplo, lo que se hizo en Bragado, en donde dieron la concesión de forma directa a una empresa rusa que está asociada con la familia Macri.

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―En el 2012, después de la tragedia de Once, se pasó el Ministerio de transporte de las manos de De Vido a las de Randazzo. ¿Hubo un cambio?

 

―El cambio fue porque hubo 52 muertes y fue un escándalo. Nosotros tenemos trenes manchados con sangre, porque si no hubiera existido la masacre de Once todavía Jaime estaría haciendo negocios, De Vido estaría haciendo negocios y los empresarios estarían haciendo negocios. Nosotros veníamos advirtiendo que eso iba a pasar y nunca nos escucharon.

 

―¿Cómo lo advirtieron?

 

Cuando fue el juicio de Once, presentamos 4000 denuncias que teníamos sobre la línea Sarmiento. Y después les dimos las copias a los familiares de la masacre de Once. Donde muere Lucas Menghini Rey ―el hijo de María Lujan Rey―era el lugar que denunciábamos que se debía cerrar.

 

―¿Cómo era ese lugar?

 

Era la cabina del motorman que estaba clausurada; cuando los trenes venían muy llenos se metían por la ventana y viajaban ahí. Hicimos varias denuncias para que lo clausuraran porque era peligroso para el usuario, ya que había mecanismos que podían frenar el tren. Llegó un momento en el que tomamos conciencia de que solo funcionaban bien ocho trenes, los demás no. Y ahí fue cuando empezamos a denunciar el sistema de frenado de trenes, que no funcionaba bien y ahí quedó en claro cómo los servicios secretos del kirchnerismo escuchaban mis conversaciones. En una conversación que tuve con mi hija le dije: «Te prohíbo que viajes en tren»; esa conversación la tuve con ella sola, sin embargo, 678 la publicó. Le expliqué que los trenes no frenaban bien y que la empresa no nos llevaba el apunte. Los hijos de puta me querían hacer responsable de la falta de inversión y mantenimiento. ¡Hijos de puta! Cuando nosotros éramos los que denunciaban y ellos ponían los palos en la rueda.

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―¿678 te dio la oportunidad del derecho a réplica?

 

―No, nunca, jamás. Ahora los periodistas de 678 se hacen los amables y me saludan, pero yo no les doy bola. Yo no me olvido. De los traidores no me olvido.

 

 

―En el 2011 estuviste preso…

 

Cinco días preso gracias a mi amigo Aníbal Fernández. La secuencia fue así: vivía con mi hija en Haedo, la boluda siempre llegaba tarde al colegio y yo estaba a las puteadas. Imaginate que era alarmante porque estaba por quedarse libre. Ya en el auto, se cruza otro coche y se bajan dos tipos con la pistola .45 en la mano, vestidos de civil. «Bajate, bajate», le digo a mi hija. Le digo al chabón que se llevara el auto. Me dice que no, que no les interesaba el auto sino que venían por mí. En ese instante pensé que venían a matarme. Me sentía un pelotudo, ¿cómo me pueden hacer boleta delante de mi hija de esta forma? No lo podía creer, ahí se me acerca uno y me dice que me quedara tranquilo, que eran policías. Me ponen las esposas, me suben al auto, me llevan y me tiran ahí en drogas peligrosas, en capital. Cuando me tiran en drogas peligrosas empecé a entender que me estaban haciendo una cama.

 

―¿Consumiste alguna vez?

 

―Si hay algo que jamás hice fue consumir. Me desmayo cuando veo una jeringa. Trato de no ir al médico para que no me hagan un análisis de sangre. Me taparon con una campera, me sacaron y me llevaron al autódromo, en Roca. Ya eran las 11 de la mañana. Hijos de puta me llevaron el viernes a la mañana para retenerme sábado y domingo en la cárcel. Cuando llegué me atendió el oficial, Carlos Rodríguez. «Te vas a comer el fin de semana acá, te vamos a cuidar porque no estamos para meter presos a los laburantes; sino para apresar a los narcotraficantes. Lo tuyo es una causa política, quédate tranquilo, porque cuando salgas el lunes vas a ser otra persona», me dijo. Le respondí: «Flaco, está todo bien pero no quiero ser un héroe, no quiero ser Mandela».

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―¿Cómo le explicaste a tu hija lo que había pasado?

―Mis hijas tenían 16, 17 años. Mi twitter lo creó Micaela, la más chica, para dar información a todos los periodistas sobre lo que pasaba. Estoy convencido de que todos tendríamos que estar presos 4 o 5 días. Aprendés muchísimo, empezás a darte cuenta de que las miserias en la política no sirven. La cárcel te muestra que las ideologías pueden ser buenas, pero el problema son los hombres que las llevan adelante, una cosa es lo que está escrito en los libros y otra cosa es la realidad. Moyano salió a pronunciarse cuando estaba aliado con Cristina. La ruptura entre Moyano y Cristina, en parte fue por eso.

―Fue un gesto de grandeza por parte de Moyano.

―Obviamente, por eso yo tengo una relación con Moyano que es muy criticada por la izquierda. Pero nací en el barrio, y cuando un compañero te da una mano, por más que no piense como vos es un tipo que te dio una mano. Son los códigos.

Mi abogado me contaba que había una locura bárbara, que éramos tapa de todos los diarios: Clarín, Página 12, La Nación.

El juez de la causa me comentó por qué estaba preso: me acusaban de quemar trenes. «Acá no hay ninguna prueba, es poco creíble todo». Me dijo que no me podía dejar en libertad porque tenía a todo el Ministerio del Interior que lo llamaba cada media hora y lo presionaban. «Esta causa es un mamarracho», me aseguró el juez.

 

―¿No había ninguna prueba concreta?

 

―Ni siquiera fueron capaces de inventar una prueba.

 

―¿Cómo fue la liberación?

 

―Al otro día vino mi novia desde Necochea, mi viejo, mi vieja, y la liberación era a las 14. Era la noticia del día, y el comisario estaba reloco porque no lo autorizaban a liberarme. Finalmente me largaron a las 20, cuando salí no podía creer el quilombo que se había armado en la calle. Todas las tapas de los portales, Sabat me hizo un dibujo, en Tiempo Argentino ―que era kirchnerista― los trabajadores se negaron a sacar una nota en contra de mí. Y en Página 12, en donde soy muy amigo de Tuny Kollman, escribimos el editorial juntos. Hubo gestos de algunos periodistas, por ejemplo, Ernesto Tenembaum y Maxi Montenegro que llamaron a mi hija y se pusieron a disposición. Moyano me llamaba por teléfono cada dos minutos. Y algunos integrantes del Gobierno que no estaban de acuerdo también se comunicaban.

Uno aprende de los errores y de los malos momentos, no tanto de los éxitos. La experiencia de la cárcel te cambia la cabeza; dentro de la izquierda, hay mucho infantilismo, sectarismo y egoísmo. Empezás a ver más allá, a ser más humano, entré siendo uno y salí distinto.

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―¿Quién es Pedraza? ¿Cómo se logró que un poderoso fuera preso en la Argentina?

―En sus inicios, Pedraza estaba ligado a la izquierda, es decir que cuando era joven pensaba igual que Mariano Ferreyra. Hubo un proceso durante el menemismo, en el que el sindicalismo fue muy fácil de corromper, y lo fue gracias a que los sindicatos, como los creó Perón, eran muy verticales. Esa forma de hacer el gremialismo, que te hace distinto de los demás compañeros, te lleva a que seas parte de una clase parasitaria como lo es la burocracia sindical. Eso te lleva a una situación límite que puede terminar en el asesinato de un joven, como lo hizo Pedraza.

 

―¿Pedraza mandó a matar a Mariano Ferreyra?

 

Sí, hubo un plan para matarlo, y de eso no tengo duda. No a Mariano específicamente, sino que querían dar una lección. Fue preso porque sensibilizó a la sociedad, si fuera solo por la justicia no hubiera pasado nada. Gracias a que la sociedad vio el asesinato de Mariano en vivo y en directo, y gracias a la lucha de toda la izquierda, se dictó la prisión a un dirigente gremial. Es parecido a lo que ocurrió en Once. Era impensable que De Vido fuera preso.

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―¿Qué pensás de nuestro Poder Judicial?

 

La justicia en la Argentina no existe, es para los pobres. Es influenciable, es una casta, una porquería que forma parte del sistema como la burocracia sindical, como los partidos patronales, los gremios, los empresarios. Todos forman una bolsa de mugre que te lleva a que en un país como el nuestro, tengamos un 30 % de pobreza. Y muy sencillo, cómo explicás que en Tucumán mientras un pibe se moría de hambre desnutrido en el hospital la familia de Alperovich le hacía una fiesta a la hija que le costó millones de dólares.

La base de una sociedad es la educación y el trabajo, si no tenés educación (porque los contenidos educativos que te están dando son de hace dos siglos) y no tenés laburo y tenés tres generaciones de tipos que han vivido de planes sociales, se puede ir todo a la mierda. El otro día Marcos Peña dijo en el Congreso que se cerró el ciclo del 2001, que las instituciones estaban funcionando bien, pero eso es mentira, esto explota en cualquier momento igual que en el 2001.

 

―¿Aníbal Fernández estuvo más cerca de Mariano Ferreyra o de Pedraza?

 

―Todo el PJ tradicional se alió con Pedraza. Carlos Tomada lo asesoraba. ¿Cómo nuestro ministro de Trabajo va a tender y a ayudar a un tipo acusado de asesinato?

 

―¿Hay sindicalistas que son una mugre?

 

―El 80 % es una bosta. Un dirigente gremial que vive distinto de los laburantes no es un dirigente gremial. Para qué querés ser gremialista o político, ¿para enriquecerte o porque tenés ideales? Esa es la discusión. Lo que tenemos que discutir es para qué es la política. El roban pero hacen está muy instalado en la sociedad.

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―¿Se puede cambiar?

 

Es el gran desafío que tenemos. El roban pero hacen es patético porque es la degradación de la sociedad, está aceptado.

 

―¿Qué hubiera pasado si Aníbal Fernández ganaba la provincia?

 

―Y, no teníamos problemas con las drogas porque las podríamos conseguir en cualquier esquina. Aníbal Fernández es un mafioso. Yo lo sufrí, sé lo que es.

 

―¿Cómo es el futuro de la izquierda?

 

―La izquierda va a crecer, eso seguro. Aunque sigue siendo marginal. Los cambios se van a dar cuando nos acompañe el movimiento obrero. Lo que tenemos que hacer es una revolución, sino no hay cambio.

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―¿La revolución se hace con violencia?

 

―Se hace cambiando de manos el poder.

 

―¿Y ese cambio de manos se realiza con violencia?

 

―Eso no lo vas a saber nunca hasta que lo hagas. Y no hay nadie en la Argentina que te pueda decir: se hace de esta forma. Porque el único argentino que pudo hacer una revolución se tuvo que ir a Cuba para hacerla, tiene que ver con los momentos históricos.

 

―¿Qué pasa hoy en Venezuela?

 

Venezuela está gobernada por un tipo que está chiflado. Maduro no está en sus cabales. No es el gobierno que yo quiero. Yo quiero un gobierno con socialismo, pero con libertades democráticas. A mí no me vas a decir cómo me tengo que vestir, qué es lo que tengo que hacer, porque entonces eso ya es otra cosa.

 

―¿La izquierda puede conquistar el poder y luego habilitar las libertades individuales?

 

Tiene que hacerlo, sino en mí va a encontrar un opositor. Lo que pasa es que la izquierda tiene que aprender a discutir, no sabe discutir con sus camaradas. Soy muy crítico, tenemos que aprender que los partidos de izquierda no son nuestros enemigos, y no está mal que pensemos distinto. Acá se busca la coma en un volante para hacer una fracción y romper un partido. No se entiende nada. La izquierda habla de los trabajadores y no tiene trabajadores entre sus filas.

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―¿Quién tiene el poder?

―Desde 1810 para acá los mismos. ¿Vos te crees que acá gobernó Cristina, Macri, De la Rúa, Alfonsín? Acá gobierna la Sociedad Rural, la Unión Industrial. Después hay fulbito para la tribuna: te descuelgo un cuadro, matrimonio igualitario, etc. ¿Quiénes son los que ganaron y quiénes perdieron? La izquierda tiene una gran responsabilidad de entender que juntos somos algo, separados no somos nada. Separados somos el 0,000001 %. No hablo mal de los compañeros de izquierda, son un desastre, pero no te digo Del Caño es esto, Pitrolla es aquello, Altamira lo otro, y las veces que lo pensé les dije personalmente y no lo hice público.

 

―El desempleo bajó a 7,2 % y la pobreza bajó a 25,7 %. ¿Qué pensás?

 

―El INDEC miente, es obvio; fíjate en la calle, salí a buscar laburo. Decime qué fábrica se abrió y cuántos despedidos conocés. Se impuso la economía financiera sobre la real. Si tenés un millón de dólares, ¿dónde lo vas a poner? En las LEBACS que te dejan un 30 % o en una fábrica que te deja el 6 % o el 7 % de ganancia.

 

―Duhalde, Ruckauf, Solá, Scioli o Vidal, ¿de cual estás más cerca?

 

―De ninguno, yo quiero una sociedad donde desaparezcan las clases sociales, ni uno de esos nos lo garantiza, por buenas o malas intenciones que tengan. Conozco personalmente a Vidal.

 

―¿Te recibió?

 

Si querés la llamo ahora y hablamos ahora. Cada vez que la llamo me atiende, los padres viven a la vuelta de mi casa, es una mina con la que tengo diálogo. Como persona no tengo nada que decir. Pero no se trata de buenas intenciones, sino de qué políticas tenés. El problema no son los hombres sino el sistema. Scioli y Macri después de las elecciones actuaron igual: con la ley previsional o con los fondos buitre reaccionaron de la misma manera, votaron todo. ¿Cómo puede ser que el macrismo, que tiene minoría en ambas cámaras, tiene el 77% de las votaciones ganadas?

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―¿Qué pensás de la grieta?

 

La grieta está hecha para que no discutamos de política, es toda una mentira, no existe, es algo que generó Cristina para favorecer a Macri y este se avivó porque no es ningún boludo. Muchos lo subestiman y esa es la fortaleza que tiene, que lo subestimemos.

 

―¿Darías algún consejo a alguien que quiera meterse en la política o en el periodismo?

 

―El periodismo es la mejor profesión del mundo, siempre y cuando puedas dar testimonio por la verdad hasta en los momentos más complicados de la vida, y ser fiel a eso. Si sos periodista y cumplís con lo que decía Rodolfo Walsh vas a tener mi admiración eterna.

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Nota: Ramiro Gamboa / Sendero Elegante
Revisión: Liliana Velasco / Sendero Elegante
Fotografía: Milagros Grieco / Sendero Elegante