El conurbano bonaerense es parte del ADN de Hilda «Chiche» Duhalde. La intensidad de su relación con la política es absoluta. La ex senadora dice que no es «una mujer conservadora». Está a favor de la legalización del aborto: «Votaría a favor en el Congreso, pero necesitamos recursos para que la ley funcione de verdad. Legislemos para la Argentina que tenemos», afirma. «Muchos funcionarios del Gobierno son testarudos, no dialogan. Mauricio Macri no sabe de política, Cristina Kirchner destruye todo lo que toca y Daniel Scioli hizo la peor gestión de la historia en la Provincia de Buenos Aires», declara una mujer peronista de paladar negro.

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―Hace dos años Eduardo Duhalde dijo: «Soy parte de una dirigencia de mierda». Hizo una autocrítica. ¿Usted qué piensa de esa frase? ¿Se siente identificada?

 

―Hace muchos años hizo manifestaciones parecidas. Ahora manifiesta que estamos peor. Fue una frase muy fuerte. La dirigencia argentina no está a la altura de la circunstancias en términos generales, eso quiere significar.

 

―¿Y por qué no está a la altura de la circunstancias?

 

―Porque seguimos peleándonos como perros y gatos. El Gobierno no genera espacios de vinculación con todos los sectores para poder encontrar una salida. Y la oposición piensa más en sí misma que en la Argentina.

 

―Usted dijo que algunos funcionarios del Gobierno de Macri son testarudos…

 

―Sí, fui suave.

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―¿Suave? ¿Qué son en realidad?

 

―Son testarudos porque no proponen dialogar. Presentan un diálogo radial, dividido en sectores. Eso, mirándolo desde la psicología, es malo. Vamos a llevarlo al plano de una familia. Yo tengo cinco hijos. Si hay un problema familiar y yo hablo con uno, y después hablo con otro y después hablo con otro, posiblemente no logre el resultado que tengo que lograr.

 

―¿Detesta los microencuentros que hace el Gobierno sector por sector?

 

―No, ellos tienen que hacer un encuentro nacional con todos los sectores, pero no lo aceptan. Es raro que hablen tanto del diálogo, del consenso, del acuerdo y se empecinen en hacer lo contrario.

 

―¿Y por qué se empecinan en hacer lo contrario?

 

―Porque creen que es el camino indicado. Los que venimos con mucha experiencia sabemos que no es así. En este mueble podés ver la foto de Eduardo Duhalde con el doctor Raúl Alfonsín.

 

―¿De qué año es esa foto?

 

―Del año 1983. Eduardo ―mi esposo― tuvo una excelente relación con el doctor Alfonsín. El expresidente radical tuvo mucho que ver para lograr la salida del 2001. Había partidos políticos. Él era un líder de su partido radical.

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―Jorge Bergoglio también contribuyó en esa salida, ¿verdad?

 

―Claro, él propuso una mesa de diálogo, nos prestó el ámbito físico. En ese lugar se sentaron todos los sindicatos, las iglesias, los piqueteros, los empresarios, las entidades del campo, de la industria. Todos.

 

―Cambio de tema. ¿Cristina es peronista?

 

―Siempre se dijo peronista, pero ella hizo una interpretación libre del peronismo.

 

―¿Cómo es eso?

 

―Soñaba con otra cosa. Menem también hizo una interpretación libre del peronismo. Lo llevaron hacia la ultraderecha, aliándonos con Margaret Thatcher y después vinieron los kirchneristas que se creyeron que bajaron de Sierra Maestra. Esas fueron dos cosas que no tienen que ver con el peronismo. Por eso la gente no cree en el peronismo, y tiene razón.

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―¿Qué es el peronismo?

 

―¿Qué somos? Sé que Cristina tuvo el sueño de llevarnos hacia otro lugar, quiso que desaparecieran los partidos tradicionales para conformar otra cosa.

 

―¿Cristina es una outsider? ¿Es una dirigente que busca debilitar a los partidos tradicionales?

 

―No, Cristina no es una outsider. Cristina es una persona que destruye todo lo que toca.

 

―¿Cómo es eso?

 

―Destruye todo lo que toca. No es una persona de diálogo, no es una persona de encuentro, no es una persona que intente conducir a todos. Sino que es autoritaria. Practica un autoritarismo tardío, porque en el mundo las personalidades autoritarias van desapareciendo. Los autoritarismos no van más.

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―¿Daniel Scioli hubiera sido mejor presidente que Mauricio Macri?

 

―No, la situación en que quedó el país era muy difícil. El peronismo muchas veces no actúa como corresponde. El peronismo hubiese ayudado más a Scioli que a este Gobierno. De todas formas, Macri se equivoca muchísimo, ¡muchísimo! Hay un sector del peronismo que intenta ayudar y hay otro sector que pone piedras en el camino, y dificulta la tarea de un Gobierno que no entiende mucho de política.

 

―¿Por qué ganan elecciones si no entienden de política?

 

―No entienden de política porque vienen de otros sectores. Vienen de la empresa privada en donde uno puede decir «esto es blanco» e irrefutablemente lo es. Y en política no es así. Gobernar no es lo mismo. Me da la sensación de que Scioli hubiera encontrado más apoyo, aunque las medidas de salida verdaderas del país hubieran sido difíciles para cualquiera que llegara.

 

―¿Scioli fue un buen gobernador de la Provincia de Buenos Aires?

 

―Fue la peor gestión de la Provincia de Buenos Aires. Tuvo un problema básico: la provincia, a partir de la gestión de Felipe Solá, perdió autonomía. Así, el peronismo pudo nombrar a los diputados, a los concejales y a los intendentes que lideraban las listas. Fue demasiado. Cada provincia tiene que elegir a sus propios candidatos. Y la elección debe ser democrática. Scioli tenía a un solo legislador que le respondía. Los demás habían sido puestos por el Gobierno central. Perdió autonomía y se despersonalizó. Cualquier provincia tiene personalidad propia. La nuestra no.

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―¿Por qué Scioli permitió que perdiera esa autonomía?

 

―Porque no le importó la provincia. Los que la queremos, deseamos que tenga recursos propios, buscamos la defensa de sus intereses. El Estado central acogotaba a Scioli todo el tiempo y cuando la situación llegaba a un límite le soltaba unos pesos. Eso no es gobernar. Hay que plantarse frente a los problemas.

 

―¿Scioli tendría que haberse plantado un poco más frente a Cristina?

 

―Obviamente, pero Scioli nunca se plantó con nadie. Se entregó. Se dejó.

 

―¿Qué balance hace de la gestión de María Eugenia Vidal en la provincia?

 

―María Eugenia Vidal es el cuadro más interesante que tiene el PRO, no Cambiemos, pero sí el PRO. Tiene carisma, no ha perdido la feminidad, que es un elemento muy importante de la mujer en política porque por lo general para entrar en política se masculinizan.

 

―¿Cristina se masculinizó?

 

―Cristina es muy masculina, más allá del ropaje. No es lo exterior lo que estoy midiendo. María Eugenia tiene otras condiciones personales que la hacen cercana a la gente, pero en gestión, si bien no tiene demasiados recursos, no hay buena gestión.

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―¿Aníbal Fernández o María Eugenia Vidal?

 

―María Eugenia Vidal.

 

―¿Por qué?

 

―Porque Aníbal fue una elección equivocadísima. Si no hubiera sido Aníbal el candidato, el peronismo hubiera ganado la provincia de Buenos Aires. Aníbal tenía mucha mala imagen entre la gente. En política, la imagen, el continente, es más importante que el contenido. Sos imagen, sos lo que parecés ser, no lo que realmente sos.

 

―¿No le duele que la imagen pese tanto en la política?

 

―Me duele siempre eso. Uno puede decir las verdades más grandes, pero si no te acompaña la popularidad que te da la televisión, si no te acompaña una buena imagen, no sos competitivo. La gente no vota el pensamiento de los dirigentes, sus ideas. Vota lo que ve.

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―¿Qué piensa del aborto?

 

―No sé por qué razón pensaron que yo era una mujer conservadora, católica, y no soy nada de eso. Quizá tiene que ver con mi hija. Se fue dos años a un seminario con la idea de ser monja. Peleé mucho para que saliera de ahí.

 

―¿Por qué no le gustó que su hija quisiera ser monja?

 

―Porque no lo hacía por vocación. Lo hizo como un escape, una salida que necesitaba. Por suerte se dio cuenta y desistió. Hoy tiene una hija maravillosa y una vida por recorrer.

 

No creo que la situación sea aborto legal o aborto ilegal. Es una discusión muy pobre. La discusión es qué hacemos para evitar que la mujer tenga que abortar, cómo le enseñamos a los chicos que hay que cuidar el cuerpo. Cuando se inician en la relación sexual se tienen que cuidar.

 

Muchas veces pasa que no saben ni con quien tienen relaciones, producto del alcohol y la droga, de que no solamente es quedar embarazada sino evitar las enfermedades de transmisión sexual, es decir, hay tantas cosas que se pueden hacer para que la mujer no llegue a abortar. Porque cuando llegue a abortar, se demuestra que el Estado no la cuidó, y que la sociedad y la familia tampoco lo hicieron.

 

―¿La educación sexual ha fracasado?

 

―Sé de un ejemplo que demuestra lo que pasa en muchos sectores. Me acuerdo de haberme reunido en un pueblito con una mujer que tenía muchos chicos. Le dije que no podía tener más chicos. Me dijo que se cuidaba. Le pregunté: ¿cómo? Me dijo que se hacía sus propios preservativos con tela. Eso, que a algunos les puede parecer mentira, es absoluta verdad.

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―Usted cree que hay que legalizar el aborto, ¿verdad?

 

―Sí, hay que legalizarlo. Luego de hacerlo, tiene que haber garantías de que el hospital público lo va a atender, de que va a aconsejar a la mujer lo mejor posible.

 

―Si estuviera sentada en la Cámara de Diputados, ¿qué votaría?

 

―Votaría por la ley. El proyecto que va a quedar es bastante bueno. Lo que pasa es que en Argentina legislamos y después no cumplimos la ley. Nosotros en 2006 votamos la ley de escuela de doble jornada para todos los chicos del país de escuelas públicas. Todavía no la aplicamos. Llevamos doce años. Vamos a tener la ley. Ahora, después hay que hacerla efectiva. Se necesitan recursos, hospitales, médicos que no hagan objeción de conciencia, capacitación.

 

―¿Le pareció bien que el Gobierno presentara el debate o le pareció que lo hizo por oportunismo?

 

―No, no vamos a mirar todo con ese ojo. Está bien que abra el debate.

 

―¿Por qué Cristina no lo abrió?

 

―Porque en realidad la Iglesia en nuestro país tiene mucha fuerza y le habrá parecido en ese momento que no era conveniente. Yo hace veinte años presenté el proyecto que se convirtió en ley, y que después tuvo modificaciones: el proyecto de procreación y sexualidad responsable. Y me acuerdo que iba todos los días a hablar con los curas para convencerlos de que aceptaran los métodos anticonceptivos.

 

―¿Y qué te decían?

 

―Discutimos un rato, pero no salió la ley.

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―¿Cómo fue ser mujer en un universo lleno de hombres? Estuvo en el peronismo en la provincia de Buenos Aires. ¿Cómo lo vivió? ¿Y qué consejo le daría a la mujer que comienza su carrera política?

 

―Depende de la mujer. Yo soy una privilegiada. No me puedo poner en el común de las mujeres que hacen política porque yo llego a la política casi de casualidad. No llego a la política por una decisión mía. Si bien a mí siempre me apasionó lo social. Mi tarea en lo social hizo que cuando llegó el enfrentamiento con la alianza ―en la elección de 1997― se percataron de que era la candidata que mejor medía. Y me pusieron a encabezar la lista. Lo hice con mucho miedo porque no estaba preparada para un debate político.

 

―Usted, junto a Graciela Fernández Meijide, fue bastante vanguardista, porque ahí la mujer empezó a entrar de lleno en la política, ¿verdad?

 

―Sí, no sé si fuimos vanguardistas. Lo que armamos fue una red de treinta y cinco mil mujeres que se ocupaban de lo social, pero algunas de las cuales iban mostrando pasta de líderes y con vocación política. Incluso algunas llegaron a concejales. Yo ingreso a la política de la mano de Eduardo Duhalde. Él era un paraguas de protección. En general, la situación de las mujeres en política es diferente. Muchas se masculinizan, muchas entran a los codazos y muchas, la mayoría, terminan siendo funcionales al hombre que las llevó a ese lugar. Pero pierden su criterio propio.

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―Beatriz Sarlo suele decir que la presidencia de Eduardo Duhalde no fue lo suficientemente reconocida. ¿Usted qué piensa?

 

―Se lo agradezco porque es la verdad. No tengo más que palabras de agradecimiento porque Beatriz siempre habla bien de la gestión de Eduardo. Y eso es un reconocimiento que te llena el alma porque en medio de las críticas de los que no entendieron lo que fue el 2001, 2002. Escuchar una palabra de una persona tan capaz y tan preparada como ella es un mimo al alma.

 

―¿Y usted cree que la gestión de Eduardo fue lo suficientemente reconocida?

 

―Va siendo cada vez más reconocida. Pero es un proceso, porque el kirchnerismo intentó destruir su imagen desde siempre.

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―Duhalde en 2002 o 2003 en un programa de Mirtha dijo que Néstor era un «rebelde sano». ¿Usted piensa que Néstor era un rebelde sano?

 

―No. De los candidatos que se presentaron lo fueron rechazando todos. Néstor Kirchner fue el único que mostró vocación. Y aunque digan lo contrario, había un enorme desconocimiento de su gestión en la provincia de Santa Cruz. Venía a la capital con mucha fuerza, peleando con las cuestiones que tenían que ver con su provincia.

 

Mi intuición hizo que yo nunca creyera en el proyecto de Néstor Kirchner. Pero el que decidía era mi esposo, que sí creía en Néstor. Y con el tiempo fue construyendo una imagen positiva muy importante. Después los medios empiezan a descubrir todo lo que había hecho en Santa Cruz. Pero yo intuitivamente tenía rechazo porque para mí las personas no son unas en lo público y otras en lo privado.

 

―¿Néstor era una persona en lo privado y otra en lo público?

 

―Sobre todo Cristina, y a mi esas cosas no me gustaban. Pero era la opinión de una mujer.

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―¿El peronismo puede reconstruirse?

 

―Sí, claro. Tiene la obligación moral de reconstruirse. No existe un país donde pueda gobernar un solo partido o frente que no tenga pasado, ni bueno ni malo. Además, es fundamental la alternancia. Por eso pienso que el radicalismo también debería reconstruirse.

 

―¿Cómo lo ve al radicalismo en Cambiemos?

 

―Veo que tratan de colaborar, pero me parece que las decisiones no las toman ellos. Las toma un núcleo pequeño que viene más de la empresa que de lo público. Y hay un sector del radicalismo importante que se enoja con estas cosas. Por eso digo que estos dos partidos tienen que actualizase y hacer las cosas bien. El radicalismo en el aspecto ético siempre fue muy superior. El peronismo tiene más vocación de poder, pero el radicalismo ha sido más democrático. Este último abandonó su ideario, y debe hacer una profunda autocrítica y tratar de ser lo que debe ser, es decir, en esencia, una doctrina social y cristiana.

 

―¿Por qué Francisco está o estuvo tan cerca de Cristina? ¿O no lo estuvo?

 

―No sé, yo no lo juzgo. Creo que está en un lugar muy superior al nuestro. Mira el mundo y presta un gran servicio a la humanidad. Que es de origen peronista nadie lo duda.

 

―Nadie lo duda. Tenemos un papa peronista.

 

―Es un papa peronista, pero me parece que ha hecho lo que él entendió que tenía que hacer. Y no lo juzgo.

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―Usted dijo que votó a Macri. Quería preguntarle por qué lo hizo y que me diga una virtud del presidente.

 

―Lo voté porque se presentaba como una opción de cambio. Yo no quería la continuidad del kirchnerismo, a Zannini como vicepresidente, a Aníbal como gobernador, y no había más opciones. Eran dos. Así que, o votaba en blanco o votaba por Macri. Y voté por Macri.

 

―¿Una virtud de Macri?

 

―Cada vez me quedan menos virtudes, pero en aquel momento yo esperaba que el país se pacificara. Me parecía que iba a ser un hombre más logista, que el país se iba a serenar, que iba a entrar todo en un cauce de normalidad institucional. Valoraba eso. No las medidas económicas que pudiera tomar, si bien en su discurso hablaba de terminar con la pobreza, con la inflación y qué sé yo. Fue una apuesta a un cambio.

 

―¿Macri alimenta la grieta?

 

―La alimenta un poco cuando se enfrenta a Cristina, porque nos saca del eje de discusión. Nuestros problemas son claramente económicos y sociales. Y cuando la discusión de los medios es lo que dijo Macri de Cristina y lo que esta le contestó llega un momento en que nadie quiere ver más los programas políticos.

 

―¿O sea que Cristina y Macri también saturan?

 

―Sí, y se retroalimentan.

 

―¿Cómo se lleva usted con la grieta?

 

―Trato de evitarla, por lo menos en el trabajo. Estoy organizando en red a todas las mujeres que quieran participar de este proyecto que hemos llamado Mujeres conectadas. Y queremos que todo lo que hagamos, reclamemos y exijamos en relación con nuestros derechos sea en paz. Porque la violencia se ya se está tornando intolerable.

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―Sé que esto se lo han preguntado y quiero que lo vuelva a contestar. ¿Por qué Duhalde no fue candidato en 2003?

 

―Porque había dado la palabra. Busquen en los discursos. Se excluye porque era muy difícil normalizar la situación del país, y si la gente te visualiza como futuro candidato, ya empieza a dudar.

 

―¿Y no se equivocó ahí Eduardo?

 

―No, podría haberlo sucedido otra persona que hubiera hecho una buena gestión. Si en ese momento él hubiera dicho: «El candidato del peronismo va a ser Roberto Lavagna», por ejemplo, la realidad hubiera sido otra. Es un ser humano que comete errores como cualquier otro.

Pero él se excluye y no explica por qué. Dice que se excluye de la próxima elección porque si no la idea de juntar a todos los argentinos para salir no era creíble. La gente es desconfiada y, desde luego, tiene razón.

 

―Le hago una, un poquitito incomoda: hace un par de años en Intratables, D’Elía dijo: «El zabeca de Banfield, bla bla bla…».

 

―No es incómoda. Mi marido nunca tuvo un caso. Nunca fue citado por la justicia por haber cometido una irregularidad. Fuimos a la justicia cuando alguien dijo algo de nosotros que entendimos que era muy injusto. Y a esa citación judicial la acompañamos una de mis hijas y yo.

 

―¿Y cómo supera algunos agravios?

 

―Siento un dolor y una vergüenza muy grandes. No somos nada de eso. Cuando fui avanzando en política y tenía que ir a dar alguna charla, era candidata y me preguntaban. Discutía muy fuerte con los que decían esas cosas, porque la gente repite lo que escucha o lo que se instala.

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―¿Cristina no tendría que haber dado explicaciones? Siempre que se los acusó de algo, ustedes dieron explicaciones. En cambio, Cristina hizo oídos sordos de todas las acusaciones contra ella.

 

―A lo mejor no tenía elementos para conversar. Nosotros teníamos la verdad. Hay otros que prefieren no contestar nada porque a veces el que aclara oscurece.

 

―¿Qué consejos le daría al Gobierno para que haga un trabajo mejor?

 

―Que nos convoque a todos los argentinos, que escuche a todos los que saben, sin importar la ideología, que entienda que hoy no se puede gobernar solo. En los países más exitosos, como Alemania, aun al haber ganado Merkel, lo hizo con el 35 %, pero formó una coalición para tener el 83 %. Nombra ministros de distintos partidos políticos y se reserva los más importantes. De ese modo, el Gobierno funciona porque están todos adentro.

 

Por lo menos, este Gobierno tendría que ceder los controles a la oposición. No es posible que esté Laura Alonso en el área de anticorrupción. Me parece una excelente persona, pero no puede haber un funcionario del mismo Gobierno en el área que tiene que controlar la corrupción. Poner los organismos en manos de la oposición da tranquilidad al que gobierna y lo hace más transparente.

 

―¿Qué ministro de Macri le parece destacable, respetable, que la represente? ¿Hay algún ministro o dirigente de Cambiemos?

 

―Más que representarme, tengo afecto personal por Frigerio y por Ritondo, con quien me une un vínculo más cercano. Pero en este momento debatimos la economía, y está compartimentada. Por más que lo hayan puesto a Dujovne como ministro coordinador, todos tienen la misma autoridad.

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―¿Tendría que haber un solo Ministro de Economía?

 

―Uno debería ser el ministro y los demás tener secretarías. Eso achicaría el gasto del Estado, porque pasamos de nueve y once ministerios a veintitrés.

 

―¿Lavagna fue mejor que Dujovne?

 

― (Se ríe). Por favor, no se puede comparar. Lavagna saco al país de la peor crisis junto con Remes Lenicov, que no está bien reconocido todavía pero fue el ministro de la primera etapa.

 

―Fue el que produjo la primera devaluación.

 

―Fue la primera salida de la convertibilidad. Se dio sola, fue un hecho de la economía. La gente cree que un día Duhalde dijo «se terminó». No, ya estaba muerta. Y se produce una gran devaluación, si bien enseguida empezamos a crecer.

 

―En 2006, el Gobierno de Kirchner da un giro: se termina el INDEC y se cambian algunas políticas. En 2005 se va Lavagna y los otros funcionarios. ¿Usted cree que la victoria le hizo mal al kirchnerismo?

 

―La borrachera de poder les agarra a todos. Muchos Gobiernos se enamoran de eso. La diferencia entre Néstor y Cristina es que Néstor, más allá de todo lo que podemos decir, tenía experiencia de gestión. Ella no, y era mucho más autoritaria.

 

―¿Perón o Evita?

 

―Los dos. Yo creo que Evita no hubiera podido existir sin Perón. Perón es el que le abre las puertas y le dice «hacé». Y ella se manda, y lo hace de una manera maravillosa. Los dos lo hacen.

 

―Muchísimas gracias Chiche.

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Nota: Ramiro Gamboa / Sendero Elegante
Fotografía: Milagros Grieco / Sendero Elegante
Video: Juan Manuel Cafferata / Sendero Elegante
Colaboración: Ignacio Rodríguez Velasco / Sendero Elegante

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