SE CHINGÓ LA FINAL DE LA LIBERTADORES

El mundo observa los malos aires que abundan por la Argentina. Aunque algunos quieran proyectar una imagen mejorada del país, el lente de las cámaras tarde o temprano se termina rompiendo, se termina atascando, se termina ensuciando o, tal vez, lo que debería terminarse de una vez es la proyección en sí. En la final de la copa libertadores nada pudo ser ocultado y la violencia abrió el debate. Si no hubiera sucedido lo que aconteció, las discusiones estarían girando en torno al espectáculo deportivo y no sobre los barras bravas.

El congreso CLACSO se llevó a cabo en la ciudad de Buenos Aires entre los días 19 y 23 de noviembre. Reunió a investigadores y figuras políticas de distintos países.

Jorge Negroe es mexicano e investigador de los estudios del deporte. Oportunamente se encuentra de visita en la Argentina para dos cosas: participar del congreso CLACSO de ciencias sociales y vivir de cerca la final de la Copa Libertadores. En una de ellas, logró tener éxito y presenció el evento académico. En la otra, no tanto: el viajero deberá conformarse con recorrer por fuera del estadio, el barrio de Núñez. A paso de observador, camina por la esquina de Libertador y Monroe, se detiene, mira el suelo e informa: “qué te parece, aún hay trozos de vidrio”.

Los policías y funcionarios de seguridad que intentaron —repito, “intentaron”— restringir el accionar de un grupo de personas apareció como la única solución correcta. Pero ¿se puede creer en otra alternativa a la violencia que no sea responder con más violencia? ¿Hay otras formas de pensar en la relación Estado e hinchadas en el mundo? ¿Qué hay detrás de esas piedras y botellazos? Charlamos de eso y de otras cosas junto a Jorge Negroe.

Jorge fue invitado a exponer su investigación sobre fútbol en el marco del congreso CLACSO de Ciencias Sociales.

Cuando viajas al exterior, ¿cómo te presentás? ¿Cómo ves la afición por el fútbol en México en contraste con la Argentina?

Primero, soy de la ciudad de Xalapa, que se encuentra dentro del estado de Veracruz en México. Me interesan los Estudios del Deporte: tengo un Máster en Estudios de la Cultura y la Comunicación, pero me centro específicamente en la afición futbolística. Investigo los fenómenos y los procesos que hacen a la construcción de la afición futbolística en México. En principio, es un escenario muy distinto al de la Argentina. En mi país, el arraigo por el fútbol no es tan grande como acá que «se matan» por sus clubes, y, en algunas ocasiones, de verdad lo hacen. Allá, en México, los partidos sí pueden tener visitantes, se venden cervezas dentro y, además, las personas de los distintos clubes pueden convivir sin ningún problema dentro de la cancha o del estadio.

Es sano tener afición por algo, el problema es cuando esa afición se lleva al extremo, haciendo que una madre le ate bengalas al estómago de su hija o que un grupo de personas ataque a un autobús. Este tipo de extremos se encuentran sustentados en la lógica del aguante y terminan afectando inevitablemente a la imagen mediática de los barras (hinchas), sino también la de los clubes.

El colectivo que trasladaba al plantel de Boca Juniors fue atacado cuando se acercaba al estadio Monumental.

¿Qué son las porras familiares que acontecen en México?

Tiene que ver con un consumo de los equipos de fútbol. Algunos medios de comunicación mexicanos vendían este concepto: ir a ver un partido de fútbol es un espectáculo familiar. Esto implicaba que asistir a los partidos era ir con la familia, pagar las entradas de todos, consumir adentro los alimentos y bebidas. Ahora, esto suponía una ganancia para el club por un lado y, por el otro, la creación de un consumo cultural para la familia, como si fuera una ida al cine. Sin embargo, las maneras de apoyo o hinchada a los equipos que tienen estas porras familiares en México es mediante el uso de porras, entendidas como gritos coordinados de apoyo, que a manera de discursos rítmicos podían ser repetidos por todos los asistentes, por ejemplo: «chiquitibum a la bim bum bam, a la bio, a la bao, a la bim bum ba, Vera-cruz Vera-cruz ¡Rah Rah Rah!». Paralelamente a este fenómeno sucedían en la Argentina el desarrollo de las Barras Bravas.

Hubo enfrentamientos y robos en el barrio de Núñez durante el transcurso de esa tarde.

Así, en 1996, llegan por primera vez las Barras a México, presentándose la ULTRA TUZA del Club de Fútbol Pachuca en un partido contra el Club América.

La introducción de este fenómeno sudamericano fue impulsada por la directiva del Pachuca, quienes mandaron a traer gente de la barra “Los Cruzados” de la Universidad Católica de Chile y de la “Ultra Morada” del Saprissa de Costa Rica para que ellos organizaran a los aficionados mexicanos. A partir de ese momento, los demás equipos mexicanos empezaron a copiar el concepto de barra brava y los jóvenes comienzan a ver en esa idea del barra brava algo con lo cual identificarse: ser joven, barrista, demostrar ser más agresivo y tener más aguante que el otro. En México el barra-brava es una antítesis de la porra familiar que es tranquila, busca convivir con los niños y niñas dentro de un clima característicamente familiar.

¿De qué equipo sos?

Como investigador del deporte debo mantenerme neutral (risas). Pero digamos que, para estudios, no soy de ningún equipo, aunque simpatizo un poco con el equipo con el cual trabajé: los Tiburones Rojos de Veracruz.

Daniel Angelici, presidente de Boca Juniors, aseguró que hay «elementos suficientes para descalificar» al conjunto de Núñez.

¿Cuáles fueron tus expectativas con respecto a la «superfinal» y con qué te encontraste?

Creo que toda América Latina estaba observando a Buenos Aires en los días que rodeaban a la final Boca – River. Por un lado, teníamos el acontecimiento del G20 y por el otro, a su antítesis, el congreso CLACSO de Ciencias Sociales. Entonces, en el medio de estos eventos es que se desarrolla el intento de la final de la copa más grande de toda América Latina: la Copa Libertadores. ¿Y qué pasó?

Que todo se arruinó gracias a la violencia… es triste porque el fútbol es un constructo clave en la identidad argentina al menos desde la visión de los mexicanos. Yo antes de viajar esperaba encontrarme con la experiencia de las celebraciones de los hinchas, poder cantar, gritar y emocionarme junto con ellos, independientemente del resultado. Aún así, me he desilusionado por lo que ocurrió. La causa que impera con letras mayúsculas de lo que ha pasado con el bus (colectivo) de Boca Juniors es la violencia.

Gianni Infantino, presidentede la FIFA, se encontraba presente dentro del estadio aquél día.

¿Qué hay detrás de esas piedras y botellas de vidrio arrojadas?

Pablo Alabarces y otros expertos en el tema coincidimos en que siempre los puntos que se tocan cuando se habla de grandes partidos de fútbol en la Argentina son: la seguridad y la violencia. Como una dicotomía que siempre está presente, una se vuelve dependiente de la otra, la violencia y la seguridad van de la mano circulando por los debates en torno a los grandes partidos. Sin embargo, la manera en que se ha tratado la «prevención» y la seguridad de los eventos ha sido siempre usando la fuerza como herramienta.

La fuerza solo causa resistencia y más violencia; no es la solución definitiva. Para prevenir, la idea debería ser la «concientización» de las barras bravas, de los aficionados, de los hinchas: hacerles ver que eso que están haciendo no es positivo ni para ellos, ni para los clubes, ni para la población. Por otro lado, al menos con lo que me he encontrado en mis estudios, la violencia dentro del mundo de las barras bravas tiene un sentido y, para ellos, la violencia encuentra una lógica, es decir, tienen una justificación para aplicar esa violencia.

Dos días luego de los incidentes, Martín Ocampo renuncia como ministro de seguridad de la ciudad de Buenos Aires.

¿Cuál sería esa lógica?

Se puede pensar que todo ese razonamiento viene del aguante como lógica. El aguante, desde mi punto de vista y basado en otros autores como Alabarces, Zambanglione y Garriga Zucal, sería la motivación violenta que vendría a proveer cierto prestigio al hincha. El aguante como lógica está concretada en el hecho de poner en acción el cuerpo, demostrando fortaleza y masculinidad al llevar a cabo acciones visuales y sonoras de aliento al equipo, así como soportando viaje, frío, hambre y otros sufrimientos. El aguante se apoya en el discurso homofóbico y machista que construye la legitimidad masculina en la violencia contra el otro (la idea de que lo macho y lo masculino se encuentra ligado a la fuerza, en contraste de la «debilidad» con la cual se relaciona a lo femenino).

En relación con lo que pasa en México, allá este concepto de aguante se encuentra cruzado por la idea del desmadre; ¿qué es el desmadre?, es una violencia juguetona que sirve de cohesión social, compuesta por insultos y agresividades toleradas con el fin de humillar al otro, pero también es reconocer su pertenencia al grupo, situado todo esto en el actuar de que el hincha soporte burlas y contactos físicos con el fin de demostrar su identidad y pertenencia con el club. Entonces los barras bravas tratan de tener el dominio de este aguante dentro del estadio, en oposición a los otros, para así poder controlar este capital simbólico tan complejo. El aguante del hincha no es solo hacia un club, sino que es el aguante a un consumo cultural: el fútbol —los clubes— son un producto comercial en sí mismo. El aguante finalmente implica afirmar ese mismo producto comercial dentro de tu vida.

El ataque sucedió seis días antes de que comience el G20 en la ciudad de Buenos Aires.

Los potreros, luego las canchas, más tarde los estadios de fútbol, estaban pensados como espacios públicos que congregaban distintos sectores de la sociedad en un mismo lugar. ¿Por qué dos personas con miradas distintas no pueden reunirse a ver un partido?     

Existe una intolerancia muy grande que se encuentra basada en la idea del fanatismo y de la pertenencia social a un grupo en especial. Este fanatismo se construye a partir de la idea de territorialidad simbólica de los hinchas por el club y es lo único por lo que ellos viven. Además, las políticas que se aplican en torno a este conflicto, de si debe haber público visitante o no, son políticas que se construyen sobre la idea de «prevención» que busca siempre contener, pero no resolver, es decir: busca calmar la situación violenta de las canchas mediante el uso de la fuerza. Se debería concientizar a las personas, ya que existen casos específicos en los cuales las barras bravas han ido cambiando su actitud y perspectiva.

El incidente llevó a reprogramar el encuentro para el domingo 9 de diciembre en el Santiago Bernabeu de Madrid.

El caso colombiano es emblemático en este sentido. ¿Qué está sucediendo allá? La ley misma del país contempla como figura jurídica al sujeto de barrista social o barrismo social: ellos son barras bravas de los clubes que buscan canalizar su violencia mediante el apoyo social, en la organización de políticas públicas, así como en la concretización de torneos de fútbol para alejar a los chavos (chicos y chicas) de la delincuencia y preocuparse más por mejorar su barrio que por matarse a golpes.

Al final, la violencia en el fútbol existe, y en dos formas: física y simbólica, en los golpes y en los cánticos, respectivamente, por ejemplo. No podemos acabar con la violencia, pero sí podemos transformarla. Es decir, puede canalizarse la violencia como en el caso colombiano: en donde los hinchas de los clubes han trabajado tanto por sus barrios que el Estado mismo ya los tiene en cuenta como personas jurídicas dentro de planes nacionales de acción pública sobre temas relacionados al fútbol. Allá el hincha es un actor y un sujeto jurídico para con el Estado, más allá que cuenten o no con la directiva del club, porque ellos sí trabajan y consiguen efectuar cambios reales en la sociedad, por ejemplo: al disminuir la violencia y al mejorar su entorno social. Allá, el Estado debe trabajar en conjunto con las barras bravas.

Entonces, hay un camino distinto que puede construirse basado en la idea del barra brava positivo. Algo parecido está sucediendo en Chile con la “Garra Blanca” del equipo Colo-Colo, en donde buscan trabajar como en Colombia, pero sin llegar aún a esos niveles de legitimidad política contemplada por el Estado.

La Policía Nacional de España admitió que será el operativo más grande e importante para un evento deportivo.

Por otro lado, en el caso de México también se da con dos hinchadas: La “Hinchada Popular Unión Auriazul” que alienta a los Pumas de la UNAM y la “Libres y Lokos” de los Tigres de la UANL. Ambas barras han comenzado a ejercer acciones en sus ciudades (Ciudad de México y Monterrey, respectivamente) para realizar un cambio y un aporte social que mejore su entorno, aunque, como en el caso chileno, aún no logran penetrar totalmente en el estado mexicano…, pero con algo se empieza.Para que un partido se juegue con normalidad, la solución no es aplicar fuerza o reprimir a los barras bravas, sino abrazar su realidad e incluirlos como actores transformadores de la situación social de sus barrios y clubes.

En 2011, Mauricio Macri twitteó: “El futbol expresa mucho de lo que le pasa al país”.

La realidad del barra brava debe ser abrazada, no golpearla todavía más. Gracias a los trabajos positivos de los hinchas en los casos ya mencionados, el barra brava deja de ser un criminal, para pasar a ser un transformador social que sea útil para mejorar a la sociedad. No hay que olvidar que los barras bravas son ciudadanos de derecho: no son inadaptados o animales, son personas con identidades cambiantes dependiendo del contexto, la temporalidad y el lugar en el que se encuentran. Esa persona, es un barra brava, pero también puede ser padre de familia, hermano, tío, taxista, hijo, ciudadano y llevan una ideología. Este es la compleja identidad que se da en cualquier persona, los animales no la tienen. La violencia existe, hay que canalizarla haciendo otra cosa, yo propongo: hacer barrismo social.

“¿Qué hincha se anima a tirar una piedra en el próximo partido si te dan una condena de 14 años? Esa es la forma de corregir los comportamientos”, expresó el presidente argentino en conferencia de prensa.

La pelota no se mancha. ¿Qué valores puede aportar el fútbol?

Hoy en día el fútbol es considerado mediáticamente por la sociedad global como un gran promotor de salud y generador de sentimientos positivos. A la acción de jugar se suma la de competir, observar, convivir, ganar o perder como parte del entramado conceptual que lo conforman, logrando trascender de su función lúdica para incorporarse como parte habitual en la vida de muchas personas en el mundo.

El fútbol es mucho más que solo correr tras un balón (pelota) y ganar, está tan metido en nuestra sociedad que incluye muchas más expresiones, hasta llegar a conformar prácticas, creencias e identificaciones en torno a él.

El barrismo puro es una expresión derivada del deporte por ejemplo: sin fútbol, el barrismo no sería lo que es, no existiría, ni sería tan positivo o negativo como lo es hoy en día (dependiendo contextos y países).

Es el primer superclásico Boca – River que se disputa en la instancia final de la Copa Libertadores de América. 

¿Cómo crees que el resto de América Latina nos mira después del fracaso de la superfinal?

Sí importa cómo el mundo ve a la Argentina después de lo sucedido. En este momento, por el CLACSO, el G-20 y la superfinal, América Latina está mirando a Buenos Aires. Cuando todos en el mundo pensaban que esto iba a ser un éxito, sucede lo que al parecer los mismos argentinos esperaban: un fracaso garrafal. Algunos me comentaron incluso que si no puede controlarse un partido de fútbol entonces mucho menos un evento como el G20.

A pesar de que se habla de mucha seguridad para el evento de líderes mundiales, de paros en trenes, subtes y buses la prueba de fuego de la superfinal no se pasó.

Algunos jugadores del plantel de Boca Juniors sufrieron cortes de vidrio y malestares por los efectos de gases lacrimógenos. 

América Latina ya no ve hoy a la Argentina como el país exitoso y moderno con el cual suele proyectarse a sí misma, sino, quizá, como la idea que persiste a ojos de varios de sus mismos ciudadanos (al menos con los que he platicado): una realidad que va más allá de la imagen, que habla de crisis económica, de inseguridad y de desorganización, lo cual, tal vez, termina de concretar una idea local y pesimista sobre el país mismo.

Como muestra tenemos al diplomático canadiense asaltado a cinco cuadras de la Casa Rosada, sede del poder argentino.  

Hasta el momento, el superclásico argentino Boca – River lleva 248 partidos disputados. (88 victorias de Boca / 81 de River / 78 empates).

Periodistas deportivos y muchas personas afirman que lo sucedido es un reflejo de la sociedad argentina. ¿Qué opinás?

Es una total exageración. Porque lo que pasó tiene que ver con violencia en el fútbol, la sociedad argentina va más allá, es más compleja que eso: en este momento los argentinos están muy preocupados por la política económica y están sufriendo caídas muy drásticas de la moneda en cuanto al dólar. Frente a esto nos encontramos con la posibilidad de que surjan «distractores» para desviar la atención de la gente y que se tranquilicen los ánimos respecto de la inflación. Por lo menos, si estuviéramos en México, podríamos considerar que el partido es una desviación momentánea. Sin embargo, que los piedrazos al autobús de Boca reflejaran a la sociedad argentina es una exageración: no todo en este país es Boca y River.

River quedó eliminado de la Copa Argentina y su única chance para jugar la Copa Libertadores del año que viene es ganarle la final a Boca.

De todos modos, considero que los aficionados barristas o barras bravas tienen la responsabilidad de preocuparse por mejorar su barrio, por canalizar la violencia en proyectos sociales, de parar un poco la intolerancia y así, de la mano del Estado, poder crear políticas públicas que mejoren el país y el fútbol. Basta de violencia basada en sentimientos personales que llevó a que se chingara (arruinara) esta histórica final de la Copa Libertadores.

Jorge regresa a su México querida para continuar sus investigaciones sobre fútbol.

NOTA: JUAN ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

FOTOGRAFÍA: MELANIE GUIL / SENDERO ELEGANTE

COLABORACIÓN: LILIANA VELASCO / SENDERO ELEGANTE





Juan Zingoni

Juan Ignacio Zingoni es estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA y de a poco saxofonista. Nacido en Bahía Blanca e hincha de Boca Juniors. Cuando le regalaron una colección de crónicas de Leila Guerriero no pudo parar de leerla. Dejó de hacer malabares en el parque y de formarse como trapecista circense para comenzar a enamorarse del género de la crónica y de la entrevista. Este año, como los anteriores, Juan se propuso un objetivo a corto plazo: seguir vendiendo su lemoncello casero. Y su sueño a largo plazo: escribir una crónica de viaje sobre Islandia.

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