FLOR HALFON Y EL PERIODISMO HORMIGA

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI

TODOS LOS DÍAS DESDE LAS 5 AM

Son las cuatro de la mañana y la iracunda ciudad de Buenos Aires se encuentra en un estado de siesta. Ella habrá dormido dos horas, pero aun así logra reunir fuerzas para levantarse. No hay razón para sacrificar ese espíritu noctámbulo por el que sus amigos y familia siempre la reconocieron. Menos aún para arremeter en contra de la responsabilidad del trabajo diario, de la pasión de cada día. Una ducha y unos minutos para revisar las noticias desde el celular es todo lo que necesita. No vaya a ser que algo importante acontezca durante esas dos horas de ausencia de este mundo real, que, a veces de tan sorprendente, cuesta diferenciarlo. No encuentra noticias nuevas esta vez. Se relaja, toma las llaves y, como cada madrugada, le declarará la guerra a sus ojeras: se calza los auriculares, prepara un AC/DC en Spotify, y Florencia Halfon dispara hacia la salida.

Al mismo tiempo en que un camionero que viaja por la Ruta 3 enciende la radio, hay un argentino que trabaja como mozo en Moscú y que ingresa a la web de radio Metro. No se conocen, pero son parte de esas miles de personas que comienzan a vivir cada día antes que la mayoría. Ellos son la comunidad de las cinco AM, y ella es su periodista, Florencia Halfon Laksman. “Son un montón de personas solas que se sienten acompañadas, no solo por quienes hacemos el programa, sino también por los otros oyentes”, afirma Florencia y cuenta que, continuamente, los escuchas de su programa envían mensajes para preguntar cómo están otros oyentes. “Esa comunidad me parece espectacular y no la encontrás en otro espacio”.

—¿Siempre tenés buena devolución de tus oyentes?

—Ellos son particularmente muy agradecidos. Te pueden llegar a discutir algo, pero te lo discuten de un modo tan respetuoso y te escuchan con tanta atención que, nuevamente, no lo ves en otra parte —y yo he trabajado en todos los horarios—. En el resto del día, a los oyentes les pasa que están más distraídos, pero en ese horario, el contacto es muy mano a mano.

—¿Qué genera la radio a diferencia de los otros medios?

—Un ambiente más familiar. La tele genera cierto cholulismo raro por los famosos que pasan por ella. En la gráfica, algunas veces, ni te conocen. Pero en la radio, cualquiera que hable, es familia. El otro día jodía con que apareció una polilla dentro del estudio y yo estaba aplaudiendo al aire como tratando de cazarla. Entonces, estuve todo el programa diciendo: «ahí la maté». Pasaban los días y los oyentes me seguían preguntando por la polilla. Tienen un nivel de registro muy loco.

—¿Te escucha tu familia?

—Sí, me pasa con amigos o con familia que no veo hace mucho y que me dicen: «yo igual estoy con vos todas las mañanas». Para ellos estoy en sus casas todos los días. La radio es mágica, no te das cuenta y está con vos.

—Antes de que saliera al aire tu anterior programa, Antes que Nadie, no existían muchos espacios en ese horario.

—No que yo sepa. Es algo novedoso al punto tal que, cuando nosotras abrimos ese horario (con Olivia Sohr), hubo otras radios que también abrieron un espacio a esa hora. Es clave que lo mantengamos y que Antes que nadie ahora sea Amanecer Metro. Que siga existiendo ese momento es hermoso para la radio. Si bien es difícil levantarse, se recontra disfruta de ese horario.

Nueve de la mañana y Flor sale del estudio; acaba de finalizar De Acá en Más, programa en el cual ella es columnista de actualidad de María O’Donnell. Flor baja las escaleras con energías y con alegría se despide de sus colegas de la radio. Cuatro horas antes, mencionó durante su programa que solo había dormido dos horas, pero las ojeras no se notan. “Por el momento no me preocupa. Ya me imagino que debe haber consecuencias”, confirma Flor. Aun así existe una especie de espíritu que la obliga a acostarse después de las novelas de las doce. Así, el despertador de las cuatro de la mañana convive en un matrimonio particularmente funcional con el reloj mental de Flor: “Si estás contenta y entusiasmada con el laburo, ¡te levantás! Además tengo que estar al tanto de las noticias hasta tarde”.

El trabajador esforzado, la mujer que labura sin descanso, quien sufre o es víctima de una injusticia. No son unos pocos, son cientos de miles, y Flor los tiene permanentemente en cuenta al momento de trabajar. Entre coberturas que ha realizado, temas en los que se especializa y proyectos que tiene por delante, queda en evidencia su odio a la tragedia social y su compromiso por dar una mano.

“Andá a que te pase”

—¿Te ha costado mantener el ánimo al aire en algún momento?

Cuando suceden hechos como los de Santiago Maldonado o el Ara San Juan, me cuesta poner el tono alegre que suelo tener habitualmente, y en esos días, estoy todo el tiempo disculpándome con los oyentes.

Si Flor no tuviera que levantarse a las cuatro de la mañana cinco veces por semana, no dudaría en aprovechar el silencio y la tranquilidad de la noche para trabajar en su primer libro. “Es sobre las tragedias sociales más grandes de este siglo y con las que vengo laburando desde hace años: Cromagnon, Once, Ara San Juan, entre otras”. Desde los acusados hasta los familiares de las víctimas, pasando por los encargados del proceso judicial, Flor se propone abordar distintos rincones de la historia de estas tragedias. “Cada caso es una circunstancia distinta de la otra y me gusta esa lectura de los hechos. Estas tragedias tomaron por sorpresa a los Gobiernos, y ahí se ven distintas reacciones”, cuenta la periodista.

—¿Qué enseñanza te llevás de años trabajando sobre estos temas?

—En todo este tiempo, aprendí con las tragedias que uno puede hacer las lecturas que quiera sobre cómo cada una de esas personas reacciona ante la muerte de un hijo o de un ser querido o de un hermano… pero andá a que te pase. Lo último que se me ocurre es juzgar la reacción de familiares que con mucha convicción se pusieron una causa al hombro y encontraron allí un motivo para vivir. También es verdad que al principio los medios asfixian a las víctimas, si bien estas agradecen la atención que le ponen a su causa, pero, con el tiempo, esa atención se disipa; luego es necesario que un periodista los vaya a buscar después de años, y para ellos es muy importante.

¿Qué te enoja de estos acontecimientos trágicos?

—Lo que peor me pone es que cualquier Gobierno puede pifiar y luego buscan la manera de salirse con la suya. Te dicen: «¡ah!, pero los recursos son limitados, y elijo por dónde empezar a reparar». Entonces, ellos como invirtieron en tal lado, no pudieron invertir en lo otro. Se excusan en el «todo no se puede».

—¿Hablás de un Gobierno en particular?

—Según mi lectura, en estos casos, es un síntoma de que ningún Gobierno ha estado a la altura de las circunstancias. Por ejemplo, Once, donde ni siquiera te dicen: «bueno, hicimos lo que pudimos, no invertimos antes porque invertimos en esto y lo otro». Los gobiernos argentinos nunca han encontrado el modo de acompañar a los familiares.

—Después terminan siendo opositores, como María Luján Rey (madre de Lucas Menghini, una de las víctimas de la tragedia de Once).

—Exacto, es tanta la soledad de las víctimas por parte del estado que, después terminan siendo —como el caso de María Luján— integrantes de la oposición directamente, y no es solamente el enojo que ella tiene con el kirchnerismo por lo que pasó. Es, además, por la reacción del kirchnerismo después de eso. Lo mismo con el Gobierno de Macri y el Ara San Juan o con Ibarra en el Gobierno de la Ciudad durante lo de Cromañón. Recuerdo el destrato a la víctimas, cuando Carrió dijo lo de “Disney” en relación a Maldonado, o el porcentaje de probabilidades de que Santiago estuviera en Chile. Nunca hubo un Gobierno que estuviera a la altura de las circunstancias.

¿Se terminó la guerra con los medios?

¿Estás en contacto con colegas de C5N y otros medios que están en una situación de crisis económica? ¿Cómo están luchando?

Sí, recontra. Hace cuatro años que entre colegas de distintos medios nos acompañamos en todas las movilizaciones por la crisis laboral periodística. Cuando pasó lo de la crisis y cierre de Tiempo Argentino, otros venían a acompañarnos, y luego nosotros acompañamos a los colegas de Radio América, y luego ellos venían. A todos nos pasa un poco lo mismo y por eso tratamos de apoyarnos mutuamente.

—¿Cómo ves la actitud del Gobierno de Macri?

No tuvieron ninguna preocupación por buscarle una vuelta a las fuentes de trabajo. De hecho, hay todavía mucha intención de que algunos medios dejen de existir directamente.

—¿El sufrimiento del periodismo es crónico?

Siempre el periodismo tuvo, en este país, mucha desprotección; esto pasó toda la vida, pero este es uno de los peores momentos. Y peor si tenés alguna crítica para hacer o estás en un medio que es bastante crítico. Ahí vas a tener muchas preocupaciones en el campo económico, de llegar a cobrar un sueldo en ocho meses por ejemplo, ¡y si lo cobrás!

Toda la vida en la capital. Muy de Palermo y de Colegiales, cambió de colegio un par de veces, pero el instituto Lengüitas es el que más recuerda. Allá por el año 1996, chicos y chicas de trece años jugaban en los patios a la pelota o alguno que otro andaba con un tamagotchi. “Yo me llevaba el walkman para escuchar la Rock & Pop en los recreos”, cuenta con alegría. El turno escolar de mañana no le permitía seguir su fanatismo con el programa de Pergolini o escuchar a sus bandas preferidas: AC/DC, Oasis, Green Day y Blur, entre otras de este estilo. Era entonces que Flor aprovechaba cada feriado para encender la radio y escuchar al conductor, otras noches con las amigas llamaban a la radio para dedicarle temas a otras personas. “Y así fue mi adolescencia. La radio siempre ha tenido una compañía que me encanta”.

“Mientras yo esté viva, la radio no muere”

Los inrockupitbles fue una revista francesa de música, cine y libros que tuvo su primera edición internacional en el año 1996. Al poco tiempo de abrir su sede en la capital porteña, la administración recibiría a una niña de trece años, fanática de ese proyecto, entusiasta por inercia, una curiosa de nacimiento que lo único que deseaba era un “sí dale, venite” como respuesta a su única pregunta: “¿necesitan gente?”. Así, el sueño de Flor se cumplió y a los trece años comenzó a vender suscripciones a sus familiares. “¡Yo ya sentía que estaba haciendo periodismo posta!”, recuerda.

—¿Cómo sigue la historia?

Los inrockuptibles tenía un programa de radio en la Rock & Pop; entonces, de vez en cuando, me pedían ir a reemplazar a alguien para atender el teléfono. Ahí conocí a un productor que me vio con muchas ganas de laburar, y me llevó a otra radio, y de allí otro me llevó a la televisión, y empecé a trabajar en una productora durante muchos años.

Si tuvieras una máquina del tiempo y viajaras a ver a la Flor de trece años, ¿qué le dirías? ¿Que no fuera a Los inrockuptibles?

—Sí, le diría que fuera. Recuerdo que tenía momentos en los que quería ser actriz. Cada tanto voy a clases de teatro y la paso tan bien que no quiero nada más que eso. Ser periodista y jugar un poco —de vez en cuando, sin que se entere mucha gente— a ser actriz.

—¿Sentías que te faltaba cancha? ¿Cómo te ibas formando?

—Yo terminé TEA periodismo y además, porque estaba con muchas cosas, llegué a hacer el CBC de Ciencia Política. En los laburos, todas las personas me fueron enseñando algo. En cada lugar, veían que me faltaba muchísimo, pero eso yo lo compensaba con mucha voluntad de trabajo. Le dediqué  mucho tiempo a esas primeras oportunidades, porque sabía que eran importantes. Aun así, tuve muchas más oportunidades que no supe aprovechar porque no era el momento.“Yo quiero que seas Flor de Indomables que viene a informar sobre el mundo del espectáculo”, le comentaba Andy Kusnetzoff a Flor por el 2003. Sin embargo, la dinámica de Perros se estaba armando, Flor acomodaba su vida, y, entonces pasaron uno, dos meses, y la oportunidad se cayó.

—¿Qué tanto te gusta la radio? ¿Pensás que este medio se puede morir algún día?

—Tengo muchas radios de distintas épocas que las colecciono como objetos; también llevo tatuado un micrófono de radio en el tobillo. Después a mí no me importa a través de qué medio podamos contar lo que queremos contar, de lo que estoy segura es de esto: la radio mientras yo esté viva no se muere. Para mí, está recontra viva y todos los días tengo pruebas de eso.

«Verla a Flor, que empezó como columnista y terminó siendo una conductora fundamental para esta radio. Ella es una verdadera todo terreno”, afirmó el conductor y periodista Juan Pablo Varsky en la despedida de No somos nadie tras doce años de programa. Juan Pablo, fue el periodista que le ofreció a Flor su oportunidad en el mundo: trabajar con él en la primera hora de Radio Metro. Con una sonrisa, Flor anticipa que aquel recuerdo le desprende un sinnúmero de nostalgias, y esta abundancia puede decantar en algunas lágrimas. Flor no acepta la cualidad de “todoterreno”, pero sí se la atribuye a su maestro y colega, Juan Pablo Varsky. Por otro lado, la periodista sí destaca la voluntad de trabajo como su capital fundamental. ¿Cuántas personas encontramos que puedan levantarse todos los días a las cuatro de la mañana con todas las pilas? “Yo no soy una talentosa. Yo soy laburadora hormiga. Una obsesiva del trabajo cotidiano. Yo soy una obrera. Eso es lo que soy”.

PERIODISMO SIN HAMBRE

«La verdad siempre tuve un amor por la radio y por la gente que se involucra en ella con mucha pasión. Flor es una de esas personas que admiro por la dedicación que siempre da”, expresa Pablo Aguirre, estudiante de Flor.

—¿Qué esperas de quienes se están formando como estudiantes de periodismo? ¿Qué es lo que necesita la Argentina en este campo?

—No hay ganas de comerse la cancha. A esta camada la veo muy vaga. Un trabajo no se resuelve así nomás. Uno tiene que llevar veinte ideas a la producción y esperar que te digan: «no me gustan». Hay que adelantarse a lo que te van a decir y preocuparse mucho por todo. Hoy lo que puede hacer la diferencia es eso: gente súper atenta para que todo salga bien. Hay muchos que solo están preocupados por cumplir o resaltar que trabajan para tal o cual medio.

—¿Existen pocas ganas de buscar entrevistados, por ejemplo?

—En parte eso, siempre fue una boludez ubicar a una persona. Muchos creen que con tener una agenda de contactos ya está. Pero la agenda es lo de menos, porque lo que importa es qué vas a hacer con ese teléfono cuando lo vas a llamar. Es más importante el modo en que haces las cosas y no si tenes la agenda. También el tacto y la sensibilidad, cualidades que deben entrenarse y tenerse muy en cuenta todos los días. No es lo mismo hablar con un familiar de una víctima en una circunstancia de mierda que hablar con un político.

—¿Qué le preguntarías a quienes trabajan sin vocación en el periodismo?

—Me he encontrado con gente que hace berrinches porque le ofrecen trabajar en un programa los fines de semana o vienen trabajando muchos fines de semana y dicen basta. ¿No era que querían dedicarse a esto? Tenemos la suerte de hacer lo que, en principio, nos gusta hacer. En un comienzo, las empresas se aprovechan de vos y te pagan poco, sí, pero lo importante es nunca laburar gratis. El periodismo es un oficio, no es un trabajo con necesidad de título a priori. Te van a pagar poco. Hace falta vocación, y que el periodismo tenga más preguntas que respuestas absolutas. Cuando el que prende la tele espera que esa persona diga lo que yo pienso, algo está mal.

—¿Cómo crees que podría avanzar el feminismo en los medios?

—No tengo claro que la lucha sea asegurar un cupo o asegurar otra cosa. Aunque sí estoy segura de que todos, con la mayor honestidad posible, tenemos que ocuparnos de informarnos todo lo posible para hablar, no solo sobre temas de género, sino sobre cualquier tema, con una mirada que no deje fuera a nadie y que no se perpetúen ciertos estereotipos, no solamente machistas, sino discriminadores en general. ¿Qué sé yo quién está escuchando? ¿Cómo se siente? ¿Qué es lo que le pasa? Porque vos podes hacer un chiste, y por ahí te está escuchando una mina que ayer fajaron. Hay cosas con las que no se jode. Tenemos que pensar que el que nos escucha no siempre será un chabón que tiene todo resuelto en la vida.

—¿Esa es tu idea de periodismo?

—El periodismo debe ser un servicio para la gente que no tiene voz o para la gente a la que le cuesta hacer llegar sus mensajes. Si lo que vas a contar es cómo le está yendo a Coca-Cola, no me parece bien; tenemos que poder mirar y contar lo que le pasa a la gente que más necesidades tiene.

DE ACÁ EN MÁS, UN NUEVO COMIENZO

—¿Ahora con María O’Donnell hubo un cambio enorme?

—Es completamente otro estilo. María es una profesional que respeto y es para mí un honor trabajar con ella. La he visto, leído y me interesa su mirada, su modo de contar las cosas y de hacerlas llegar. Si bien el resto del anterior equipo se fue y yo me quedé, siento que estoy ingresando a un lugar distinto. Cada nuevo equipo debe ser consciente de que está en un nuevo comienzo. Habrá que adaptarse a un equipo, a un espacio y a nuevos oyentes.

—¿Qué cambió y qué permanece de la Flor de trece años?

—Espero que haya cambiado todo, salvo el entusiasmo por trabajar. Por suerte, mejoré mi mirada hacia el periodismo y el modo de hacerlo. Todos los días lo pienso, soy consciente de eso. Hace unas semanas, cuando comencé el nuevo programa y María (O’ Donnell) estaba por llegar con el resto del equipo, yo pensaba: «uy, tengo que preparar tal tema, tal cosa y tal otra». Estaba muy estresada hasta que me cayó la ficha de que se venía un programa de tres horas y me relajé. El mejor plan del mundo es estar tanto tiempo en la radio. Este medio me relaja; para mí, no hay nada mejor porque la paso muy bien.

—¿Un leitmotiv que te represente?

—Se me viene a la mente una de Calamaro que es muy elemental: «porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando».

—¿Por qué arrancaste en el periodismo?

—La verdad es que no lo sé, no es que esto no lo sepa hacer… pero no sé hacer otra cosa.

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL: JUAN MANUEL CAFFERATA Y LUCAS BAYLEY / SENDERO ELEGANTE


Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni es estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA y de a poco saxofonista. Nacido en Bahía Blanca e hincha de Boca Juniors. Cuando le regalaron una colección de crónicas de Leila Guerriero no pudo parar de leerla. Dejó de hacer malabares en el parque y de formarse como trapecista circense para comenzar a enamorarse del género de la crónica y de la entrevista. Este año, como los anteriores, Juan se propuso un objetivo a corto plazo: seguir vendiendo su lemoncello casero. Y su sueño a largo plazo: escribir una crónica de viaje sobre Islandia.

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