ESCUCHAMOS VIOLENCIA

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

Las bandas y los escuchas ya no somos los mismos. En los últimos años, agrupaciones nacionales de música, como Onda Vaga, Salta la banca, Pez y Los Espíritus, por nombrar algunas, han cancelado sus proyectos a causa de una serie de denuncias por abusos. Algunas de estas nacen y se divulgan por medio de las redes sociales o se agrupan en páginas dedicadas a visibilizar casos de denuncia, como lo hace el blog Ya no nos callamos más. Por supuesto que la violencia desborda el ámbito de la música y no se debería limitarse el debate social a un único campo. Aún así, al hablar de artistas y fanáticos, considero correcto dedicarle algunos párrafos al tema.

La violencia mancha la música, y detrás de cada música puede haber una violencia que no es cantada. Podríamos decir que últimamente estos casos han sido planteados bajo la clásica dicotomía de la obra y el artista. ¿Podemos separar la creación del creador? ¿O por qué buscar hacerlo? ¿Está bien que pasemos este músico por la radio? El debate ha regresado en las últimas semanas por el estreno del documental Leaving Neverland acerca del lado oculto del Rey del pop: Michael Jackson. ¿Cómo escuchamos Thriller si conocemos acerca de las denuncias de abuso de menores de Jackson? ¿Hay un antes y un después a la denuncia? Las respuestas, una vez más, son múltiples.

Al entrar al blog Ya no nos callamos más, se observa que cada publicación de denuncia hacia las bandas genera distintas reacciones. Por un lado, están quienes responden con lamento y decepción acerca de la agrupación, quienes juran no volver a escuchar su música o hasta quienes aseguran que “lo venían haciendo hace rato”. Por otro lado, también aparecen quienes exigen días, horarios y lugares, y reclaman por evidencia y denuncias realizadas con nombre y apellido.

Michael Jackson

Un problema que subyace en estos casos es que la situación de posible delito es difícil de comprobar: los únicos que pueden dar cuenta de los hechos son, muchas veces, las dos partes implicadas. La verdad queda puertas adentro y la disputa por la veracidad comienza afuera. En este sentido, la antropóloga y feminista Julieta Greco considera que no tiene el mismo peso una denuncia con nombre y apellido, una denuncia con identidad reservada o una denuncia anónima. «Cuando no hay una persona o nombre detrás de una denuncia es más difícil creer, pero también considero incorrecto querer forzar a hablar a quien haya sufrido de una situación de abuso sexual. Esa decisión se debería tomar con el apoyo y la compañía de otras personas porque se tiene que estar listo para atravesar momentos muy difíciles».

Maxi Prietto, integrante de Los Espíritus.

Las denuncias han dilapidado algunos de los proyectos musicales mencionados. Es el caso de Los Espíritus, banda nacional que venía de su mejor momento profesional, tocando en varios países de la región. En este caso, las denuncias llevaron a dividir las aguas dentro del grupo. Después de las acusaciones de abuso esbozadas en contra de su cantante Maxi Prietto (cuando participaba de su proyecto anterior llamado Prietto Viaja al Cosmos con Mariano), la banda sacó un comunicado en el que divulgaba la desvinculación del artista. Dos semanas más tarde, la banda volvió a incorporarlo: “ahora, con más perspectiva y al contar con mayor información, entendemos que, en este caso, no fueron testimonios que buscaban alguna forma de reparación, sino un linchamiento. Queremos pedirle disculpas a nuestro público, a Maxi y a su familia por habernos hecho eco de los testimonios anónimos que se difundieron”, afirmó la banda en su nuevo anuncio. Sin embargo, la decisión no fue compartida por todos sus integrantes: Santiago Moraes (otro de los fundadores de la banda), y los percusionistas Francisco Báez y Fer Barrey decidieron desvincularse de la agrupación tras su reincorporación: “El comunicado que salió el domingo en las redes sociales de Los Espíritus no refleja mi manera de pensar. Ya no formo parte del grupo y nada de lo que se publique bajo su nombre habla por mí”.

Pez

En muchas oportunidades estos casos suelen ser muy difíciles de comprobar y la justicia termina llegando tarde o simplemente nunca llega. ¿Cómo se puede vivir la música de un posible abusador? ¿Alcanza con repudiar en las redes sociales? Seguramente cada quien tenga su respuesta a estas incógnitas. Algunos no querrán seguir yendo a ver al artista en vivo, otros desearán escucharlo solo en sus propias casas o simplemente no se sientan preparados y dejen de escucharlos por un tiempo. Cada quien atravesará su propio proceso con el artista y su arte.

De seguro que estarán esas canciones y aquellos recitales a los que uno le guarda un cariño muy importante, y que pesan en el proceso de escuchar música. Puede que solo nos quede abrazar la incomodidad de escuchar la violencia que está detrás de la música y repensar el rol que nos toca en cada coyuntura. Considero un momento propicio para hacer un llamado a la reflexión, como dice la antropóloga Julieta Greco: «no se puede separar al artista de la obra, uno puede seguir escuchando con la incomodidad de las preguntas valiosas que la realidad tiene para producirnos».

Santiago Aysine, ex líder de Salta la Banca.

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE


Juan Zingoni

Juan Ignacio Zingoni es estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA y de a poco saxofonista. Nacido en Bahía Blanca e hincha de Boca Juniors. Cuando le regalaron una colección de crónicas de Leila Guerriero no pudo parar de leerla. Dejó de hacer malabares en el parque y de formarse como trapecista circense para comenzar a enamorarse del género de la crónica y de la entrevista. Este año, como los anteriores, Juan se propuso un objetivo a corto plazo: seguir vendiendo su lemoncello casero. Y su sueño a largo plazo: escribir una crónica de viaje sobre Islandia.

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