EVITA, LA MUJER QUE MARCÓ UN RUMBO

POR: CAMILA MIELE / SENDERO ELEGANTE

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«Nunca olvidaré el día que murió Evita», dicen millones de argentinos.

En aquellos momentos, hace cien años, nació, sin que yo ni vos ni nadie lo supiera, una mujer inevitable.

La pequeña tribu

Juana Ibarguren —mamá de Evita— bautizó como La «Pequeña tribu» a sus cinco hijos porque vivían cerca de lo del cacique mapuche, Coliqueo. Blanca y Erminda —sus hermanas—  recordaban su infancia como una época de mucho amor y de solidaridad; todos se ayudaban en aquella época de construcción de la Argentina”.

Era martes. Quizá, miércoles. Mayo de 1919; siete de mayo, en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Fue hija ilegítima; Juan Duarte —su papá— mantuvo con su madre, Juana Ibarguren, una relación extramatrimonial. Con once años se fue a vivir a la ciudad de Junín.
La sobrina nieta de Evita y actual diputada Nacional por la provincia de Buenos Aires, Cristina Álvarez Rodríguez, cuenta algunas de las anécdotas familiares: “Recuerdo muchas historias contadas por mi abuela, Blanca Duarte (de) Álvarez Rodríguez, y mi tía, Erminda Duarte de Bertolini, las dos hermanas que yo conocí de Evita. Sus hermanas hacían mucho hincapié en la felicidad de la infancia, en ese pueblo pequeño que era Los Toldos. De Junín recordaban la austeridad por la pobreza en la que vivían y de cómo se amaban y se acompañaban como familia”.

Nadie sabía qué era la felicidad exactamente. Para Evita era actuar. Con tan solo 15 años, decidió abandonar su casa y mudarse a la ciudad de Buenos Aires para cumplir el sueño de ser actriz. Gracias a sus primeros trabajos en teatro y en radio, a los 23, pudo dejar la pensión en la cual vivía y comprarse su propio departamento en la calle Posadas de Recoleta. En el auge de su carrera artística, fue una de las fundadoras y presidenta de la Asociación Radial Argentina (ARA), primer sindicato de los trabajadores de la radio.

SU HISTORIA DE AMOR CON PERÓN

Una escena iba a marcar un antes y un después en la vida de Evita; a sus veinticuatro años. El 15 de enero se había producido un grave terremoto en la ciudad de San Juan, que dejó un saldo de más de 7000 muertos y el derrumbe de varios edificios. Con el objetivo de recaudar fondos para las víctimas, el Gobierno nacional de entonces, en manos del general Pedro Ramírez, desplegó un plan de ayuda para la provincia y sus habitantes.

El coronel Juan Domingo Perón, que en ese momento tenía 48 años, estaba al frente de la Secretaría de Trabajo de la Nación. Fue uno de los encargados de llevar adelante diferentes actividades para la recaudación de esos fondos y organizar un gran festival en el Luna Park, el cual se realizó el 22 de enero y contó con la colaboración de varios artistas. Esa noche, con un Luna Park repleto de celebridades, se encontraron Perón y Eva: nacía un amor que cambiaría la política argentina para siempre.

Él comenzó a dedicarse de lleno a su carrera política presidencial. “Evita me seguía como una sombra, me escuchaba con atención, asimilaba mis ideas y las ejercitaba en su mente extraordinariamente ágil, y seguía mis directrices con gran precisión”, recordaba el Coronel aquellos tiempos de convivencia.

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Desde la Secretaría de Trabajo de la Nación, Perón les dio importantes derechos a los trabajadores. Esta fue una de las razones por las cuales el presidente Farrel, en octubre de 1945, dio la orden de que fuera destituido de su cargo y detenido en la Isla Martín García. Desde la prisión, el coronel le enviaba a su enamorada cartas en las que le declaraba todo el amor que sentía por ella: “Esta inmensa soledad está llena de tu presencia. Tan pronto salga de aquí nos casaremos y nos iremos a vivir en paz a cualquier sitio”.

Evita fue una figura clave para que se produjera el famoso “17 de octubre”, día en que una multitud se movilizó para exigir la libertad del Coronel. Ella se encargó de organizar a los trabajadores y a los sindicatos. Ante el fervor popular, Perón fue liberado. A tan solo cinco días de ese acontecimiento histórico, la pareja dio el sí el 22 de octubre en el Registro Civil de la ciudad de Junín y luego en La Plata, en la Iglesia San Francisco de Asís.

UNA PRIMERA DAMA DIFERENTE

Durante la campaña electoral de 1946, Evita ocupó un papel clave, ya que se convirtió en la primera mujer de un candidato que lo acompañó en una gira proselitista; el resultado fue extremadamente exitoso: la fórmula Perón-Quijano ganó las elecciones con el 56 %.

Eva no fue una primera dama común y corriente; se salió del protocolo y fue distinta de todas. No se limitó a acompañar al presidente a los actos oficiales, también trabajó para mejorar la situación de los más humildes, sus descamisados, y luchó fervientemente por los derechos de las mujeres. Tres días después del triunfo de Perón —en 1946— Evita pronunció su primer discurso político en un acto, en el cual les agradeció a las mujeres su apoyo a la candidatura de su marido. En 1947, celebró el sufragio femenino: “La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo”.

“Fue una mujer valiosa que con su puño crispado se convirtió en una de las impulsoras de la doctrina peronista en todo el país, reivindicando el rol de las mujeres, de sus descamisados, de los que no tenían voz. Fue la voz de un pueblo sufriente que ella reivindicó con creces”, reflexiona la exsenadora y exdiputada Nacional, Diana Conti.

Evita merodea por Europa

La Segunda Guerra había culminado. La crudeza se mantenía en una Europa devastada. Durante el invierno de 1947, Perón decidió enviar a su esposa al viejo continente en representación de la “Nueva Argentina peronista”. La famosa “Gira del Arcoiris” duró 79 días y dejó huellas indelebles en la primera dama. Al regresar, impulsó avances sociales significativos: el voto femenino, la Fundación Eva Perón, la ciudad estudiantil, colonias de vacaciones, los hogares de tránsito, los derechos de la ancianidad, los policlínicos, la ayuda social directa y la creación del Partido Peronista Femenino.

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“Evita fue la esencia del peronismo y la pelea por la igualdad”, la recuerda Juan Manuel Abal Medina, dirigente peronista y exsenador Nacional por la provincia de Buenos Aires.

Una frase inevitable: “Pongo junto al alma de mi pueblo, mi propia alma”. Y así fue: A pesar del avance de su enfermedad, Evita nunca dejó de luchar por un país más justo, más libre y más soberano. Muchos se preguntan si el peronismo hubiera sido lo mismo sin ella. Perón tiene la respuesta: “Sin duda, el peronismo no hubiera sido el mismo sin Eva Perón. Ella puso la cuota de amor y fanatismo que necesitan las grandes causas”.

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Durante el “Cabildo Abierto del Justicialismo” del 22 de agosto de 1951, en un acto multitudinario, la Confederación General del Trabajo le pidió a Evita que acompañara a Juan Domingo Perón en la fórmula presidencial para las elecciones de ese año. Evita declinó este honor —el renunciamiento histórico— y manifestó su única ambición: “Que de mí se diga que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al presidente las esperanzas del pueblo, que Perón convertía en hermosas realidades y que a esta mujer el pueblo la llamaba cariñosamente Evita”.

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SU ÚLTIMO ADIÓS

El día de su último cumpleaños, el Congreso Nacional le otorgó el título de “Jefa Espiritual de la Nación”, que la convirtió en la única mujer de la historia argentina en tener ese atributo. Su cuerpo comenzaba a verse cada vez más deteriorado y en su rostro ya se podían ver signos de cansancio. La vida de Evita empezaba a apagarse. El último discurso lo realiza el 1 de mayo, día del trabajador, frente a una multitud. Se la notaba cansada, pero con la firmeza de luchar y estar cerca de su amor y de sus descamisados.

Tras pelear varios años contra su enfermedad, un 26 de julio, a las 20:25, falleció a la edad de Cristo: treinta y tres años. Su funeral se convirtió en uno de los más masivos de la historia universal; a pesar de la lluvia imparable, miles de personas llegaron de todos los rincones del país para darle el último adiós. Mujeres, hombres, niños, abuelos, familias enteras se acercaban con lágrimas en los ojos para despedirse de la líder espiritual que había cambiado la Argentina. «Jamás tantos lloraron con tantas lágrimas una pena tan honda para su corazón», afirmó Juanita Larrauri, dirigente del Partido Peronista Femenino.

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“Evita fue una mujer de carne y hueso. Única, llena de amor, con ganas de cambiar el mundo y puso su vida para hacerlo; se comprometió hasta dar la vida. En solo siete años de acción política pública, hizo todo por lo que hoy la conocemos, una grande», dice Cristina Álvarez Rodríguez sobre su tía abuela.

La lloraron quienes la amaron, quienes recibieron de ella una caricia, un abrazo. Fue la mujer que le tendió la mano a los olvidados y le dio voz a los que nunca la tuvieron. Sin embargo, hubo muchas personas que festejaron su muerte, como bien lo refleja Eduardo Galeano en uno de sus escritos: “¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta o a lo sumo para actriz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar”.

Su figura sigue tan vigente que a muchos nos encantaría poder remontarnos a esa época para poder hacerle algunas preguntas. “¿Puedo estar a tu lado, caminar y ayudarte en tu causa?”, le hubiera preguntado Diana Conti. Cristina Álvarez Rodríguez sostiene que, de haberla conocido, le hubiera hecho tantas preguntas que no le alcanzaría un día: “Le pediría que nos inspire hacia el futuro, que nos diga cómo seguir, cómo hacer, cómo ser mejores, cómo enfrentar todos los miedos y atravesar todas las circunstancias. Como ella pudo, que nos enseñe”.

¿Qué sentiría Evita al ver la Argentina de Néstor y de Cristina? ¿Qué sentiría al ver la Argentina de Macri?

Cristina Álvarez Rodríguez: Al ver la Argentina de Néstor y de Cristina hubiera visto que creció en derechos y en igualdad, que era lo que a ella más le interesaba en la vida. Su gran lucha era por la justicia social, porque no hubiera ricos muy ricos y pobres muy pobres y porque hubiera un país más humano y más hermano. Respecto de esta Argentina que transitamos de tanto dolor, creo que se indignaría como siempre se indignó frente a la injusticia. Estoy hablando con frases de ella porque no me atrevo hablar por ella. Evita sigue hablándonos y sigue dando cátedra.

Diana Conti: Al ver la Argentina de Néstor y de Cristina, Evita vería que su obra se llevaba adelante y se reivindicaba. Al ver la Argentina de Macri, sentiría lo mismo que nosotros, los peronistas kirchneristas. Repudiaría la oligarquía, al cipayismo y se abocaría a luchar con creces por quienes peor la pasan.Juan Manuel Abal Medina: — De la Argentina del kirchnerismo, Evita reivindicaría la pelea por la igualdad social y de la Argentina de Macri le dolería la falta de trabajo y la pobreza creciente. Pero, de 1983 en adelante, ella nos recriminaría, con mucha razón, a toda la clase política que no hayamos podido terminar con la secuela de la dictadura y con la enorme pobreza que sigue habiendo en el país.

En el día de su cumpleaños, a cien años de su nacimiento, miles de argentinos aún la recordamos. Innumerables actos se realizarán hoy a lo largo y a lo ancho del país para rendirle homenaje a quien fue la mujer que marcó un rumbo, transgredió los límites, traspasó fronteras y logró convertirse en la líder más importante de la historia argentina. Dicen que “el pueblo no olvida a quien no lo traiciona”, por eso, su legado de lucha por la igualdad y la justicia social estuvo, está y seguirá estando siempre presente en el corazón del pueblo argentino.

POR: CAMILA MIELE / SENDERO ELEGANTE





Camila Miele

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