EL REGRESO DEL MUNDO IDEAL

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

En el siglo XVIII, el francés Antoine Gallarde se cruzó en su camino con un cuentista sirio que le contaría una larga historia. ¿Por qué nos interesa esto? Porque era la historia de “Aladino” y Antoine fue quien añadió la magia del genio de la lámpara como uno de los capítulos de “Las Mil y Unas Noches”, convirtiéndola en uno de los textos más famosos de este libro histórico.

Dos siglos más tarde, Disney surge con la idea de hacer “Aladdín”, la conocida película animada de 1992, y casi treinta años más tarde, en el 2019, la misma empresa regresa para ponerle carne y hueso a esta historia fantástica de Oriente. La película es dirigida por Guy Ritchie (“El Rey Arturo” y “Sherlock Holmes”), principal responsable de contratar a Will Smith para el protagónico y elemental puesto del genio de la lámpara. Smith es quien asume el rol de narrador y nos introduce al lugar de los acontecimientos: la ciudad de Agrabah. El resto es bien conocido: un huérfano Aladdín (Mena Massoud) y sin recursos económicos roba comida junto a su mono “Abu” para sobrevivir y compartirlo como Robin Hood a las familias pobres.

Hay dos opresiones durante toda la película: la de género y la de clase social. Por un lado, la princesa Jazmín mantiene y expresa —más que en su versión animada— su oposición a las normas legales y sociales impuestas por su padre y el sistema por el solo hecho de ser mujer. Hay un giro ingenioso en la trama de este audaz personaje y, como complemento, habrá una sirviente que funciona muy bien como un “escape” a la diabetes que causan los momentos de romanticismo en exceso al mejor estilo “UN MUNDO IDEAAAL”. Por otro lado, encontramos que Aladdin sí dispone de su libertad, pero no tiene los recursos necesarios para dejar de robar.

En cuanto a la escenografía y la utilería, algunas partes se quedan cortas de presupuesto, como es el caso del famoso báculo con forma de serpiente del malvado Jafar (Marwan Kenzari) que es notablemente de plástico al igual que el resto de las armas en la película. Sin embargo, no cuestiono el diseño virtual y los efectos especiales: el genio, el elefante, Abu, la alfombra mágica, entre otros, logran mantener un grado de verosimilitud excelente. Por último, los guiones son simples y tontos por momentos, pero está bien dado que es para una película para niños. Vayan con ganas de ver un musical, los temas clásicos de la Aladdín de 1992 saltan de escala en la cantidad de instrumentos, las canciones son orquestadas, la evolución musical es innegable y las coreografías extravagantes.

El Sultán (Navid Negahban) —quien en la versión animada era una persona ingenua, feliz y divertida— se convierte esta vez en un tipo serio y aburrido, pero sin dejar de ser un padre sobreprotector. Mientras la versión animada de Jafar poseía una cara de loco y una voz grave, ahora vemos a un actor con cara de loco y una voz que compite con los agudos del loro que lo acompaña.

Will Smith produce un quiebre fundamental en el largometraje a partir de su segunda aparición. Es el personaje que aporta el humor y el efecto de imprevisibilidad en todo momento. Hasta su entrada triunfal, la película llega raspando a ser mala. Después encuentra el equilibrio entre personajes: Jafar y el loro, Abu y la alfombra mágica, El Genio y Aladdín, Jazmín y su asistente, son las duplas humorísticas principales.

Las dos horas y ocho minutos de duración me parecieron bien (tiene media hora más que su versión animada), dado que Guy Ritchie le dió un desarrollo más importante a los personajes de Jazmín y El Genio.    

To sum up el top 5 de la película: Will Smith como el genio, la música, los efectos especiales, los personajes nuevos y las reflexiones elementales. Aladdín es un pibe muy inteligente y astuto, pero cuando quiere convertirse en alguien que no es, en el príncipe “Alí”, se vuelve estúpido, machista y torpe. Es cuando él aprende que la magia puede cambiar lo de afuera, pero no lo de adentro (lo más importante), cuando todo comienza a solucionarse y el tan coreado mundo ideal, empieza a sentirse un poco más cercano.

Opinión: 3.8 sobre 5 rulos (buena).

POR: JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni es estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA y de a poco saxofonista. Nacido en Bahía Blanca e hincha de Boca Juniors. Cuando le regalaron una colección de crónicas de Leila Guerriero no pudo parar de leerla. Dejó de hacer malabares en el parque y de formarse como trapecista circense para comenzar a enamorarse del género de la crónica y de la entrevista. Este año, como los anteriores, Juan se propuso un objetivo a corto plazo: seguir vendiendo su lemoncello casero. Y su sueño a largo plazo: escribir una crónica de viaje sobre Islandia.

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