¿Es ahora? ¡Adelante radicales!

POR NICOLÁS LUNA

La Unión Cívica Radical celebró una nueva Convención Nacional y trajo novedades al panorama político. Luego de la sorpresiva candidatura de la fórmula Fernández – Fernández, ahora le toca al oficialismo mover sus fichas.  Por momentos socio, por momentos opositor racional y por momentos oficialismo, el radicalismo se enfrenta a una prueba dura de cara a las elecciones que se avecinan. En los comités de todo el país crecen las especulaciones sobre el futuro de Cambiemos y se realizan balances luego de casi cuatro años de retorno al poder: ¿Qué tan efectiva fue la alianza? ¿Cuál fue el grado de participación del partido? ¿Qué logramos formando parte de Cambiemos?

El mejor refugio para esta tarde es el comité

Con más de 120 años la UCR es el partido más antiguo de Argentina. Recuerdo interrumpir una tarde de estudio en el 2011 para asistir a una conmemoración humilde en el Comité Nacional de la calle Alsina. El evento estaba coronado por una chocotorta con los colores del partido y el número 120 grabado con pelotitas de azúcar. Mucho cambió desde ese atardecer lluvioso donde una veintena de afiliados que promediaban los 50 años se reunían afuera del Comité Nacional.

Hoy la UCR recuperó un lugar preponderante dentro de la política nacional y recobró algo de la mística que supo tener hasta los años noventa. La UCR, hasta el 2001, era un gigante político con una fuerte influencia en los sectores medios y altos de la sociedad argentina. Surgió como una fractura de una lejana Unión Cívica y supo enfrentarse y sobreponerse a todos sus adversarios conservadores. La hegemonía radical era clara, incluso luego del golpe que sufre Hipólito Yrigoyen. Durante este impasse dictatorial la UCR apostó a la institucionalización y creó el aparato burocrático que garantizó su supervivencia y su competitividad hasta la fecha.

«La UCR apostó a la institucionalización y creó el aparato burocrático que garantizó su supervivencia y su competitividad hasta la fecha»

Seguir buscando

El fracaso funciona como garantía: permite intentarlo una y otra vez, y fracasar e intentarlo de nuevo, y otra vez. Probar: seguir buscando. El mejor momento de la UCR, luego de su primer gobierno, llegó con el mandato de Alfonsín. Un gobierno cargado con un fuerte contenido ideológico que supo movilizar grandes masas y que se valió de su aparato territorial y burocrático para alcanzar la victoria. Sin embargo, un partido no es lo mismo que un gobierno y las dificultades que afectaron el rumbo económico del país y del mundo pesaron más que la buena voluntad de sus dirigentes.

El radicalismo volvería al poder, por última vez, en 1999 como socio mayoritario de un frente compartido con lo más progresista del peronismo. Esta fórmula de la unidad, con altos valores éticos y una mística que se nutría de lo mejor de los dos partidos mayoritarios del país se agotó en diciembre del 2001. Las disputas internas y el ritmo económico impuesto al país provocaron una implosión que afectó a gran parte del entramado político y social.  La UCR abandonó Balcarce 50 por última vez para refugiarse en sus bastiones.

Durante casi 15 años la UCR buscó un nuevo liderazgo que la posicione como un actor crucial. En el ínterin la UCR hallará refugió a nivel municipal y provincial y en las Universidades Nacionales donde la Franja Morada seguirá recogiendo victorias.

Esos 15 años —del 2001 al 2015— fueron duros para el radicalismo. Cada comité se valió por sí mismo e hizo lo imposible por sobrevivir. En el camino más de uno abandonó la discusión o se fugó a otros espacios con mayores expectativas. Sin embargo, en el año 2015 hubo algo que sacudió las estructuras que quedaban.

«Esos 15 años —del 2001 al 2015— fueron duros para el radicalismo. Sin embargo, en el año 2015 hubo algo que sacudió las estructuras que quedaban»

El renacer

Ernesto Sanz no es un líder nato ni es comparable a ninguno de los presidentes radicales en sus capacidades, pero hay que reconocerle al mendocino la habilidad de convertirse en el primer interlocutor del partido desde la muerte de Alfonsín en 2009. Sanz comprendió algo fundamental de cara al 2015 y fue que los partidos —sobre todo los partidos que compiten— se definen por su capacidad de ganar elecciones (sino pregúntenle al peronismo). De esta forma se empezó a gestar lo que sería Cambiemos: un espacio de centro con el arraigo territorial suficiente para enfrentar al peronismo en las próximas elecciones.

El acuerdo era seductor, Mauricio Macri aportaría su imagen de líder y la UCR brindaría su aparato. Pero Sanz no fue el único iluminado. Otro mendocino también había vislumbrado el final de la UCR de no ser que ganase un nuevo protagonismo nacional: Julio Cobos. El exvicepresidente de Cristina Fernández de Kirchner había comenzado su acercamiento al espacio que conducía el exefe de gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa.

De está forma se definió un campo de batalla: la Honorable Convención Nacional de la Unión Cívica Radical. ¿Los bandos? Ernesto Sanz impulsaba un acuerdo con Mauricio Macri mientras que Julio Cobos respaldaba un acuerdo con Sergio Massa. El ganador loconocen todos.

El año 2019 nos encuentra con una nueva Convención Nacional. Y como es usual las intrigas y los rumores no tardaron en recorrer grupos de WhatsApp. Si la política argentina fuera una película es claro que la UCR no es protagonista. Luego de 4 años de gobierno y un claro deterioro de las figuras del Poder Ejecutivo la UCR se cuestiona qué hacer.

Grupos cercanos a Ernesto Sanz postulan una profundización de Cambiemos. No hay grandes certezas sobre las implicaciones de esta profundización —pero por lo que se comentó durante el lunes en distintos comités— sería un rol más preponderante del radicalismo en la toma de decisiones y conformación de listas.

«Los radicales de las provincias quieren y pueden ganar. Sin embargo, todos han reconocido que Cambiemos —como instrumento— se ha convertido en algo necesario para el triunfo»

Además de estos dos grandes bloques existieron algunos convencionales que de forma solitaria o poco coordinada subieron al estrado a denunciar la alianza con el Pro. Esgrimieron números, falencias y fracasos que todos conocemos y que no están ocultos. Sin embargo, la falta de una posición propositiva, de una alternativa concreta y competitiva, los mantuvo al margen de la discusión.

La mayoría de los delegados que responden a los gobernadores han señalado algo sumamente importante: los radicales de las provincias quieren y pueden ganar. Sin embargo, todos han reconocido que Cambiemos —como instrumento— se ha convertido en algo necesario para el triunfo.

Documento final

Al cierre de la jornada Alfredo Cornejo,  gobernador de Mendoza y presidente del Comité Nacional, presentó el documento final aprobado por una mayoría arrasadora en la Convención, un total de 271 votos positivos de los 285 delegados presentes. Parece que tendremos Cambiemos para esta elección, pero con algunas sorpresas. El documento plantea una convocatoria a primarias, donde podrían incluirse nuevos partidos al frente Cambiemos y —-lo más interesante—- la conformación de una “Mesa de Acción Política”.

El punto más importante sobre el que ha decidido la Convención es la conformación de esta “mesa de acción”. El objetivo de este órgano ad-hoc sería el de negociar ante otros partidos su incorporación como socios de Cambiemos o socios del radicalismo dentro de Cambiemos.  La mesa contará con la participación de los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Gustavo Valdez (Corrientes), Gerardo Morales (Jujuy) y tres miembros que el Comité Nacional recomendará. Aunque todavía no hay nombres se habla de la posible incorporación del exministro del Interior de Alfonsín y armador político de la Capital, Enrique “Coti” Nosiglia.

«El documento plantea una convocatoria a primarias, donde podrían incluirse nuevos partidos al frente Cambiemos y —-lo más interesante—- la conformación de una Mesa de Acción Política”

La familia se amplía

¿Quiénes se suman a Cambiemos? Eso lo decidirá la mesa de acción con el pasar de los días. Algunos candidatos pisan más que otros. Aquellos que en 2015 soñaron con un frente junto a Sergio Massa encontrarán una fuerte oposición en los comités radicales. En este contexto la figura de Roberto Lavagna se fortalece si es que decide distanciarse del antiguo Intendente de Tigre.

Parece que la UCR se cansó de sus aliados de los últimos cuatro años y ahora es el partido centenario el que pide renovación. Si Cambiemos fuese un hogar, el Pro está del lado de adentro intentando cerrar la puerta, la UCR está del lado de afuera tratando de forzar la puerta con una barreta y a lo lejos observa Lavagna. Carrió está en el primer piso haciendo un asado con el parqué.

Lo que queda en claro de esta Convención es que el radicalismo carece de figuras que puedan encabezar un proyecto político nacional en soledad. Por lo tanto, la acción del partido centenario debe enmarcarse en un frente electoral que le brinde mayor competitividad a su maquinaria electoral.

«El radicalismo carece de figuras que puedan encabezar un proyecto político nacional en soledad. Debe participar en un frente electoral que le brinde mayor competitividad a su maquinaria electoral»

Debilidades y virtudes

La política está cambiando y lo hace tan rápido que la misma dirigencia radical no lo nota. Si uno contrastase las principales figuras de la UCR con las del peronismo y las del Pro resulta evidente que todavía no han hecho esta lectura. La UCR no tiene una mujer que sea preponderante o que tenga responsabilidades sustanciales dentro de la estructura del partido o del gobierno y lo mismo ocurre con los jóvenes. Los otros partidos han apostado y construido por estos liderazgos y el radicalismo ha permanecido inerte. Aunque cueste reconocerlo, probablemente el radicalismo nunca más pueda ser un partido que se ubique en el centro de la escena. Quizás esto sea en parte gracias a la misma burocracia y aparato que lo transforman en un socio tentador.

A pesar de esto, lo que el radicalismo carece de versatilidad lo tiene en institucionalización. Es el único partido dispuesto a disputar poder que cuenta con una instancia como la Convención donde se busca respetar y responder a la voluntad de la mayoría de sus afiliados.

Estos dispositivos —la convención, las internas, los delegados distritales— resultan arcaicos para una política moderna que se concentra en los personajes antes que en los partidos. Aunque convenientes para dirimir conflictos la Convención Nacional no tracciona votos.

En este contexto pareciese que el radicalismo debe prepararse para tomar una decisión difícil: comenzar a orbitar hacia el centro del espectro político. Desde allí podría empezar a funcionar como un interlocutor entre oficialismo y oposición. Allí su rol de “armador de coaliciones” cobraría mucho más sentido y capacidad. De hacerlo el radicalismo podría impulsar a cualquiera al sillón de Rivadavia. La única condición para ser elegido Presidente, pareciese, sería no ser radical.

«Es el único partido dispuesto a disputar poder que cuenta con una instancia como la Convención donde se busca respetar y responder a la voluntad de la mayoría de sus afiliados»

POR NICOLÁS LUNA

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