¿Netanyahu forever?

POR NICOLÁS LUNA / SENDERO ELEGANTE

Las elecciones israelíes del 2019 darán que hablar durante largo tiempo. ¿De qué elecciones hablamos? Hubo dos.

La primera elección fue el 9 de abril de 2019 y ganó el Likud, actual gobierno, encabezado por el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, seguido muy de cerca por el outsider Benny Gantz.

Siete semanas después el gobierno israelí llamó a nuevas elecciones para el 17 de septiembre. ¿Por qué luego de triunfar Benjamin “Bibi” Netanyahu — que lleva ya 10 años ininterrumpidos como Primer Ministro— convocó a nuevas elecciones? Porque le faltó un diputado.

«El gobierno israelí llamó a nuevas elecciones para el 17 de septiembre»

Benjamin Netanyahu ha sido Primer Ministro durante los últimos 10 años y a pesar de los intentos de muchos sigue siendo imbatible en las urnas.

Las reglas del juego

Israel tiene un Sistema Parlamentario, es decir que a diferencia de lo que ocurre en Argentina, el Poder Ejecutivo surge del Poder Legislativo. El objetivo de los partidos en cada elección es obtener la mayor cantidad de bancas posibles de las 120 disponibles. El partido con más bancas tiene la responsabilidad de formar una coalición que agrupe por lo menos 61 escaños y así formar gobierno.

El sistema de partidos israelí es un fiel reflejo de las distinciones más importantes que tiene el mundo judío. Hay partidos laicos, religiosos, de derecha, de izquierda, de árabes y hasta de militares. Estos partidos a su vez se superponen, coalicionan, rompen relaciones y hacen de la víspera de elecciones un panorama confuso y apasionante.

En el 2019 no se crearon los consensos necesarios para formar gobierno —a diferencia de los últimos setenta años— ¿Por qué esta elección fue distinta a todas? Es todo culpa de Bibi. O casi.

«Israel tiene un Sistema Parlamentario: el Poder Ejecutivo surge del Poder Legislativo»

Bibi, el príncipe

Miembro del Likud —partido que desde 1977 tiene un rol protagónico en el país— “Bibi” llegó a ser Primer Ministro por primera vez entre 1996 y 1999 y regresó al poder en 2009. Netanyahu es fundamentalmente ecléctico. Él y su partido son ante todo de derecha. Tienen una política pro mercado, a favor de la iniciativa privada y tienen posiciones más “duras” respecto a la seguridad. Ni el Likud ni Netanyahu pueden ser considerados religiosos. Sin embargo, durante la última década, los partidos religiosos se han convertido en los mejores aliados de ambos.

El gobierno del Likud ha sido implicado en algunos casos de corrupción que tienen a Netanyahu y a su familia en el centro de la escena. Durante los últimos meses los periódicos israelíes han publicado noticias sobre el inminente llamado al estrado del Primer Ministro. Ante esto Netanyahu ha tenido dos respuestas: intentar obtener la inimputabilidad —en Israel los miembros del Parlamento no tienen fueros como en Argentina— y acusar a todo aquel que lo critica de ser izquierdista.Bibi considera que toda la oposición, el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y la policía son de izquierda.  

«Netanyahu es fundamentalmente ecléctico. Él y su partido son ante todo de derecha»

Militares al poder

La oposición formó un nuevo frente como respuesta a la hostilidad de Netanyahu. Benny Gantz, un excomandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel, reunió personalidades moderadas de la izquierda y la derecha y creó un nuevo espacio bajo el sello de Kahol Lavan. Este nuevo frente fue percibido por la sociedad israelí como el actor con más chances de expulsar a Netanyahu del poder.

Benny Gantz (centro) cruza miradas con Benjamin Netanyahu (izquierda) cuando todavía era Comandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Mientras tanto, el que era el principal espacio de oposición dejó de existir: Unión Sionista se disolvió meses antes de la elección. Unión Sionista estuvo formado por el principal partido de izquierda, Avodá, y una fractura del Likud, HaTnua. Juntos concentraban la mayor cantidad de votos en rechazo a Netanyahu y eran vistos como quienes desplazarian al Likud del poder. Sin embargo, en un extraño giro Avodá rompió relaciones con su socio en febrero de este año. Probablemente esto estuvo motivado en la creencia de que su historial y su peso dentro del Congreso le permitirían mantener el caudal de votos incluso abandonando a sus socios de centro.  

«El que era el principal espacio de oposición dejó de existir: Unión Sionista se disolvió»

Cinco para el peso

En este contexto llegamos a las elecciones del 9 de abril con el Likud de Netanyahu golpeado, pero con fuerzas y una oposición desperdigada, con nuevos actores en busca de protagonismo. Las elecciones del 9 de abril llegaron y once partidos obtuvieron representación en el Parlamento.

Netanyahu obtuvo la misma cantidad de bancas que el principal frente opositor Kahol Lavan, pero más votos. Bibi tenía la responsabilidad de formar gobierno. Sin embargo, no esperaba encontrarse en tal difícil situación.

Netanyahu logró obtener el apoyo de los dos partidos religiosos mayoritarios: el Shas y al Judaísmo Unido de la Torá. También logró un acuerdo con la Unión de Partidos de Derecha y con Kulanu, un partido que se concentra en problemáticas ligadas al costo de vida.

A pesar de toda esta rosca, Netanyahu reunió solo 60 bancas. Le faltaba un único escaño para formar gobierno. El partido de derecha Yisrael Beytenu, liderado por Avigdor Liebernman, se volvió una pieza central en las negociaciones. Lieberman inició su carrera política como asesor de Netanyahu en el Likud para luego fundar su propio partido: “Israel nuestro hogar”. El partido

Avigdor Lieberman, originario de Moldavia, hoy es el líder de Yisrael Beytenu. Un partido de derecha que tiene un fuerte arraigo entre los inmigrantes provenientes de la ex-URSS.

Yisrael Beytenu tiene una fuerte raigambre en los inmigrantes de la antigua Unión Soviética. Estos inmigrantes a su vez han encontrado problemas con los religiosos que por lo general no consideran a estos nuevos ciudadanos israelíes propiamente judíos. Es así que las poblaciones rusas han desarrollado un importante vínculo con el Estado pero han permanecido al margen de las instituciones religiosas oficiales.

«Netanyahu reunió solo 60 bancas. Le faltaba un único escaño para formar gobierno»

Peleando por un Estado judío y laico

Hoy en Israel todos los ciudadanos judíos tienen la obligación de cumplir con el servicio militar a excepción de los estudiantes de yeshivá. La mayoría de estos estudiantes son varones religiosos que no realizan ningún otro tipo de actividad económica y son sustentados por el Estado. El trasfondo de esta ley no es tanto si deberían cumplir o no con el servicio militar, sino sobre si Israel es un Estado laico o religioso.

Avigdor Lieberman ha puesto como condición la creación de un compromiso entre los miembros de la coalición para tratar una ley para el enrolamiento de estos estudiantes. Esta iniciativa fue fuertemente contestada por Judaísmo Unido de la Torá que se ha negado rotundamente a discutir la extensión del servicio militar obligatorio a los estudiantes de yeshivá.

El debate sobre el enrolamiento de religiosos en las Fuerzas Armadas ha hecho imposible que Netanyahu conforme un gobierno. Ni Judaísmo Unido de la Torá ni Yisrael Beytenu están dispuestos a ceder.

«El trasfondo de esta ley no es tanto si deberían cumplir o no con el servicio militar, sino sobre si Israel es un Estado laico o religioso»

El juego imposible

Los demás partidos se han negado a iniciar conversaciones con el Primer Ministro Netanyahu. Kahol Lavan, el espacio que ha obtenido la misma cantidad de bancas que el Likud, podría ser un socio clave y entre ambos lograrían gobernar sin la ayuda de partidos minoritarios; sin embargo su retórica opositora ha hecho imposible cualquier acercamiento.

Los partidos árabes, Hadash-Ta’Al y Ra’Am-Balad, permanecen fuera de la discusión. Estos dos espacios se han presentado en elecciones anteriores bajo el sello de “Lista Árabe Unida” y representan distintas perspectivas de las comunidades árabe-israelíes. Sus posiciones antisionistas y anticapitalistas respectivamente los han ubicado sistemáticamente al margen de la conformación de coaliciones.

Meretz podría aportar sus diputados, pero sus posiciones más “blandas” sobre los problemas de seguridad lo ubican en un lugar donde no es posible crear consensos con el Likud. El último partido con el que el Likud podría sentarse a negociar fue Avodá y así lo hizo.

No sería la primera vez que Avodá y el Likud negocian para formar  gobierno. El antiguo miembro de Unión Sionista supo ser un actor hegemónico en la política israelí ocupando durante casi 30 años el cargo de Primer Ministro. Sin embargo sus magros resultados lo ubican en un lugar de desventaja. En el pasado Likud y Avodá han formado gobiernos de unidad nacional, pero hasta la fecha nunca había ocurrido que uno de los partidos históricos obtuviese tan pocos diputados.

Con una clara ventaja Netanyahu se reunió con el líder de Avodá —Avi Gabbay— para ofrecerle participación en su gobierno. El partido rechazó la oferta a pesar de que el acuerdo habría de darle un lugar de preponderancia al margen de sus resultados. Paradójicamente la decisión de Avodá estuvo motorizada por la poca cantidad de votos que obtuvo. Hoy Avi Gabbay es percibido como un perdedor dentro del partido y con elecciones internas esperando a ser celebradas, participar del gobierno de Netanyahu terminaría de sepultar a Avodá en el campo político.

«Los demás partidos se han negado a iniciar conversaciones con el Primer Ministro Netanyahu»

Con el agua hasta el cuello

De esta manera cerraban las conversaciones para la conformación de un nuevo gobierno. Cuando parecía que era el turno de Benny Gantz, líder de Kahol Lavan, de ser señalado como potencial Primer Ministro para iniciar nuevas negociaciones de coalición ocurrieron dos hechos fundamentales.

Un judío religioso votando. Aunque no son mayoritarios en la sociedad israelí tienen garantizados un caudal de votos que les permite gozar de beneficios en el marco del Estado.

Avigdor Lieberman, el referente de las comunidades rusas de Israel,  anunció que no solo se negaba a participar de un gobierno “religioso”, sino que también anunció que su partido solo apoyaría un gobierno encabezado por Netanyahu. A pesar de todo lo laico que pueda ser Lieberman sigue perteneciendo a la más extremo de la derecha israelí, incluso más que Bibi.

El otro hecho que alejó a Benny Gantz del poder fue que ante la posibilidad de que un gobierno encabezado por él pudiera llevar a Netanyahu ante la Justicia, Bibi ingresó un proyecto de ley para disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones.

Sacudiendo la estructura

Israel tendrá dos elecciones en un solo año. Falta bastante para septiembre, pero estemos atentos a algunos detalles.

Grandes cambios se esperan para los próximos meses. El Likud ya anunció que absorberá a Kulanu que obtuvo cuatro escaños en el último comicio quitando de escena a un posible competidor. Se perfila una coalición entre los partidos de izquierda luego de haber sobrevivido a su peor elección. Mientras tanto la derecha ha salido a la búsqueda de personajes que puedan sumar a su boleta para atraer a los votantes que optaron por otros partidos.

Queda ver si Benny Gantz y su partido, Kahol Lavan, podrán mantener el caudal de votos e incluso aumentarlo. Esto se vuelve crucial considerando la decisión de la izquierda de reagruparse para regresar a sus resultados históricos.

Benny Gantz junto  a jóvenes de Kahol Lavan, el espacio que creó de la noche a la mañana para competir por el gobierno.

Quedan tres meses para las nuevas elecciones de Israel. Las elecciones de abril parecían haber garantizado un nuevo mandato para Netanyahu y la conformación de una nueva oposición. Sin embargo, este panorama resultó relativo y dejó a la mayoría inconformes.

Israel entró en un juego imposible. La izquierda laica no tiene los suficientes votos para hacerse con el poder y aunque la derecha tiene más, sus relaciones con sectores más  “teológicos” los alejan de posibles socios fundamentales. La corrupción acosa a Netanyahu y más de uno afila los dientes para saltarle al cuello.

POR NICOLÁS LUNA / SENDERO ELEGANTE

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