La guerra por los datos

POR JUAN PABLO CHIODI / SENDERO ELEGANTE

“Los guerreros victoriosos primero ganan y después van a la guerra. Los guerreros derrotados primero van a la guerra y después buscan ganar”

Tsun Tzu

Parece que Trump estudió al estratega Chino Tsun Tzu. Hace tres meses Donald tuiteó: “Cuando un país -Estados Unidos- está perdiendo miles de millones de dólares en comercio las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. El mediático presidente se sabe ganador de antemano, y por eso va seguro a la batalla a cumplir su objetivo: Make America great again.

Pero, ¿qué carajo es la guerra comercial?

Una guerra comercial comienza cuando un país limita la importación de productos de otro país. Puede hacerlo subiendo los aranceles, prohibiendo la importación o “en defensa de la seguridad nacional”, una trampita eficaz. Como consecuencia, los países afectados toman medidas defensivas, y provocan nuevas medidas por parte del primer país. Como en cualquier guerra alguien ataca, alguien se defiende y si la escalada no frena a tiempo las consecuencias llegan pronto.

Los efectos que suelen generar este tipo de guerras son la reducción del comercio entre los países en conflicto, y un menor crecimiento en ambas economías. Si van a la guerra, ambos van a pagar costos.

Ok, ¿y por qué Trump se la agita a los chinos?

El objetivo de Trump es reducir el ingreso de importaciones chinas e impulsar a los norteamericanos a comprar más productos MADE IN USA. El déficit comercial con China, en la actualidad se ubica aproximadamente en US$375.000 millones por año, la cifra más grande en su historia.

Trump afirmaba en otro de sus tuits “Por ejemplo, cuando perdemos 100.000 millones (de dólares) con un país concreto y se muestran satisfechos, ya no comerciamos más, y ganamos a lo grande. ¡Es fácil!”. Pero que Donald diga que es sencillo, no implica que lo sea.

Lo complejo de la situación es que China es el principal socio comercial de Estados Unidos: uno de cada cinco importaciones vienen de China, y 1 de cada 10 exportaciones viajan al país oriental. Ambas economías, aunque tengan algunos intereses contradictorios, se necesitan. La aislación comercial total entre Estados Unidos y China es imposible, derrumbaría por completo la economía de ambos países y mundial. Se trata es de negociar quién es el más beneficiado de esa necesaria integración.

¿Y hasta ahora que pasó? ¿Se plantan o no?

En marzo del 2018, Estados Unidos aranceló las importaciones de aluminio y acero, lo que afectó principalmente a China. Como respuesta, China anunció impuestos para los productos importados de Estados Unidos: soja, automóviles y aviones, entre otros.

La respuesta no se hizo esperar y Estados Unidos impuso un nuevo aumento de los impuestos a la importación de productos chinos, a lo que China respondió con medidas similares, principalmente del sector tecnológico e industrial. La tensión creció y  aumentó el riesgo de entrar en una guerra comercial abierta: malas noticias para el crecimiento de la economía mundial.

Después de meses de hostilidad, todo parecía acercarse a un final feliz en diciembre del año pasado: los chinos estaban dispuestos reducir su superávit comercial con Estados Unidos.

Donald Trump, y el presidente chino Xi Xinping cenaron en Buenos Aires durante la cumbre del G20, y coincidieron en suspender la suba de aranceles mientras negociaban. El acuerdo comercial que permitía la paz estuvo a punto de ser firmado, pero no pudo ser: chinos y yanquis se acusaron mutuamente de no cumplir con lo pactado previamente. Otra vez sopa.

Pero faltaba más; la disputa no solo es comercial. La guerra tecnológica se abre paso: está en juego quién controlará la tecnología que le permita ser la próxima potencia dominante en los próximos años.

Guerra tecnológica, y ¿dónde me meto mi Huawei?

En diciembre, la misma noche que cenaban Trump y Xi Xingping, detuvieron  en Canadá a Meng Wanzhou, vicepresidenta y posible heredera de la multinacional de tecnología china Huawei. Washington acusó a la compañía de saltarse las sanciones impuestas contra Irán, y venderle productos ilegalmente. Mientras tanto Pekín exige su liberación. Un anticipo de lo que vendría.

En mayo de este año Trump prohibió a las compañías norteamericanas usar equipos de telecomunicaciones fabricados por empresas que supuestamente intentan espiar a Estados Unidos. Adivinen qué empresa está acusada de espionaje: Si, la china Huawei. Unos días después, Trump redobló la apuesta -siempre agitando Donald- y obligó a las principales empresas tecnológicas de EE.UU., entre ellas Google, a dejar de vender componentes y software a Huawei. Pero tranqui, parece que si tenés Huawei por ahora no te quedas sin Android. Ampliaremos.

¿Te lo resumo así nomás? Estados Unidos dice que Huawei es un arma de espionaje del gobierno chino, desde Pekín responden que se trata de un argumento falso para boicotear la libre competencia y el crecimiento de la empresa. Pero lo que realmente está en juego es la quinta generación de redes móviles, el famoso 5G cuyo liderazgo se disputan, desde hace unos años, China y Estados Unidos. Bienvenidos a la nueva guerra fría.

¿Tanto escándalo por el 5G?

El 5G implica poder descargar datos de 10 a 250 veces más rápido que con 4G. Pero es mucho más que eso.

La mayor velocidad de carga y descarga de datos va a permitir el desarrollo de un ecosistema digital más sofisticado. Oye oye, despacio cerebrito: ¿Qué es un ecosistema digital? Es que todo el ambiente que nos rodea va a estar conectado a la red. No solo se van a conectar usuarios mediante PCs y celulares, sino mediante el Internet de las cosas  tu lavarropas, heladera, los autos, y semáforos van a estar conectados. Si el 4G sirvió para conectar personas a mayor velocidad, el 5G va a permitir conectar a las personas con todo lo que nos rodea. Sí, parece sacado de Black Mirror.

El futuro llego: todo es datos, ya lo ves

Los datos son el petróleo del siglo XXI, y el Internet de las cosas va a generar un volumen de datos nunca antes visto. Por dónde te moves, qué compras, qué comes, si anoche cocinaste, tu conducta y hábitos de vida van a estar en la red. Quien controle las redes por donde circulen esos datos tendrá la gran ventaja para ser la principal potencia mundial. Eso lo saben tanto Trump como los chinos y por eso, el panorama de la guerra tecnológica parece más complicado incluso que la guerra comercial.

Los chinos sacan ventaja

Quien conduce hoy el desarrollo de la tecnología del 5G es la empresa Huawei. Es la que más patentes tiene relacionadas al 5G, la que más equipamiento tiene y quien mejor servicio brinda. Todo sustentando en un enorme mercado interno, China es la sociedad más digitalizada del sistema global, con 840 millones de usuarios de Internet. Y prometen para el 2021 tener el 40% de los usuarios de 5G a nivel mundial, más que lo que lograrían sumar la Unión Europea y Estados Unidos juntos: el desarrollo de las empresas norteamericanas aún está muy verde. Y esto a Trump no le cabe ni medio.

El 28 de junio Trump y Xi Jinping se volverán a ver las caras en Japón durante la cumbre del G-20. En un encuentro caliente y marcado por la guerra comercial y tecnológica, se esperan fuertes novedades.

Por ahora en la disputa comercial desde Pekín dieron muestras de querer avanzar en un acuerdo y aceptar ciertas condiciones. En la batalla tecnológica parece mucho más difícil llegar a un acuerdo. Los chinos por primera vez llevan la delantera tecnológica y tienen la gran oportunidad para ser la gran potencia dominante en este siglo que recién comienza. Habrá que ver hasta dónde Estados Unidos y Trump lo van a permitir.

El futuro llegó hace rato, y la disputa por dominarlo está en marcha.

POR JUAN PABLO CHIODI / SENDERO ELEGANTE

Donald Trump y Xi Jinping vuelven a verse el 28 de junio en Japón después de seis meses. Arte: Rocío Belén Pérsico.

Juan Pablo Chiodi

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