¿Qué hay en juego en Medio Oriente?

POR GERALDINA DANA / SENDERO ELEGANTE

Tensiones entre Irán y Estados Unidos

En las últimas semanas mucho se ha dicho sobre Irán, país que derribó un drone estadounidense. Fue la primera vez que el gobierno persa reivindicó un ataque directo a la potencia. Este hecho, acontecido el 19 de junio, nos lleva a preguntarnos por el rol de la República Islámica en Medio Oriente, donde se concentran tres cuartas partes de las reservas petroleras globales, y su relación con el resto del mundo.

Dos cuestiones son destacables para dimensionar la importancia de Irán en el mapa geopolítico mundial: sus recursos energéticos y su vínculo -cambiante- a lo largo de la historia con los Estados Unidos. Irán es una potencia regional por tener un territorio extenso y una gran cantidad de habitantes, pero, fundamentalmente, por poseer la cuarta parte de las reservas de petróleo probadas del mundo. Esto significa que el 10% del petróleo global se encuentra dentro de sus fronteras. También posee grandes reservas de gas natural e infraestructura clave para transportar ambos hidrocarburos hacia otras partes del globo. En tiempos de la Guerra Fría -en 1953-, un golpe de Estado derribó al primer presidente electo democráticamente del país, Mohammad Mosaddeq, luego de que éste decidiera nacionalizar el petróleo. Se apunta a la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) por haber estado detrás de esta estratagema. 

A partir de entonces, comienza en el país persa un período monárquico cuyo máximo líder fue el Sha, quien sostenía estrechos vínculos con los Estados Unidos y una férrea represión de las diversas opiniones políticas. Estos rasgos del gobierno no tardaron en generar su oposición y en 1978 tuvieron lugar una serie de huelgas contra el Sha con un importante papel del clero chiita. 


Mujer chiita. El chiismo es la corriente del Islam mayoritaria en Irán, y promueve un poder político ligado al religioso.

El corolario de estas protestas es la Revolución Islámica (o Revolución Iraní), acontecida en 1979. A partir de ella, se declara la República Islámica de Irán, y el país se pone bajo la conducción política y espiritual de un líder religioso que recibe el nombre de ayatolláh -en ese entonces, Ruhollah Jomeini, y actualmente, Seyyed Alí Jamenei-. 

Manifestante sostiene póster del ayatolláh durante la Revolución iraní.

El año 1979 marcó un antes y un después en la historia interna iraní y en su vínculo con el resto del mundo. Bajo el régimen del Sha, Irán era un aliado norteamericano: en esa época, el país persa desarrolla su tan controvertido programa nuclear, con miras a la fabricación de un arma atómica. El plan fue apoyado por Estados Unidos, ya que Irán era su principal socio estratégico en la frontera sur de la Unión Soviética. 

Cuando asumió el gobierno de la Revolución Islámica, impidió que el programa continuara. Esta decisión no tardaría en revertirse: en 1980, el Irak de Saddam Hussein, apoyado por las potencias occidentales, declaró la guerra contra el Irán islamista. Este conflicto armado duró ocho años y tuvo un saldo negativo para ambos países del Golfo Pérsico, aunque fue el ayatolláh Jomeini quien se rindió. Durante el desarrollo de esta guerra, Irán retoma su programa nuclear, que continúa hasta la actualidad. 

Así, Irán pasó de ser un aliado de los Estados Unidos a progresivamente encarnar los intereses contrarios. La administración de George W. Bush llegó a amenazar con una intervención armada en el país para detener su programa nuclear, y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas le ha impuesto sanciones económicas desde el año 2006 por el mismo motivo. La asunción de los presidentes Barack Obama (2008) en los Estados Unidos, y Hassan Rohani, en Irán (2013), dio inicio a un período de distensión. Por primera vez desde la Revolución Iraní, los mandatarios tuvieron contacto directo. El corolario de sus diálogos fue la firma del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), en el año 2015. El mismo establece que Irán, al cabo de tres lustros, disminuirá sus reservas de uranio y sus centrifugadoras de gas, y no construirá ningún reactor nuclear nuevo, a cambio de la reducción de las sanciones económicas en su contra. Son firmantes del PAIC, además de Irán, Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) es el encargado de controlar su cumplimiento, accediendo regularmente a las instalaciones nucleares iraníes. 

El año pasado, Donald Trump anunció que retiraría a su país del PAIC y restablecería las sanciones existentes a la República Islámica y a los actores estatales y privados que comercien con ella. El norteamericano argumentó que Irán es un país que auspicia el terrorismo y que el PAIC no garantiza que no desarrolle armas nucleares en un breve período de tiempo. En respuesta, el presidente iraní, Hassan Rohani, afirmó que el acuerdo seguiría vigente si los otros socios colaboraban con el mismo, pero que, de lo contrario, comenzaría a enriquecer uranio a nivel industrial. Los integrantes europeos no cumplieron con las exigencias iraníes: el país asiático demanda poder exportar petróleo —el 80% de los ingresos estatales iraníes provienen de los hidrocarburos—, y la contrapropuesta europea no lo permite en lo inmediato. En consecuencia, el país islamista retomó su programa nuclear: esta semana el OIEA —el ente controlador del cumplimiento del acuerdo— confirmó que Irán supera el límite de uranio que le permite almacenar el acuerdo nuclear. 

Hassan Rohani, presidente iraní. 

En los últimos meses, las tensiones en la región aumentan, producto del endurecimiento de las posturas de ambas partes. En mayo de este año, se registraron actos de sabotaje de tres buques petroleros en las aguas territoriales de Emiratos Árabes Unidos, por los cuales Washington y Ryadh responsabilizaron a Teherán, y el Pentágono reforzó su presencia militar en Medio Oriente. Gestos similares se sucedieron del lado de ambas naciones en disputa, incluyendo ciberataques a sistemas operativos de alta relevancia bélica. El hecho más álgido de este clima fue el derribo de un drone norteamericano por parte de la Guardia Revolucionaria Iraní. El hecho ocurrió cerca del estratégico estrecho de Ormuz, por donde cruza una quinta parte del petróleo mundial, y a sólo unos 80 kilómetros de los Emiratos Árabes Unidos y Omán. De acuerdo con la versión norteamericana, el drone era un MQ-4C Triton y sobrevolaba aguas internacionales del estrecho. Las autoridades iraníes, en cambio, sostienen que se trataba de un RQ-4 Global Hawk que sobrevolaba espacio aéreo iraní, en la provincia de Hormozgán. Rusia sostiene también esta versión. 

La respuesta norteamericana no se hizo esperar: Donald Trump amenazó de inmediato al país persa y comenzó a organizar un ataque. La ofensiva fue suspendida a último momento luego de considerar el alto costo en vidas que el ataque representaría, con el cual Trump debería cargar de cara a su reelección. Sin embargo, autorizó ciberataques contra sistemas de defensa e inteligencia iraníes, firmó un decreto que impone sanciones contra el ayatollah Alí Jamenei, anunció el bloqueo de más activos iraníes, así como la incorporación a su lista negra del ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif. Por su parte, el presidente iraní sostuvo que las fronteras eran la “línea roja” contra cualquier acción externa, y el comandante en jefe de la Guardia de la Revolución, Hossein Salami, sostuvo que Irán no tiene la intención de ir a una guerra, pero que no le teme a una. 

Tuit del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en respuesta al derribo del drone por parte de Irán. 

Los hechos recientes en Irán nos muestran un escenario abierto. El aumento de las tensiones y el apartamiento de la vía diplomática pueden generar una escalada con un desenlace similar al de 1988 para Irán. Por lo pronto, el país se encuentra ahogado económicamente y el precio internacional del petróleo aumentó, afectando a todas las economías del mundo. Todo depende del ejercicio prudente y cauteloso de una diplomacia que saque a los dos países de este peligrosísimo laberinto.

POR GERALDINA DANA / SENDERO ELEGANTE

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