DE TEATROS Y CRISIS: FRAN RUIZ BARLETT

POR JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

 

“Nací en el año ‘84, en la mismísima Colegiales. Tengo un hermano. Una familia que siempre fue muy laburante. Mi viejo falleció hace varios años. Él era médico pediatra de adolescentes y también daba clases de teatro. Mi madre es asistente social, psicóloga social, terapeuta y hace terapias alternativas; una demente hermosa. En mi casa ya desde chiquito se curtió mucho el arte. Mis viejos me llevaban a ver obras al teatro y también desde muy chico se escuchaba música. Nunca me exigieron otra cosa que no sea hacer lo que amo. Ahí arranca mi vida”.

 

Francisco Ruiz Barlett nos abre las puertas de una casa que comparte con muchas otras personas que se dedican al arte. Solía juntarse con un amigo a tocar temas de Serú Girán en una plaza de Belgrano, por Obligado y Juramento. Cuando ganaron unos pesos, sacaron un disco, tenían trece años. ¿Qué tul? Y siguieron: aprendieron más, jugaron y practicaron hasta que, a los 17 años, sacaron un segundo disco, cuenta Francisco mientras toma un mate en esa casa-teatro que es de todos: El Método Kairos. Fran es actor, profesor de teatro, productor, músico, compositor, escritor y fundamentalista de la curiosidad. Desde hace ya varios años el teatro sufre el golpe de la crisis, las entradas ya no se venden tanto como antes y hay colegas teatrales que cierran sus puertas. Por eso, escribimos hoy, para entrar en tema, para contar una historia: de teatros y crisis.  

 

“NO EXISTE UNA ESCUELA QUE ENSEÑE A VIVIR”

 

No les sobraba la plata. No había guita para pagar sus estudios de música. Fran no se podía meter a investigar cómo aprender a tocar la guitarra por internet y la estructura familiar de aquella época era sinónimo de seguridad económica, mientras que la música era una cosa más de “hippies”, ponele. 

Las palabras de apoyo fueron eternas y la inspiración le caía de las obras musicales de sus grandes maestros: Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta. “Tenían canciones que en momentos de mucha sensibilidad me atravesaban el alma. ‘Desarma y Sangra’, ‘Cuando ya me empiece a quedar solo’ y ‘Cable a tierra’, por ejemplo. Ellos eran personas que estaban diciendo lo que me pasaba”. 

 

El papá de Fran solía tomar clases de teatro con Carlos de Urquiza y también le gustaba llevar a su hijo a ver las obras teatrales de su profesor. Tiempo después Carlos tendría la responsabilidad de ser pedagogo de dos generaciones de los Ruiz Bardett y se convertiría en el guía teatral de Fran: “Es una de las personas que me enseñó a amar el teatro, a cómo ver el teatro y él me atraviesa toda la historia: siempre fue un referente en el teatro que me sigue acompañando en toda mi formación”.

 

El teatro Santa María, del barrio de Belgrano, lo marcó para siempre. Con 10 años, ese sería el espacio donde él haría su primera aparición como actor en una obra musicalizada por un sacerdote: “Recuerdo de haber tenido muchas sensaciones internas que en ese momento no tenía las herramientas para poder describirlas”. La primaria lo encontraría con Nico Pérez Costa, la secundaria los separaría y el dramaturgo Pepe Cibrián los reencontraría como alumnos. “Estoy haciendo una obra y necesito un músico”, fueron las palabras de Nico; Fran, sin dudarlo, aceptó. “Ahí empezó el viaje dentro de lo teatral. Él fue quien me dijo que tenía que ser actor y ahí se me prendió la arista más vinculada directamente con ese arte”. 

 

¿Qué búsquedas te interesan como artista?

 

El arte siempre es una búsqueda interna, por default, de por qué estamos acá ahora. Hay algo del arte, de la materialización, que te permite repetir. Y a partir de esa repetición vas descubriendo cosas internas. Además, tengo la convicción de que el arte no es de uno: es algo que está ahí y uno tiene el privilegio de poder canalizar esa información que está flotando. Aunque también el artista va encontrando sobre esa obra nuevas aristas. Es fascinante que el proceso del arte nunca se agote, por eso me gusta pensar que, en verdad, no es nuestro el arte. 

 

¿Y cuándo es tuyo?

 

Al escuchar una canción que yo le pude haber escrito a mi viejo cuando tenía 22 años; hoy cuando la escucho de nuevo es una manera de mantener mi alma conectada, de lograr una suerte de trascendencia. Es la manera de vincularse con un estado muy honesto de mi Fran de aquél entonces. Es como ver una foto de un campamento, pero es más parecido a ver una foto del alma. Ya no me acuerdo cómo compuse algunas canciones, sin embargo, sé que algo me estaba pasando en ese momento, y eso me atrae mucho como artista.

 

Hay una situación que es el de las etiquetas de chiquito (tanto negativas como positivas). Pero es increíble cómo hasta que nadie te dice «vos podés» o «vos sos esto», no te sentís de esa manera. 

 

Totalmente de acuerdo. Yo suelo hablarlo bastante en la escuela. Como algo negativo y un poco la idea de generar un espacio de autogestión está vinculado con entender al artista. En su último disco, Jorge Drexler dice: “Como las canciones, los pájaros y los alfabetos, si quieres que algo se muera, déjalo quieto”. El artista debe estar todo el tiempo en movimiento y mutando su «yo» artista. El ser humano es movimiento ante todo.

 

¿Qué fue lo más honesto que hiciste como artista?

 

Las cosas más honestas están vinculadas con lo que yo no sabía de mí. Volviendo a Drexler, si a los veinticinco años le hubieran preguntado a él: “¿Qué sos?” Él hubiera respondido “médico”, que era lo que hacía en ese momento. Muchas veces esa etiqueta que nos ponemos a nosotros mismos, termina siendo un condicionante para nuestra propia libertad. Yo le digo a los estudiantes: «¿Qué es autodefinirse?”. Autodefinirse como práctica es mirar desde que yo te pregunto a tu pasado y establecer un patrón en función de tu comportamiento: es auto-definirse como alguien vinculado al pasado. 

 

 

¿Qué proponés?

 

¿Por qué no vincularnos con el futuro? ¿Por qué en vez de decir «qué sos», decís «qué podés ser»? Yo estudio a un físico francés que se llama Jean Pierre Garnier, que habla del “desdoblamiento del tiempo”. Él dice: «El presente es un estado transitorio entre el pasado y el futuro, si yo solo estoy relacionado con el pasado, solo soy lo que fui y no lo que puedo ser. El futuro en realidad es más expansivo y el pasado es un embudo. El futuro tiene mucha más libertad que el pasado”. Por eso Drexler se hubiera equivocado si hubiera respondido «soy médico» y no hubiera tenido la percepción de entender que, en realidad, en el futuro había algo mucho más grande que lo iba a definir más que lo anterior. Ese concepto me resulta muy interesante.

 

¿Esto se relaciona con el hecho de que hacés muchas cosas?

 

Por supuesto. Cuando me aburro comienzo a explorar materias nuevas: sacar una novela, ahora estoy con otro libro, pintando cuadros. Todo eso gracias a que me permito decir: «Che, ¿y ahora qué pasa si soy pintor o escritor?». Trato de no definirme, entonces me siento más libre. No me siento únicamente una sola cosa. Cambio todo el tiempo. La etiqueta es una normativa para el de afuera, no para uno. Lo mejor que podés hacer por vos mismo es no ponerte límites: ser expansivo, mutar, cambiar, equivocarse con ruido, equivocarse con ganas y, por supuesto, aprender. 

 

«Al arte le chupa un huevo si le gusta a la gente o no»

 

¿Una persona de 50 años que nunca tuvo contacto con el arte puede meterse a hacer teatro? 

 

Por supuesto. Suele haber una concepción muy vinculada con el arte como resultado: “Artista es el que logra un resultado que le gusta a la gente”. Y en realidad al arte le chupa un huevo si le gusta a la gente o no. El arte es un proceso creativo e interno de expansión para cualquier edad, en cualquier momento de la vida. Creo que muchos están relacionados con los límites de esta sociedad y se vuelven resultadistas. Es una estupidez pensar que artista es quien trabaja del arte y no el que lo estudia. El arte no contempla si lo que hacés es bueno o malo. Si vos querés escribir un libro y desde tu concepción sos malísimo escribiendo, escribilo igual. ¿A quién le importa? Creo que el 90% de los papeles artísticos que yo hice, fueron inversión, nunca recuperé ni gané. Y es una inversión que no voy a dejar de hacer nunca. 

 

 

EL ARTE DE SER HONESTO

 

Fran tiene 22 mil seguidores en instagram. Hasta hace poco no superaba los mil. Su aparición en la obra teatral “El otro lado de la cama”, con Nico Vázquez y Benjamín Rojas catapultaron su aparición en las redes sociales. En este sentido, el papel de Fran en la serie “Argentina: tierra de amor y venganza”, también contribuyó a su conocimiento por parte de un número más grande de personas. Y aquí es cuando llega el “pero”.

 

¿Contra qué peleas usualmente?

 

Uno de los mayores contrincantes de mi arte son las redes sociales. Es un contrincante actual, que apareció tiempo después a que yo arrancara. Subo una foto diciendo que yo voy a sacar un nuevo disco, que es mi “yo” más honesto, y tengo de repente 100 “me gusta”; después tengo una foto abrazado con Nico Vázquez, que es mi amigo, y tengo 1500. Eso me afecta bastante. A veces pienso que la gente quiere ver esa versión. Actuar en «Argentina, tierra de amor y venganza» me encanta, pero no soy yo. Para mí lo más lindo que traje al mundo es lo que hago yo: mi arte, lo que escribo, mis obras, los libros. Eso es un golpe de la realidad a veces. El Instagram me duele, y más en los días en que estoy endeble en mi “yo social”. Querría no tener redes sociales. Sería más feliz, pero no se puede. Te lo dicen los productores: «Si estoy entre dos actores, elijo al que tenga más seguidores».

 

¿Se hace arte para el éxito?

 

Eso está vinculado con un proceso, con el cual estoy bastante en desacuerdo, que tiene que ver con ser el mejor en las cosas. Siempre jodo con un concepto: «Quien mucho abarca, poco aprieta». A mí me gusta pensar que «quien mucho abarca mucho, aprende». Creo realmente eso. La idea de querer ser el mejor en algo es muy riesgoso para la persona, porque te cruzás mucho con la frustración. Entonces hay algo del éxito que todo mi entorno, incluso, lo encuentra en «Argentina, tierra de amor y venganza», y nadie lo ve en que yo tenga una escuela de teatro, por ejemplo. La escuela es para mí el éxito más importante de mi vida. Con la novela, la gente te dice todo el tiempo: «¡Llegaste boludo!».¿Llegaste a dónde? Es rarísimo y, sin embargo, es lo que pasa.

 

«En Argentina hay un talento tremendo, además de la variedad de teatro, por eso te da tanta bronca que haya tan poco apoyo para la cultura desde lo gubernamental»

 

¿Has viajado? ¿Cómo ven al teatro argentino desde afuera?

 

Sí, me fuí a Madrid, vi teatro, di clases y toqué allá también. Y fue muy fructífero. Me gusta más lo que se hace acá que lo que se hace allá. Incluso dicen que somos mejores actores que los españoles. Es una reflexión fuerte, pero lo dicen ellos. En Argentina hay un talento tremendo, además de la variedad de teatro, por eso te da tanta bronca que haya tan poco apoyo para la cultura desde lo gubernamental. Desde esa materia, tenemos muchos artistas argentinos de exportación, compañeros brillando por el mundo y no es casualidad.

 

 

Con más de 200 teatros y 230 salas, entre el circuito comercial, independiente y oficial, la movida teatral de Buenos Aires compite con capitales teatrales como Nueva York y París. 

¿Estando allá pudiste ver mejor las características que destacan al teatro argentino?

 

Sí, totalmente. Creo que estamos más avanzados en la generación de materiales. Allá se ataron mucho al teatro clásico. Acá hay una búsqueda enorme de crear lenguaje, de generar material nuestro. Por eso defiendo más al teatro independiente que al comercial. Este último busca hacer el contenido que más venda. ¿Qué necesitas para eso? Famosos, comedia, que sea medio manija y que haya puteadas. En definitiva, en lo comercial está todo mucho más cerrado. En lo independiente hay mucho más permiso, más laboratorio. 

 

Tenés una preferencia por el teatro independiente, ¿qué podrías destacar del comercial?

 

—Entender lo que el público quiere es bueno para el productor y, desde mi punto de vista o desde el poético, malo para el público. Creo que el teatro tiene que interpelar, a mí no me divierte cuando es solo entretenimiento. Conocer lo que el público quiere es la cualidad del teatro comercial. Tener la matemática y la receta. Por otro lado, hay mucho talento también. Francella, por ejemplo, va a hacer lo que la gente quiere que él haga, pero es buenísimo haciendo eso. El teatro comercial no se podría sostener tampoco si no fueran buenos haciendo lo que hacen, y lo son. Pero el arte no está hecho para los artistas, sino para las personas.

 

 

UN MECÁNICO, UN TROPIEZO Y UN MAÑANA MEJOR

 

Ocurrió al mediodía. A Fran le dolía la espalda y tuvo que ir al médico. Fue ahí cuando lo llamó su amigo de la infancia, Matías Puricelli, el “Puri”, y le avisó: “¡Explotó algo en el teatro, venite!”. La pared de un edificio conjunto que estaba en construcción cayó a causa de un viento fuerte sobre la sala grande del teatro. Una clase de teatro para chicos con síndrome de Down estaba programada una hora más tarde del accidente. Por suerte, no hubo heridos. “Fue devastador. Todo el esfuerzo que conlleva hacer esto. Imaginarse que de un taller mecánico hicimos una casa teatral que significa mucho para muchos. Pero como todo lo triste, termina generándote una cicatriz que se vuelve espina. El derrumbe terminó fortaleciéndonos aún más, nos dimos cuenta que el Kairos era mucho más grande que la pared”.  Llegaron amigos, familiares, actores y actrices del Kairos, vecinos y mismo colegas de otros teatros independientes para ayudar a revivir el sueño. “El teatro es un ambiente muy competitivo y más en esta ciudad”.

 

«En épocas de bolsillos apretados, el teatro es casi lo primero que se deja de lado. Los números lo dicen todo, la matemática es exacta y no tiene ideologías»

 

Hay muy poco trabajo en el teatro y son muchos los que se dedican a este arte. A pesar de eso, en el teatro independiente prevalece una hermandad muy fuerte: muchos teatros hicieron funciones a beneficio del Kairos. Mismo uno de los empresarios más grandes del teatro argentino, Carlos Rottemberg, le compró 30 mil pesos en entradas al Kairos. Esto decía Carlos, respecto a la situación económica que atraviesa el teatro argentino: «En épocas de bolsillos apretados, el teatro es casi lo primero que se deja de lado. Los números lo dicen todo, la matemática es exacta y no tiene ideologías».

 

 

El teatro está en crisis. En junio de 2018 se vendieron 27% menos entradas que un año atrás en el circuito más comercial; las cifras más bajas de los últimos cinco años. El sector más perjudicado es el que no está en el circuito comercial. Según la asociación argentina del teatro independiente (ARTEI) este modelo de teatro ha tenido un 30% menos de público desde 2015 hasta junio de 2019. A esto se le suma un dato contundente: el 40% de las salas de teatro independiente está al borde del cierre y las programaciones de muchas salas han reducido el número de obras que presentan. Sin embargo, los subsidios para el funcionamiento de estos espacios cubren apenas entre el 5 y el 30 por ciento de sus costos.

 

 

Por suerte al Kairos le está yendo muy bien. De los teatros independientes, el espacio artístico ubicado en la calle El Salvador 4530 del barrio de Palermo fue el tercero que más gente logró traer en 2017, lo cual les permitió terminar el año con cero ganancias. El mismo es dirigido por Santiago Meiriño, Gastón Segalini, Matías Puricelli y Fran Ruiz Barlett. Hoy una de las salas del complejo se llama “Martín de Amézola”, en honor a uno de los técnicos de luz del teatro que creyó mucho en Fran. “Es una de las cosas más lindas que te pueden hacer como artista, que alguien crea en tu material”, agrega al recordarlo.

 

 

¿Por qué “Método Kairos”?

 

Cuando abrimos el Kairos, desde el día uno tuvimos la idea de armar la escuela. Porque todo el método Kairos habla de un concepto: «Antes de que la birome se encuentre con la hoja, Borges y yo somos el mismo». Una vez que se encuentra la birome con la hoja, cambia todo. Ese principio está muy vinculado con una idea de desmitificar al artista, lo cual es un riesgo para el artista en sí. Siempre digo que el crecimiento del ego tiene que ser inversamente proporcional al crecimiento del artista. El ego tiene que estar igual, porque si vos sos artista independiente y autogestionás, sos el primero que tiene que creer en vos. La gente sabe del esfuerzo que hace alguien que tiene un teatro independiente. Acá pusimos un monto de plata que muy difícilmente vayamos a recuperar. Se defiende igual. El teatro es algo poético, Federico García Lorca decía: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”. 

 

 

 

 

Antes y después del Método Kairos: de ser un taller mecánico a una sala de teatro independiente.

POR JUAN IGNACIO ZINGONI / SENDERO ELEGANTE

PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL: JUAN MANUEL CAFFERATA / SENDERO ELEGANTE

Juan Ignacio Zingoni

Juan Ignacio Zingoni es estudiante de Ciencias de la Comunicación Social en la UBA y de a poco saxofonista. Nacido en Bahía Blanca e hincha de Boca Juniors. Cuando le regalaron una colección de crónicas de Leila Guerriero no pudo parar de leerla. Dejó de hacer malabares en el parque y de formarse como trapecista circense para comenzar a enamorarse del género de la crónica y de la entrevista. Este año, como los anteriores, Juan se propuso un objetivo a corto plazo: seguir vendiendo su lemoncello casero. Y su sueño a largo plazo: escribir una crónica de viaje sobre Islandia.

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