Levy Yeyati: “Si estamos en guerra, no nos desarrollamos”

POR RAMIRO GAMBOA (*) / SENDERO ELEGANTE

“Un pensamiento independiente se forja dudando constructivamente de todo, siempre en la espera de que haya una versión mejor de lo que nos ofrecen”, asegura Eduardo Levy Yeyati, ingeniero civil y doctor en Economía por la Universidad de Pensilvania. Si para ser un economista, aparte de las credenciales universitarias, es muy importante que los demás se convenzan de que uno lo es, Eduardo no se inquieta. Publicó 40 artículos académicos y 10 libros; da clases en la UBA y en Harvard; es decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella y socio fundador de la consultora Elypsis. En sus tiempos libres, escribe ficción —donde disfruta de suspender el principio de realidad por un rato—, tiene tres novelas publicadas y su sueño es terminar la cuarta. 

¿Qué equipo? 

“Te regalo el país, que lo envuelvan y lo vendan, que lo rematen. La Argentina es un país ideal para abandonarlo”, dicen algunos desencantados mientras Eduardo los confronta argumentativamente, y se dedica, fulltime, a dirigir el Centro de Políticas Públicas de la escuela de Gobierno de la Di Tella: “Si uno analiza las políticas públicas de este gobierno, no hubo margen para innovar ni para pensar la visión de desarrollo porque nunca salimos de la transición; los primeros seis meses de ajuste duraron cuatro años —todavía siguen—”. 

Con ironía sutil, dice que el Gobierno tiene dificultad para trabajar en equipo: “La intensidad de la dinámica del equipo es inversamente proporcional al número de veces que decís la palabra equipo, porque hacerlo implica distribuir tareas y no pisarte. Y en todo gobierno, hay el síndrome del ya lo estamos haciendo: vos venís con una idea y siempre te dicen que ya lo están haciendo, y no siempre es así; hay mucha dificultad para compartir tareas y cuando te dicen eso se aseguran que otro no lo haga. También veo un déficit de implementación. Tienen voluntad de trabajar en equipo; sin embargo, en la práctica hay pocos proyectos exitosos que estén con patas en dos ministerios”.

«Los primeros seis meses de ajuste duraron cuatro años»

Levy Yeyati se reunió varias veces con el presidente Macri, de quien dice que escucha y toma nota. Desde mediados de 2016 hasta diciembre de 2017, asesoró a la Jefatura de Gabinete sobre temas estratégicos, participó del programa “Argentina 2030” y editó un libro con 100 políticas para el país de la próxima década.

—¿Por qué decidiste dejar la asesoría a fines de 2017?

—Me dio la sensación de que lo que yo personalmente y mi equipo acercabamos al Gobierno como propuesta de política no era exactamente lo que ellos esperaban. Cerramos bien, con una publicación donde reunimos cien propuestas de política de cien personas que habíamos seleccionado porque son capos en lo que hacen. Creo que el siguiente paso era avanzar sobre las políticas públicas y ese lugar no era el más apropiado para pensarlas.

Levy Yeyati es socio fundador de la consultora Elypsis, usina que hizo mediciones muy acertadas en las elecciones de 2015. Si hubiera un balotaje, entiende que los votos de Lavagna van más a Macri que a Fernández: “La lógica de los encuestadores es que los votos del centro van a Macri, mientras que los de Del Caño van a Cristina. Y los de Espert son un misterio”. 

Ojo con los economistas chantas

Levy Yeyati invierte el teorema de Scalabrini Ortiz que sostiene que “la economía es tan fácil que si no la entendes cuando te explican es porque te están robando”. “Si te la explican y la entendés muy fácil es porque te están robando”, asegura. 

Cree que un país no necesita tener un régimen autoritario, predemocrático —como el modelo de crecimiento de Corea y de Singapur—  para desarrollarse. “La pregunta es cómo te desarrollás en democracia donde las demandas sociales, naturalmente, sobre todo, en una democracia bastante educada como la Argentina, siempre preceden al crecimiento”. Eduardo ofrece una lectura más detallada de los problemas del país y no se queda en lo noticioso, sino que busca ampliar la perspectiva para que sus interlocutores tengan más elementos de juicio: “La versión económica del populismo es dar hoy lo que no vas a poder financiar mañana”. 

En la Argentina, a veces, parece que crecemos y la gente compra que crecemos y pide aún más, y cuando tenemos que pagar la cuenta resulta que estamos muy endeudados; la inversión nunca termina de remontar y, entonces, tenés un ajuste y cuando mirás por la ventana los últimos diez años no creciste nada. La Argentina, de hecho, en términos per cápita, cayó”.

¿Cuál es la receta de crecimiento del Gobierno?

—En el Gobierno, hay mucha confianza en lo que yo llamo una estrategia ofertista, una estrategia que en la Argentina en los noventa se llamaba neoliberal: yo retiro la intervención del Estado y vigilo un poco. Macri dijo que el Estado tiene que asegurarse que el césped de la cancha esté bien cortado y regado, y los jugadores después hacen fútbol; los jugadores son el sector privado. Creo que el Gobierno confía en que la solución viene espontáneamente de los espíritus animales del sector privado, y no recuerdo nunca haber visto espíritus animales en la Argentina. Le tengo un poco menos de confianza a esa salida espontánea, ofertista, en donde si no te entrometés en la actividad privada, la actividad privada va a florecer porque sí. 

—¿Alguien le dice a Macri que, quizá, su alegoría está equivocada?

—Supongo que sí porque habla con mucha gente, pero cada uno tiene su forma de pensar, nadie es dueño de la verdad, y él decidirá en función de su opinión. Así como las ideologías no están muertas, no todos los economistas pensamos igual; hay diferentes avenidas. Es muy difícil convencer con datos a la otra persona de que uno tiene razón. 

Yeyati entiende que la aspiración de todo país es pasar a ser uno de ingresos medios o, si ya se está en ese punto,  a uno donde sean altos. ¿Cómo lograrlo en la Argentina?: “La fruta madura que no estamos recogiendo es la de nuestra fuerza laboral. Cuando uno piensa en Israel, piensa en innovación y aumento de la productividad, pero cuando uno mira lo que pasó en los últimos 25 años en Israel, el motor de crecimiento más importante fue el aumento de la cantidad de gente que trabajaba; eso se dio de dos formas: en los noventa con la importación de los rusos calificados que salieron de la ex Unión Soviética y fueron a Israel; misma población, más gente trabajando, más crecimiento. Y en los años 2000 fue la integración de poblaciones que estaban segregadas: los árabes y los ortodoxos. 

Si nosotros pudiéramos insertar a los hombres que hoy tenemos inactivos, los mal llamados “ni ni” (se refiere a quienes ni estudian ni trabajan), si pudiéramos cerrar la brecha laboral de las mujeres de ingresos medios bajos, en donde hay una brecha de género laboral, si pudiéramos capacitar a nuestra fuerza laboral para que, en lugar de hacer un trabajo de baja productividad, haga otro de alta productividad, eso es crecimiento inmediato. La educación para el trabajo es una forma de ayudarte a salir de este estancamiento. Le tengo más confianza a eso que a un boom de inversiones.

Sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, Levy Yeyati entiende que no hay camino de desarrollo sin aumentar las exportaciones: “La falta de exportaciones es uno de nuestros principales déficits estructurales que impiden el desarrollo. Entonces, la discusión entre ser abiertos o cerrados es un falso dilema. Será político, retórico, pero no hay futuro cerrado. Ahora, si tenés el acuerdo solo y esperás que espontáneamente el sector privado se adapte al estilo de exportar o morir, hay riesgo de que haya muertes. Tenés que hacer política económica orientada con un giro hacia el sector externo. Ni bueno ni malo, es un paso en la dirección correcta en la medida que lo acompañes con las políticas necesarias”. 

Revival nestorista y el olor del ajuste

Cuando Néstor Kirchner asumió en 2003, era el tiempo de gobernantes con ideas de izquierda, pero fanáticos del superávit, lo que durante mucho tiempo había sido un reclamo de la derecha. Kirchner, que era un obsesivo del control de los números, se sumó a ese credo. 

Hace pocas semanas, la decisión de Cristina Kirchner de que Alberto Fernández encabece la fórmula, “nestorizó” al frente justicialista. Pero, ¿qué tiene que ver Axel Kicillof con Kirchner? Levy Yeyati entiende que el precandidato a gobernador de Buenos Aires por el Frente de Todos floreció al lado de la expresidenta de una manera que no hubiera sucedido al lado de Néstor Kirchner: “Van a tener que hacer un intento de revival nestorista porque los gobiernos de Cristina —sobre todo, el último— fueron bastante malos en términos de políticas y de resultados, mientras que en el gobierno de Néstor por cuestiones propias y, en gran medida, por cuestiones contextuales tuvo resultados buenos”. 

Alzando su tono de voz cita al autor israelí Amos Oz: “Los palestinos y los israelíes, en Israel, buscan recuperar una historia que ya es irrecuperable; no busques en el espacio lo que perdiste en el tiempo. Algunas situaciones de la historia están dadas por cierto contexto histórico; son irrepetibles. Querer volver al crecimiento de tasas chinas —como en 2003— pensando que podés, simplemente repitiendo las políticas, llegar a esa situación es una ilusión; ya fue. No jodamos más con eso, tenés que pensar a futuro, pero a la gente le cuesta pensar a futuro cuando cada cinco años te viene un golpe. Entonces hay una tentación a caer en la añoranza del pasado y hay que resistirse”. 

—Si sumamos el costo fiscal de sostener tarifas bajas del año 2013, más el gasto de las importaciones de gas a Chile, la cuenta nos da 74.000 millones, 2,8 % del PBI (según datos del Banco Central). ¿Esto puede volver?

—No creo que se vuelva a los subsidios. Pasó que frenaron la actualización desde 2002 porque la gente realmente la estaba pasando muy mal y no había capacidad de pago; después se pasaron de rosca y, en vez de indexarlas a la inflación, las pusieron en cero, como una forma de generar una transferencia hacia el sector empresarial que alimentaba la inversión que te sacaba del pozo. Y, de hecho, en parte fue así como saliste: dándole mucha rentabilidad a las empresas. Eso lo perdiste en el tiempo, y es muy difícil que la puedas reproducir ahora: no tenés los recursos fiscales. La Argentina tiene que seguir ajustando, la pregunta es cómo hacer para crecer de manera de suavizar ese ajuste, aunque los programas de acá al futuro son de más ajuste, los dos gobiernos van a necesitar hacer ajustes adicionales.

¿Hay alguna forma de reducir el déficit sin ajustar?

—Sí, pero es muy improbable. Si vos tuvieras un boom de inversiones y crecieras a un 4 % o un 5 % el año que viene. El crecimiento genera más ingresos sin necesidad de ajustar el gasto, aunque es improbable porque apostar a eso y después fracasar implica que tengas que ajustar corriendo detrás en el segundo semestre. Hay niveles de ajuste, pero podrías ajustar menos si tuvieras una política más proactiva para generar crecimiento.

—¿Imaginás un gobierno de Alberto Fernández haciendo el ajuste?

—Sí, no lo van a hacer voluntariamente y con pasión, pero sí. Van a tener que mantener las políticas de ajuste de este Gobierno. Las retenciones, imagino que con un Gobierno albertista, van a quedar y supongo que la inflación bajará más lento, pero aun así creo que sí. Si se ignoran los márgenes, pueden entrar en un proceso que puede terminar en una crisis. Creer que tenés más margen del que verdaderamente tenés es riesgoso. 

“Macri fracasó”

Levy Yeyati habla sobre un equilibrio no cooperativo que impera en la Argentina: “Un país donde vos discutís estrategias de evasión con tus amigos en la sobremesa en el tercer tiempo después de un partido de fútbol, es mucho más fácil y, por lo tanto, más generalizado evadir”.

—¿Cómo se cambia este equilibrio no cooperativo? 

—En algún punto, tenés que dar el ejemplo; eso viene de arriba hacia abajo y tiene que ser un llamado a un esfuerzo colectivo, pero primero tiene que ir el referente, el líder.

—¿Macri ha hecho algo para cambiar el equilibrio?

—Lo intentó verbalmente, si bien la tarea es enorme. Cuando querés dar la imagen de que no tolerás la corrupción, cualquier cosa que esté asociada a la corrupción o los manejos pocos transparentes derrumba el equilibrio. Lo intentó, pero fracasó porque descuidó algunos aspectos que sí son importantes, fundamentalmente, el de conflictos de interés, pero también fracasó porque la tarea es muy difícil. No me parece que la Argentina culturalmente tolere menos la evasión que hace cuatro años. Tampoco creo que hoy la Argentina entienda al Estado de una forma muy distinta de la que lo entendía hace cuatro años. En la Argentina, la relación con el Estado está rota desde hace mucho tiempo. Hoy vos no pagás los impuestos pensando que eso te va a volver en términos de educación pública. Esa es una tarea pendiente.

«Macri fracasó porque descuidó algunos aspectos que sí son importantes, fundamentalmente, el de conflictos de interés»

Toma mucho café —entre ocho y diez por día— y lo llama su “nuevo cigarrillo”; invitaría a cenar al novelista británico Ian McEwan, se sacaría una selfie con Nelson Mandela, se quedaría a vivir en la novela El gran Meaulnes, de Alain Fournier, y su película preferida es Citizen Kane (Ciudadano Kane), de Orson Welles. 

Levy Yeyati, un terapeuta gradual

“El terapeuta shock es más macro, decide ignorar los efectos clínicos de sus medidas: la micro. El otro terapeuta trata de hacerlo gradual, pero no patearlo para adelante. No dice este año como es electoral no hacemos la reforma, no. Dice desde un principio vamos a hacer la reforma en tres años. Con las tarifas lo mismo, yo hubiera preferido que se hubiera dicho: este es el cronograma, vamos a esta subiendo las tarifas lentamente a lo largo de dos años. Esto te permitía, por un lado, avisar y, le permite a la gente proyectar. Además como fue tan errática la suba de tarifas, cada vez que las subías, la inflación se disparaba más allá de lo que podía hacer el Central. Con el cepo lo mismo; la decisión debía ser inmediata, pero la implementación gradual. Yo propuse levantar el cepo en un año, ir bajando el impuesto a la compra de dólares, gradualmente en doce meses; el día uno planteás todo el proceso, y ya está. El gradualismo es más un shock de anuncios, pero una implementación gradual, no es patear la pelota para adelante”. 

—¿Macri es un terapeuta gradual o de shock?

—Adoptó una estrategia de shock en algunos casos, por ejemplo, en la reducción de impuestos -—particularmente, retenciones— en el tema del cepo, y en el tema holdouts. En el tema del cepo y retenciones fue inmediato, tuvo un impacto similar en la recaudación y postergó las decisiones sobre grandes reformas, como la previsional, la laboral y la tributaria. La necesidad de no abordar de plano temas que eran políticamente costosos  —y que siguen siéndolo— se postergó, y eso no fue gradualismo, fue más una dominancia política. El tema de tarifas fue errático, y fue siguiendo las encuestas: si te iba mejor, acelerabas y si te iba peor, más cerca de las elecciones, bajabas la velocidad.

—¿Cómo hacés para que una reforma no sea entendida como una reducción de derechos?

—Lo primero que tenés que hacer es que la reforma tenga consenso tripartito: la lidera el Estado en conjunto con los sindicatos y los empresarios. Siempre cito el caso de Alemania o el de los países nórdicos, donde hay una negociación tripartita permanente. En Dinamarca, se logró que la duración del seguro de desempleo bajara de siete a dos años. ¿Por qué? Porque los dinamarqueses se sentaron en una mesa donde cada uno dijo lo que iba a poner. Ya sabemos lo que quiere todo empresario en todo país capitalista y la pregunta es: ¿Qué vas a dar a cambio? ¿Cómo se hace la reforma para que no parezca una imposición de los empresarios? Cómo se hace en otros países: sentás a los sindicatos y al Estado, le decís a los empresarios: “Vos querés flexibilidad de horas y menor costo de salida, bueno, cuánto pones para pagar el seguro de desempleo, cuánto pones para pagar la formación profesional y el reentrenamiento que hace que este tipo tenga una menor estabilidad laboral, pero mantenga su estabilidad de ingresos. En los países europeos, las empresas pagan la formación profesional y tenés seguros de desempleos muy ricos, digamos. Esa es una medida. En Alemania, tenés participación en las decisiones empresarias y en los aumentos de productividad. Es un modelo que se puede discutir en esa mesa. La pregunta cuando entrás en una negociación es qué es lo que pone cada uno. Porque pedir, piden todos. 

Al igual que Charles Dickens creó a Olvier Twist y a David Copperfield para poder soportar el sufrimiento de su propia infancia, y con su creatividad transmutó el sufrimiento en belleza y consiguió convertir el carbón en diamantes, Levy Yeyati sugiere el arte del acuerdo para convertir una negociación en un juego de suma positiva para todos porque dice estar convencido de que la única razón por la que se debe hacer una reforma laboral es para que el trabajo aumente.

«El gradualismo es más un shock de anuncios, pero una implementación gradual»

El lujo de comer queso

—La inflación de los últimos doce meses del precio de la leche fue del 82 %, del yogur firme del 108,7 % y del queso cremoso del 99 %. ¿El gobierno qué hace —o no hace— para bajar la inflación?

—Hay una respuesta fundamentalmente monetarista. Bajar la inflación está en manos del Banco Central, y lo intenta hacer con un programa monetario contractivo que afecta a la demanda. La política monetaria tradicional puede hacer algo para morigerar la inflación, pero difícilmente la baje porque la inflación viene dada por temas de costos, tarifas, dólar y cuestiones de inercia que también incrementan los costos; es poco lo que el Central puede hacer con la tasa de interés hoy.

—Si puede hacer poco, ¿por qué el Gobierno insiste con una política estrictamente monetarista? 

—Porque creen, a diferencia de lo que pienso yo, que pueden hacer más. No todos coincidimos. También hay en algunos sectores del Gobierno cierta resistencia a colaborar con el Banco Central mediante una política de contención de costos. Hay gente en el Gobierno que cree que debería moverse hacia algún nivel de coordinación de precios y salarios, al estilo de las políticas de ingreso que se usaron, entre otras cosas, en Nueva Zelanda en la época de la reforma neoliberal; sin embargo, en el núcleo del Gobierno no ven con buenos ojos esas políticas; alegan que fracasaron, cuando en realidad en la Argentina fracasaron en los ochenta y en los noventa, sobre todo en los ochenta, porque había un déficit crónico asociado a una deuda impagable. Hoy no tenemos un déficit de esa naturaleza ni tampoco el Banco Central está financiando al tesoro, entonces las políticas de coordinación de precios podrían tener éxito. 

“Hay gente que tiende a pensar que la estabilización es condición necesaria e, incluso, suficiente para crecer. Vos estabilizás la economía, bajás el déficit fiscal, hacés la deuda pagable, que el sector público tome la posta y crezca. Creen que primero hay que ajustar para crecer. Hay otros economistas, también respetables, que piensan que eso es condición necesaria, pero no suficiente y que si no crecés, nunca terminás de ajustar. Yo estoy más inclinado hacia el segundo grupo”, cuenta Eduardo Levy Yeyati. 

El impuesto al pensamiento crítico

“Soy invencible. ¡Miren! Nada me hace daño! ¡Soy Dios!”, decía Al Pacino en la última escena de Scarface mientras caía acribillado. Podemos decir que a los argentinos nos gusta alpacinearla, subestimamos, no respetamos al que discrepa y después presenciamos lo mal que se nos rajan los días, como los billetes breves y como los sueños: La Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región, casi dos de diez jóvenes están desempleados (19,3 %), la pobreza ronda el 32 % y la inflación acumula un 55,8 % en los últimos doce meses. Mientras tanto, Kicillof se le ríe en la cara a una mujer que le hace una pregunta sobre economía, y Cristina trata de soviético al Gobierno de Macri; Nielsen le dice ignorante a Kicillof y lo trata de marxista disfrazado de keynesiano;  y el Presidente le dice patotero al titular del sindicato bancario; Milei califica de camaleón a Asseff, mientras Espert le envía saludos por el día del amigo, y los argentinos mordemos el polvo amargo de la derrota mientras la economía se va, derechito, a la mierda. 

Más preocupado por la calidad de los argumentos que por las chicanas, un elemento clave que caracteriza a Levy Yeyati es su inconformidad: “El candidato de la oposición debe decir qué piensa hacer distinto porque criticar es muy fácil en un país que tiene muchos problemas. Y el Gobierno tiene que defender las cosas que hizo bien, pero sin eludir lo que son los déficits. Las campañas son bastante sucias en la Argentina, y hay un deterioro del debate político. Esperemos que el año que viene todo se calme y empecemos a hablar de política porque la verdad es que todavía nos quedan muchas cosas pendientes”. En tiempos radiactivos, donde persisten los gritos y las chicanas, Levy Yeyati es amable hasta cuando se enoja: “Deberíamos estar discutiendo más política que aspectos personales; no ganamos mucho con atacar a las personas. En todo caso, uno debería decir qué es lo que falta o criticar qué es lo que se hizo en términos de ciertas políticas”.

Solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede ser buen economista. Los gobiernos suelen desalentar el pensamiento crítico y encerrarse en ideas rígidas. Muchas veces, no buscan alternativas elegantes, sino dirigentes que sean soldados de la causa. Paul Krugman, quien ganó el premio Nobel de Economía y defiende abiertamente al partido Demócrata estadounidense desde sus columnas del New York Times, jamás fue llamado por Obama para ser ministro de Economía. Barack optó por dirigentes que no tuvieran mucho para decir, al igual que Macri. Y Levy Yeyati, al igual que Krugman, paga el impuesto al pensamiento crítico. Mientras tanto trabaja sobre una forma de escapar de la trampa del desarrollo que tiene la Argentina, escucha el álbum Piano Bar, de Charly García y le sugiere tanto a Macri y como a Fernández que despolaricen: “El desarrollo es un ejercicio de cooperación, si estamos en guerra no nos desarrollamos”. 

Levy Yeyati se autodenomina un judío agnóstico y piensa en la muerte todo el tiempo: “La angustia de la nada convive todo el tiempo conmigo. Por eso, gente como yo busca la trascendencia y le importa mucho la obra en vida porque saben que tenemos solo una chance”.

POR RAMIRO GAMBOA / SENDERO ELEGANTE

PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL: LUCÁS BAYLEY Y JUAN MANUEL CAFFERATA / SENDERO ELEGANTE

(*) Nota publicada el 25/07/2019 en El Economista

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