UNA NUEVA ESPERANZA PARA ISRAEL

POR NICOLÁS LUNA / SENDERO ELEGANTE

Israel celebró sus últimas elecciones en abril de este año. Sin embargo, el empate en la cantidad de bancas entre los dos principales partidos y la imposibilidad de formar una coalición mayoritaria impidieron la conformación de un gobierno. En lo que ya es un hecho que pasará a la historia, el parlamento israelí (Knesset, en hebreo) votó su disolución y convocó a nuevas elecciones que se celebrarán el 19 de septiembre. 

¿Cambiará algo entre abril y septiembre? ¿Puede evitarse que se repita la situación de los últimos comicios? Por el momento, ya se han cerrado las listas y solo resta esperar. Estas elecciones serán un dolor de cabeza para aquellos que obtuvieron buenos resultados en abril y una nueva esperanza para quienes no alcanzaron sus objetivos. 

En el ojo de la tormenta se encuentra Benjamín “Bibi” Netanyahu, actual primer ministro y líder del Likud. En las últimas semanas, Bibi se convirtió en el político que durante más tiempo ha ocupado el primer magisterio israelí. Durante sus gobiernos, Israel se ha desarrollado como una fuerza autónoma en el mundo, se ha afirmado como un país abierto a la innovación tecnológica y ha impulsado una política de seguridad, más o menos, exitosa. Sin embargo, su figura se ha erosionado. Los hechos de corrupción relacionados directamente a su familia le han costado apoyos y, más recientemente, sus alianzas con partidos religiosos han despertado conflictos con sus socios políticos. 

Afiche de campaña de Netanyahu. En hebreo se lee: “Fuerte en seguridad. Fuerte en Economía”

En este contexto, aparecieron dos figuras relevantes: Benny Gantz y Avigdor Liberman. Gantz es un ex jefe de Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, que en las elecciones de abril dio el salto a la política. Con una plataforma ambigua, pero centrada en su capacidad para solucionar los problemas de seguridad, Gantz buscó atraer el voto de una centroizquierda en retirada, sin desatender los reclamos de un electorado de derecha. Avigdor Liberman, en cambio, es una figura surgida del Likud, el partido de Netanyahu. Desde hace algunos años, Liberman encabeza un partido que cuenta con importantes apoyos en la masa de inmigrantes provenientes de la ex URSS. Él ha sido el principal responsable de la disolución de la última Knesset, no solo al negarse participar de un gobierno junto a los partidos religiosos, sino que también al reconocer que solo aceptaría un gobierno encabezado por Netanyahu, imposibilitando cualquier tipo de negociación. 

Una vez anunciada la convocatoria a nuevas elecciones, fue evidente que el principal perjudicado era Benny Gantz. Él, en menos de un año había formado un nuevo partido político, había captado el voto del tradicional Partido Laborista israelí y amenazaba con destronar a Netanyahu. Aunque las encuestas posicionan a su partido, Kahol Laván (Azul y Blanco, en hebreo), con resultados similares a los de abril, este depende de los resultados de eventuales socios. Si los partidos más cercanos a él no alcanzaran las suficientes bancas, es probable que no pueda formar una coalición de gobierno. Después de las elecciones de abril, uno de los partidos más perjudicados resultó ser el Partido Laborista (HaHavodá, en hebreo), el cual tiene una larga tradición en la política israelí. Los primeros líderes del Estado de Israel pertenecieron a este espacio y, durante casi 30 años, mantuvieron una hegemonía absoluta sobre la vida política del país. A pesar de esto, en abril protagonizaron el mayor tropezón en su historia: luego de haber liderado un frente con el que obtuvieron 24 escaños en 2015 -consolidándose como líderes de la oposición-, en abril de este año llegaron solo a un mínimo histórico 6 bancas. Como consecuencia de estos resultados marginales, el Laborismo entró rápidamente en un proceso de renovación de autoridades, desplazando a Avi Gabbay como líder de partido. Sus elecciones internas pusieron de manifiesto una clara grieta al interior de este espacio: jóvenes contra veteranos. A pesar de que no hubo sorpresas en la elección -con Amir Peretz como nuevo líder-, estas internas sirvieron para darle más protagonismo a dos figuras que se le enfrentaron: Stav Shaffir e Itzik Shmuli. Ambos son 30 años más jóvenes que el veterano Peretz, de 67 años, y se incorporaron al Laborismo luego de liderar una serie de protestas, en 2011, con reclamos similares al de los “Indignados”, en España, o “Occupy Wall Street”, en Estados Unidos.

Amir Peretz se hizo su lugar en el Partido Laborista luego de encabezar la Histadrut, la central obrera de Israel.

Peretz no es nadie nuevo en la política israelí y su elección no fue ninguna sorpresa, sin embargo, más de uno se asombró cuando anunció que el Laborismo participaría de una lista junto a Orly Levy-Abekasis, una figura menor de la política israelí que dio sus primeros pasos en el partido de Avigdor Liberman para luego formar un monobloque. Se especula que la alianza tiene como objetivo atraer a votantes descontentos con Netanyahu, mientras que también permite al partido de Levy-Abekasis ingresar en la Knesset, luego de que este último no superase el piso electoral, en abril. 

Quienes sí han sabido aprovechar el nuevo llamado a elecciones han sido los partidos árabes. Hoy existen cuatro partidos de mayoría árabe en Israel y cada uno representa una cara distinta de este grupo: los religiosos, los laicos, los nacionalistas y los anticapitalistas. En la última elección, se han presentado en dos frentes, lo que desincentivo a las comunidades árabe-israelíes de participar de los comicios. Como resultado, los partidos árabes tuvieron resultados casi marginales y se alcanzó un récord de baja participación de estas poblaciones, pasando del 64% de participación en el 2015 a 49% en 2019. De cara a septiembre, estos partidos han podido limar asperezas y han conformado la “Lista Árabe Unida”. De mejorar la asistencia a las urnas de los árabe-israelíes, esta lista podría obtener resultados nada despreciables. 

Quizás el actor más interesante de estas elecciones sea Ehud Barak, quien fuera el último primer ministro del Laborismo, antes de abandonar el partido. Además, Barak es actualmente el soldado más condecorado en la historia de Israel. Sus posturas sobre temas de seguridad le han ganado enemigos tanto dentro como fuera de Israel. Barak, quien no participaba de la política israelí desde fines de 2011, cuando abandonó el Partido Laborista,  realizó un sorpresivo retorno para las elecciones de septiembre. En pocos meses, organizó a sus adherentes y logró un acuerdo para presentarse junto al partido de izquierda Meretz, el cual ha sido un importante crítico de su último gobierno; para estos comicios, acordó participar junto al ex Primer Ministro. Meretz representa las posturas más laxas sobre problemas de seguridad y es uno de los partidos sionistas con más apoyos dentro de las comunidades árabes. Esta estrategia responde también a los magros resultados obtenidos en la última elección y al cambio en su dirigencia, ocurrido en las últimas semanas. Cómo frutilla del postre, Barak obtuvo el apoyo de Stav Shaffir, quien luego de perder las elecciones internas del Laborismo contra Peretz, abandonó el partido y aceptó un lugar en la lista. 

Ehud Barak fue primer ministro de Israel entre 1999 y 2001.

Quien genera una fuerte expectativa es Ayelet Shaked. La ex Likud encabezará una lista que se ubica a la derecha de la plataforma del actual primer ministroy que incorpora distintos elementos de esa línea ideológica, el sionismo religioso y los habitantes de los asentamientos. En abril pasado, estos grupos habían participado de forma separada, lo que provocó que Shaked no alcanzase el umbral de votos necesarios para obtener una banca. Luego de participar como asesora de Netanyahu, Shaked inició su participación en Hogar Judío (HaBait HaYehudi, en hebreo) un partido menor, pero con una fuerte impronta religiosa. Fue sorpresivo que la joven política israelí ganase las elecciones internas volviéndose una de las pocas figuras femeninas de relevancia dentro de los partidos religiosos. A partir de esto, Shaked llegó a ocupar el Ministerio de Justicia durante el último gobierno de Netanyahu. Hoy, ella es la cara de una derecha que sintetiza valores tanto religiosos como seculares, y con una marcada impronta sobre los problemas de seguridad. Algunas versiones especulan con que desde la oficina del primer ministro hay molestias ante el armado de Shaked por no incorporar partidos más radicales. Es probable que estos espacios, de participar en soledad, puedan restar alguna banca al Likud al momento de la distribución de asientos.

De izquierda a derecha: Ayelet Shaked, Naftali Bennet, Bezazel Smotrich y Rafi Peretz. Juntos son las cuatro figuras principales de la “nueva derecha” que la joven política encabeza.

De esta manera, queda dibujado el mapa político israelí. A la izquierda, a pesar de los intentos de algunos, no se ha podido organizar un único espacio. Al contrario, en la derecha se han llegado a consensos importantes para participar de los comicios. Quizás el más afectado por estos cambios sea Benny Gantz que pasó de tener una imagen de centroizquierda a terminar de posicionarse en el centro. Sin embargo, esto no es del todo negativo: Gantz podría servir de “pívot” entre la izquierda y la derecha y, con los acuerdos necesarios, podría desplazar a Netanyahu.

 

«A la izquierda, a pesar de los intentos de algunos, no se ha podido organizar un único espacio. Al contrario, en la derecha se han llegado a consensos importantes para participar de los comicios»

 

La periodista argentino-israelí Noga Tarnopolsky señala que el hecho de que Netanyahu haya fracasado en su último intento de formar gobierno es un síntoma de que el Likud tiene un desafío todavía mayor que en abril. No sólo aparecen contendientes a su derecha, sino que incluso dentro del Likud ya hay quienes desde abril buscan desplazar a Bibi. 

La mayor sorpresa ha sido Barak. Es el único actor que no estuvo presente en las elecciones de abril y seguro espera sacudir un poco las cosas. Un signo de esto es que, a pesar de encabezar el espacio, él mismo se ha relegado al décimo lugar en la lista de diputados para enviar un gesto -sobre todo al Laborismo- de su predisposición de formar un gran espacio de izquierda de cara a las próximas elecciones. Y aunque eso le sirvió para atraer a Stav Shaffir, no terminó de convencer a Itzik Shmuli, quien, a pesar de perder las internas contra Peretz, comunicó que no abandonará el partido. 

Al margen de mostrar una capacidad enorme para la negociación, el Laborismo probablemente se encamine a otro exabrupto. Parapetándose en sus votantes duros, Peretz confía que con esto alcanzará para garantizar la supervivencia del partido en medio de su reestructuración. 

En dialogó con el Miembro de la Knesset (mandato cumplido), Dr. Arieh Eldad,  afirmó que actualmente Netanyahu no cuenta con los suficientes apoyos para un gobierno de derecha. En este escenario, es probable que él busque conciliar un gobierno de unidad nacional junto a Benny Gantz.  Esto significaría un importante cambio de posturas del ex jefe de Estado Mayor, respecto a las elecciones de abril.

Avigdor Liberman, quien fue uno de los principales impulsores de las elecciones de septiembre, ha afirmado públicamente que él apoyará un gobierno de unidad nacional. Probablemente, busque forzar un gobierno de centroderecha encabezado por Gantz o bien Netanyahu, y sin la presencia de partidos religiosos. Esto podría representar un cambio en las posturas de los últimos gobiernos de cara a las personas seculares.

Parece que la campaña ha agotado tanto a los partidos como a la sociedad israelí. En contraste con las elecciones de abril, los próximos comicios no giran alrededor de la naturaleza secular del Estado o las denuncias penales contra Netanyahu. Pareciese que el pragmatismo y la realpolitik se ha apoderado de la discusión, y los esfuerzos se enfocan en avanzar en conversaciones de cara a una eventual coalición de gobierno. No debería sorprendernos que después de septiembre Israel tenga un gobierno formado por partidos disímiles. 

 

«Pareciese que el pragmatismo y la realpolitik se ha apoderado de la discusión, y los esfuerzos se enfocan en avanzar en conversaciones de cara a una eventual coalición de gobierno»

 

Ese país está frente a una oportunidad única. No debe haber muchas “segundas oportunidades” en el mundo de la política como la que allí se vive. Queda ver si los cinco meses que separan a ambas elecciones fueron suficientes para que los partidos reinventen sus campañas y actualicen sus mensajes  y, de esa manera, lograr la mayoría que Israel necesita para gobernar.

 

«No debe haber muchas “segundas oportunidades” en el mundo de la política como la que en Israel se vive»

 

 

POR NICOLÁS LUNA / SENDERO ELEGANTE

ARTE: ROCÍO BELÉN PERSICO

lunanicolas95

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